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El fisiólogo: Bestiario Medieval

Editorial Eudeba

Colección Los Fundamentales

1971

Traducción de Marino Ayerra Redín - Nilda Guglielmi

Tapa blanda, rústica con solapas

107 páginas

Introducción y notas de Nilda Guglielmi. Para la presente edición se utilizó Physiologus Latinus Versio Y; editado por Francis Carmody, University of California; volume 12, n°7, pp. 95-134. University of California Press. Berkeley and Los Angeles 1941

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes generales mínimos

 

 

✶ SINOPSIS:

Alejandría, en el siglo II d.C. era el centro en que florecía el antiguo saber tradicional. Allí pudo escribirse El fisiólogo, cuya versión inicial fue griega; su autor, desconocido. Remontándonos en la búsqueda de antecedentes de obras de naturaleza análoga, llegamos a Aristóteles y su Historia Animalium, a Heródoto y Plutarco, además de la tradición narrativa del mundo antiguo. Es precisamente esa tradición de cuentos de animales, centrada especialmente en la fauna egipcia, cocodrilo, ibis, mangosta, lo que localiza su origen en Alejandría. Su difusión es inmediata. Se conocen traducciones, totales o parciales, al armenio, siríaco, etíope y árabe. Las primeras versiones latinas aparecen en el siglo V, aunque el manuscrito más antiguo que se conserva es del siglo VIII. También pasó a formar parte, en forma completa o fragmentaria, de obras diversas. El fisiólogo y la tradición de bestiario ligada con él se da casi exclusivamente en ese largo período en que la ciencia se expresa como repetición de sabiduría tradicional, con muy escaso aporte de observación directa. Los conocimientos inmediatos debían trascender las cosas materiales, para llevar a la comprensión de las verdades eternas; tenían una significación por desentrañar y se convertían en símbolos. Las consideraciones alegóricas que acompañan al Fisiólogo corresponden a esa necesidad de captar el significado verdadero, trascendente, aquello que está más allá de la cosa misma. El interés inmediato por la naturaleza y el tratar de conocerla en sí y por sí comenzó con el renacimiento múltiple del siglo XII. La edición que presenta Eudeba está traducida del Physiologus Latinus, Versio Y. La obra se completa con numerosas ilustraciones. Nilda Guglielmi, estudiosa del mundo medieval, ha publicado numerosos trabajos en el país y en el extranjero.

 

✶ INDICE:

PRÓLOGO

1- El Fisiólogo.

2- Autor y versiones del fisiólogo

EL FISIÓLOGO

1- El león, rey de todos los animales

Del autolopo

De las piedras piróbolas

De la sierra marina

Del Charadrio

Del pelicano

Del búho

Del águila

Del ave fénix

Del epopo

Del onagro

De la víbora

De la serpiente

De la hormiga

De la sirena y el onocentauro

Del erizo

Del ibis

De la zorra

Del árbol ambidextro y las palomas

Del elefante

Del dorkón

De la piedra agata

De la piedra sóstoros y la perla

De la piedra diamante

De otra clase de onagro y del simio

De la piedra índica

De la garza, es decir la fúlica

Del sicomoro

De la pantera

Del cetáceo, esto es del aspidoquelonio

De la perdiz

Del buitre

Del mirmecoleón

De la comadreja

Del monocero

Del castor

De la hiena, esto es la fiera

Del niluo

Del equinemón

De la cornejilla

De la tórtola

De la golondrina

Del ciervo

De la rana

Del lagarto, o sea la salamandra

De la piedra imán

Del diamante

De las palomas

Del lagarto helíaco, es decir de la anguila del sol.

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA

 

XXI. DEL DORKÓN

Existe en las montañas un animal llamado en griego dorkón, y en latín caprea, es decir, cabra montés, corzo o gacela. Gusta de las altas cumbres, pero encuentra su alimento al pie de las montañas. Ve desde lejos a los que se le aproximan y conoce si van hacia él con dolosas o con benévolas intenciones.

El dorkón, o corzo, posee pues la sabiduría de Dios: ama a los profetas, es decir, las altas cumbres, a las cuales elevó sus ojos el profeta: Alcé mis ojos, dice, a los montes, de donde me llegará el socorro y Salomón, en el Cantar de los Cantares, dice del dorkón (o sea, de la cabra): He aquí que llega mi bien amado saltando sobre las montañas, brincando sobre las colinas. De la misma manera este dorkón salta sobre los profetas, brinca sobre las colinas (es decir, los apóstoles). La vista del dorkón es aguda, esto significa que el Salvador ve todo lo que se hace. Se llama Dios porque ve todo y desde lejos, y conoce a los que se acercan a él con dolo, como conoció a Judas, cuando se le aproximó para traicionarlo dándole un beso. Y está también escrito: El Señor conoce a los suyos; y Juan [dijo]: He ahí el Cordero de Dios, he ahí el que quita los pecados del mundo.

Dios, he ahí el que quita los pecados del mundo. El mar simboliza el mundo; los buceadores, que sacan del fondo del mar la perla, son el coro de los santos doctores; los pecadores, los que por su malicia la arrojan al fondo, son todos cuantos se contraponen a aquéllos; y en medio de las dos valvas, es decir, de las dos alas (hay que entender esto espiritualmente), está el Señor, nuestro Salvador (entre los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo), que recibe del Cielo su alimento. Pues dijo mi Señor: Mi reino no es de este mundo, sino de mi Padre sempiterno y de sus santos poderes. Bien dijo, pues, el Fisiólogo acerca del ágata y de la perla.

 

Imagen reproducida en esta edición

 

XV. DE LA SIRENA Y EL ONOCENTAURO

Ya lo había manifestado antes Isaías, diciendo: Vendrán sirenas y onocentauros y erizos contra Babilonia y la asolarán. El Fisiólogo trata la naturaleza de cada uno de ellos. Dice de las sirenas que son animales marinos mortíferos, que atraen con sus voces; que su parte superior, hasta el ombligo, presenta forma humana, y del ombligo para abajo, de volátil. Lo mismo dice de los onocentauros: del pecho para arriba, tienen aspecto humano y para abajo, asnal.

Así es también el varón de corazón engañoso, inconstante en todos sus caminos. Así son los actos del alma de los malos mercaderes; se congregan, sí, en el templo, pero pecan a escondidas. Teniendo (dice el apóstol) apariencia de piedad, niegan de hecho su virtud. En la iglesia las almas de algunos son como ovejas, pero en cuanto abandonan el templo, se tornan semejantes a los asnos. Y se parecerán a jumentos insensatos. Esas [criaturas], pues, ya sean sirenas u onocentauros, representan a nuestros enemigos.

 

Imagen reproducida en esta edición