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Misery: el riesgo de la fama

(Misery)

Stephen King

Editorial Emecé

Colección Grandes Novelistas

1988

Traducción de César Aira

Tapa blanda, rústica con solapas

329 páginas

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes en contratapa y pequeños detalles en lomo.

 

✶ CONTRATAPA:

Misery es quizá la más inteligente y sutil novela de Stephen King, una pesadilla que sólo él pudo soñar y contar.

Paul Sheldon, popular novelista, sufre un accidente en la ruta. Se encuentra de pronto en una casa de campo solitaria y desconocida, cuando lo despierta un intolerable dolor. Annie Wilkes, corpulenta ex enfermera, le ha salvado la vida. Pero Sheldon no tarda en descubrir que está en manos de una peligrosa demente con ideas propias sobre lo bueno y lo malo, a quien no le gusta, por ejemplo, que su personaje favorito, Misery Chastain, haya muerto en la última novela de Paul Sheldon.

Este nuevo libro de Stephen King encabezó la lista de best sellers de The New York Times y se mantuvo en ella durante más de siete meses.

 

✶ KING POR AIRA: 

Libros de Stephen King traducidos por César Aira:

- Christine (1983)

- Cementerio de animales (1984)

- Misery (1988)

 

César Aira

 

✶ CINE: 

Adaptación cinematográfica de la novela: Misery (1991), dirigida por Rob Reiner y protagonizada por James Caan y Kathy Bates, actuación que le valió el premio Oscar a mejor actriz.

 

Kathy Bates

 

✶ LA TRADUCCIÓN DE AIRA: 

Comienzo de Misery, de la traducción de César Aira:

 

ummmerunnooo
suammmiirrr adoorrr
anummm eruuunnnoooo

 

Estos sonidos: hasta en la bruma.

Pero a veces los sonidos, igual que el dolor, se desvanecían, y entonces quedaba sólo la bruma. Recordaba la oscuridad: antes de la niebla había habido una sólida oscuridad. ¿Sería la señal de que estaba mejorando? ¿Que se hiciera la luz, aun de la más brumosa variedad, y que la luz fuera buena, y todo lo demás? ¿Habían existido esos sonidos en la oscuridad? No sabía la respuesta de ninguna de esas preguntas. ¿Tenía sentido tratar de responderlas? Ni siquiera podía responder a esa pregunta.

El dolor estaba en cierto modo por debajo de los sonidos. El dolor estaba al este del sol y al sur de sus oídos. Eso era todo lo que sabía.

Durante un lapso que pareció muy largo, y lo era, ya que el dolor y la bruma tormentosa eran las únicas dos cosas que existían, esos sonidos fueron la única realidad exterior. No tenía idea de quién era o dónde estaba, y no le importaba. Deseaba estar muerto pero, en medio de la bruma empapada de dolor que llenaba su mente como una nube de lluvia en verano, no sabía que lo estaba deseando.

A medida que el tiempo pasaba, tomó conciencia de que había períodos de ausencia de dolor y notó que tenían una cualidad cíclica. Y por primera vez desde que abandonó esa tiniebla total que había prolongado a la bruma, tenía un pensamiento aparte de su incomprensible situación.

Se trataba de un recuerdo: el enorme fragmento de una viga que asomaba de la arena en la playa Revere. Su madre y su padre lo llevaban con frecuencia a la playa Revere cuando era chico, y él siempre insistía en que se instalaran en un sitio desde donde pudiera vigilar esa viga, a la que veía como el único colmillo visible de un monstruo enterrado. Le gustaba quedarse sentado y mirar cómo el agua subía hasta cubrir la viga. Horas más tarde, una vez terminados los sandwiches, la ensalada de papas y las últimas gotas de refresco del gran termo de su padre, cuando su madre decidía que era hora de guardar las cosas y volver a casa, la punta de la viga podrida volvía a ser visible: apenas un punto entre la marejada al principio, después más y más grande. Y, cuando todos los desechos estaban dentro del gran barril que decía MANTENGA LA PLAYA LIMPIA, los juguetes de playa de Paulie recolectados, me llamo Paulie soy Paulie y esta noche mamá me pondrá aceite Johnson dónde me quemé con el sol, pensó dentro de la nube tempestuosa en la que vivía ahora, y la lona plegada, la viga había reaparecido casi por completo, con su superficie oscura y pulida por el mar rodeada de espuma. Era la marea, había tratado de explicarle el padre, pero él sabía que era la viga. La marea iba y venía, la viga permanecía. Sólo que, a veces, uno no podía verla. Sin la viga, no había marea.

Este recuerdo giraba en círculos, enloquecedor, como una mosca obstinada. Trató de capturar su significado, pero durante mucho tiempo los sonidos lo interrumpían.

 

irraaaa
dorrrannnn ummmm
erunnnooo

 

A veces los sonidos se interrumpían. A veces él se interrumpía. Su primer recuerdo realmente claro de este ahora, este ahora fuera de la bruma tormentosa, era la sensación que tuvo de pronto de que simplemente no podía seguir respirando, y eso no le parecía nada mal, le parecía perfecto; podía soportar cierto grado de dolor, pero había límites, y se alegraba de abandonar el juego.

Entonces, sintió una boca pegada a la suya, una boca que era inconfundiblemente de mujer pese a la dureza y sequedad de los labios. El aliento de esa boca de mujer soplaba en su propia boca y le bajaba por la garganta hasta hinchar los pulmones, y cuando los labios se apartaron pudo oler por primera vez a su guardiana, la olió en el aliento que ella le había introducido por la fuerza tal como un hombre puede introducir por la fuerza una parte de sí en una mujer que no lo desea; ese olor era una horrible combinación de galletitas de vainilla, helado de chocolate, grasa de pollo y crema de maní.

Entonces oyó una voz chillando:

—“¡Respira, maldito seas! ¡Respira, Paul!”

 

Stephen King