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La Gravure: les procedes, le historie

(El grabado: los procedimientos, la historia)

Jean-Eugene Bersier

Editorial Berger-Levrault

1963

Texto en francés

409 páginas

Tapa dura (encuadernado)

Profusamente ilustrado (b/n)

Impreso en París (Francia)

 

✶ ESTADO: 9/10. Sin detalles.

Ejemplar prolijamente encuadernado, mantiene en interior la tapa y contratapa original.

 

✶ SINOPSIS: Prefacio de esta edición traducido al español

Escribir, después de tantos otros, una historia del grabado y de sus procedimientos podría parecer vano; sobre este gran tema quizá ya se dijo todo, y son muchos los eruditos, los historiadores, los esteticistas que se inclinaron sobre esos miles de estampas que nos legó el pasado. Siguen escrutando con paciencia, con piedad, las pruebas y las planchas de los maestros de antaño, y analizan con el mismo cuidado las obras de hoy; su saber desinteresado, consagrado por entero a la historia de nuestro arte, es el homenaje más hermoso que puede rendírsele; sin ellos no sabríamos nada, o casi nada, de nuestros predecesores.

Pero pocos artistas, deudores en primer término de la plancha de madera, de metal o de piedra, han intentado dar, al mismo tiempo que una mirada histórica del oficio, las razones por las que se consagraron de manera efectiva al manejo de la herramienta gracias a la cual transcriben la imagen que llevan dentro. Esas razones son, la mayoría de las veces, el culto que les inspiró uno u otro de nuestros grandes maestros, una de esas exaltaciones de las que la juventud no sale sino con el celo del neófito.

Es cierto que, muy a menudo, los grabadores, como los pintores, fueron anotando a medida que trabajaban recetas, ideas, consejos para sus alumnos o para sí mismos, pero la mayoría no consideraba más que sus propias experiencias, sus propias dificultades y sus propios logros. Entre los contemporáneos, ninguno de ellos, no hablo aquí de los eruditos para quienes el grabado fue un “violín de Ingres”, había publicado hasta entonces un estudio general sobre su arte. Ahora bien, en un librito cargado de sustancia, un grabador auténtico acaba de demostrar lo que un hombre de oficio y, más aún, un artista, puede aportar al estudio de la historia del grabado y de sus técnicas. Este pequeño libro rebosa de hallazgos que vuelven su lectura tan viva como uno podría desear; por todas partes se siente al artista presente, capaz de mostrar, herramienta en mano, las razones de sus críticas y de sus admiraciones; se lo ve, desde el comienzo, conmovido ante la hoja de papel blanco, de grano precioso, que vestirá de luz, poniendo todo su amor en describirnos esa superficie virgen donde se desarrollará el drama. El diálogo del negro y el blanco comienza así de un modo inédito, y la verdad del tono es tal que viviremos, de punta a punta, ese librito sin que jamás decaiga el interés.

Con un ejemplo así, intentaré poner mi ardor al servicio de esa misma causa.

Como no se trata de repetir una lección aprendida con esmero y sacar de ella únicamente algunas conclusiones personales, sino de aportar mi testimonio, es evidente que este tomará partido. Comparado con otros libros más ortodoxos, algunas desproporciones entre los párrafos sorprenderán sin duda a ciertos lectores, acostumbrados como están a los palmarés escolares. Así, el grabado de traducción o de reproducción, que contó entre sus filas a algunos de los técnicos más célebres y cuyas pruebas alcanzan hoy precios enormes, quedará en un segundo plano.

A nuestro juicio, el grabado libre, la estampa original, es el único digno de reinar en el primer rango de un arte que debe reflejar plenamente la personalidad de su autor, libre de toda coacción salvo la del oficio, subordinado a su carácter.

Del mismo modo, en comparación con las épocas anteriores, la que vivimos ocupará un lugar más importante; esa desproporción es, a nuestro entender, una fuente adicional de verdades eficaces, y por varias razones: la primera es que la floración de grabadores originales es verdaderamente excepcional, que no solo la estampa sino también el libro ilustrado ocupan en la vida moderna un lugar que no tuvieron nunca hasta ahora, y que el aficionado sin duda estará agradecido de encontrar las pocas indicaciones necesarias sobre las obras que están a su alcance y que reflejan su tiempo; la segunda razón es que nada vale tanto, para el testimonio que me importa, como la experiencia vivida, directa, el conocimiento profundo, no solo de la obra sino, sobre todo, del artista mismo y de las contingencias que compartimos con él. Los errores de juicio, las tomas de partido debidas a la falta de distancia no pueden, por otra parte, más que servir a la historia.

La tarea que me impondré será múltiple; en la primera parte del libro, después de definir la estampa y su papel a lo largo del tiempo, y tras algunos ensayos de terminología práctica, describiré las diversas técnicas del grabado tal como se practicaban y tal como se practican hoy, así como el modo en que el aficionado puede reconocerlas.

En la segunda parte, estudiaré en paralelo la historia de los grabadores, de sus obras y de sus procedimientos, que varían hasta el infinito y se amoldan al temperamento de sus autores.

Esta nueva edición, a nuestro parecer, debe incluir un inventario sucinto de lo que una estética bastante reciente ha sugerido al arte de la estampa, lo que se llama, por ejemplo, la abstracción, y que se expresa del modo más legible en la escritura del grabador. Así, el texto y la iconografía serán ampliados para satisfacer la verdad histórica.

No puede tratarse, en un libro como este, de describir la vida y la obra de todos los grabadores de cierto renombre; al menos hemos citado a la mayoría, encargando a los más grandes o a los más sabios, a los que dominaron su época o la inspiraron, que nos sirvan de testigos.

Son ellos quienes, a medida que avancen los capítulos escritos en su honor, construirán lo esencial del libro.

Que algo de la admiración, del amor que me inspiran nuestros maestros, se transparente en estas líneas, que algunos lectores se sientan tocados, que alguno llegue a amar a su vez, tal es mi deseo más querido.

Y es al aficionado a las estampas a quien dedico este libro, con la esperanza de que encuentre en él lo esencial de lo que hace falta para conocer, comparar, apreciar y, por fin, poseer, si ese es su deseo.

 

 

PRÉFACE

Écrire, après tant d’autres, une histoire de la gravure et de ses procédés pourrait sembler vain; sur ce grand sujet tout peut-être a été dit, et nombreux sont les érudits, les historiens, les esthéticiens qui se sont penchés sur ces milliers d’estampes que nous a léguées le passé. Ils continuent de scruter avec patience, avec piété, les épreuves et les planches des maîtres de jadis et analysent avec le même soin les œuvres d’aujourd’hui; leur science désintéressée vouée entièrement à l’histoire de notre art est le plus bel hommage qu’on puisse jamais rendre à ce dernier; sans eux nous ne saurions rien, ou presque, de nos devanciers.

Mais peu d’artistes, tributaires au premier chef de la planche de bois, de métal ou de pierre, ont tenté de donner, en même temps qu’un aperçu historique du métier, leurs raisons de s’être voués efficacement au maniement de l’outil grâce auquel ils transcrivent l’image qu’ils portent en eux. Ces raisons sont le plus souvent le culte que leur inspira l’un ou l’autre de nos grands maîtres, l’une de ces extases dont la jeunesse ne sort qu’avec le zèle du néophyte.

Certes, bien souvent les graveurs, comme les peintres, ont noté au fur et à mesure de leurs travaux des recettes, des pensées, des conseils à leurs élèves ou à eux-mêmes, mais la plupart n’envisageaient que leurs propres expériences, leurs propres difficultés et leurs propres réussites. Parmi les contemporains aucun d’eux, je ne parle pas ici des érudits pour qui la gravure fut un violon d’Ingres, n’avait jusqu’ici publié d’étude générale sur son art. Or dans un petit livre chargé de substance, un graveur authentique vient de démontrer ce qu’un homme de métier, et qui plus est, un artiste, peut apporter à l’étude de l’histoire de la gravure et de ses techniques. Ce petit ouvrage fourmille de trouvailles qui rendent sa lecture vivante à souhait; partout on sent l’artiste présent, capable de vous démontrer, outil en main, les raisons de ses critiques et de ses admirations; on le voit, dès l’abord, ému devant la feuille de papier blanc au grain précieux qu’il parera de lumière, mettant tout son amour à nous décrire cette surface vierge où se passera le drame. Le dialogue du noir et du blanc commence ainsi d’une façon inédite et la vérité de l’accent est telle que nous vivrons d’un bout à l’autre ce petit livre, sans que jamais faiblisse l’intérêt.

Fort d’un tel exemple, je tenterai de mettre mon ardeur au service de cette même cause.

Puisqu’il ne s’agit pas de répéter une leçon consciencieusement apprise et d’en tirer uniquement quelques conclusions personnelles, mais d’apporter mon témoignage, il est évident que celui-ci sera de parti. Comparé à d’autres ouvrages plus orthodoxes, quelques disproportions entre les paragraphes surprendront sans doute certains, habitués qu’ils sont aux palmarès scolaires. Ainsi la gravure de traduction ou de reproduction, qui eut pour elle parmi les plus célèbres techniciens et dont certaines épreuves atteignent aujourd’hui des prix énormes, ne passera qu’au second plan.

A nos yeux, la gravure libre, l’estampe originale est seule digne de régner au premier rang d’un art qui doit illustrer pleinement la personnalité de son auteur, libre de toute contrainte autre que celle du métier asservi à son caractère.

De même, comparativement aux époques précédentes, celle que nous vivons prendra une place plus importante; cette disproportion est à notre avis encore une source de vérités efficaces et cela pour plusieurs raisons : la première est que la floraison de graveurs originaux est tout à fait exceptionnelle, que non seulement l’estampe mais le livre illustré prennent une place dans la vie moderne qu’ils n’eurent jamais jusqu’ici, et que l’amateur sera sans doute bien aise de trouver les quelques indications nécessaires sur les œuvres qui sont à sa portée et qui illustrent son temps; la seconde raison est que rien ne vaut pour le témoignage qui m’est cher, l’expérience vécue, directe, la connaissance profonde, non seulement de l’œuvre mais surtout de l’artiste lui-même et des contingences que nous partageons avec lui. Les erreurs de jugement, les partis pris dus au manque de recul ne peuvent d’ailleurs que servir l’histoire.

La tâche que je m’imposerai sera multiple; dans la première partie de l’ouvrage, après avoir défini l’estampe et son rôle au cours du temps, après quelques essais de terminologie pratique, je décrirai les diverses techniques de la gravure telles qu’elles se pratiquaient, telles qu’elles se pratiquent de nos jours, ainsi que la manière pour l’amateur de les reconnaître.

Dans la seconde partie, j’étudierai parallèlement l’histoire des graveurs, de leurs œuvres et de leurs procédés, ceux-ci variant à l’infini et se modelant au tempérament de leurs auteurs.

Cette édition nouvelle nous paraît devoir comporter un inventaire succinct de ce qu’une esthétique assez récente a suggéré à l’art de l’estampe, ce que l’on nomme l’abstraction par exemple, s’exprime de la manière la plus lisible dans l’écriture du graveur. Ainsi le texte et l’iconographie seront-ils augmentés pour satisfaire la vérité historique.

Il ne saurait être question dans un ouvrage comme celui-ci de décrire la vie et l’œuvre de tous les graveurs de quelque renom; nous avons au moins cité la plupart d’entre eux, chargeant les plus grands ou les plus savants, ceux qui dominèrent leur temps ou l’inspirèrent, de nous servir de témoins.

Ce sont eux qui, au fur et à mesure des chapitres écrits en leur honneur, bâtiront l’essentiel de l’ouvrage.

Qu’un peu de l’admiration, de l’amour que m’inspirent nos maîtres transparaissent dans ces lignes, que quelques lecteurs en soient touchés, que l’un ou l’autre en vienne à aimer à son tour, tel est mon vœu le plus cher.

Et c’est à l’amateur d’estampes que je dédie ce livre, espérant qu’il y trouvera l’essentiel de ce qu’il faut pour connaître, comparer, apprécier et posséder enfin, si tel est son désir.

 

Claude Joseph Vernet - La playa de la gran torre. Reproducido en esta edición

 

✶ INDICE: En francés y traducido al español

Prefacio

Introducción. El grabado y la estampa.

Frontispicio

Primera parte

Los procedimientos

Capítulo I

El grabado en relieve sobre madera y sobre metal. Madera a fibra, madera de testa.

La impresión. El camaïeu. El grabado en madera en color. El grabado a la manera japonesa.

El grabado sobre metal. El criblé. Otros procedimientos.

Capítulo II

El grabado en hueco. La calcografía. El buril. El aguafuerte.

La punta seca. La manera negra. El punteado. A la manera de lápiz.

El barniz blando. El lavado y la aguatinta. Grabado al azufre, al azúcar, a la sal.

Aguatinta en color y monotipo.

Capítulo III

El taller del grabador. La imprenta. El papel. Las tintas. La prensa.

La tirada. Cómo reconocer una talla dulce. Vocabulario.

Capítulo IV

La litografía. El papel de transferencia. La autografía. El grabado sobre piedra.

Los clichés sobre vidrio. Otros procedimientos.

Capítulo V

El papel. La tinta. Conclusión.

Segunda parte

La historia

Capítulo VI

Los incunables. Los primeros grabados en relieve. Los clichés sobre metal. Las xilografías.

Las razones del advenimiento del grabado. Las impresiones tabellaires. Los naipes.

Los criblés. Incertidumbre sobre los lugares de origen del grabado. El estilo del grabado en madera.

Capítulo VII

Los viejos maestros de la madera. Martin Schoengauer. La talla dulce en Florencia. Mantegna.

Albert Dürer, sus émulos, sus alumnos. La decadencia del grabado alemán.

Capítulo VIII

En los Países Bajos: Lucas de Leyde.

En Italia: Robetta, Marc-Antoine y el grabado de reproducción, Campagnola, el Parmesan, el aguafuerte y el claroscuro.

Los Aldes y el libro en Venecia.

El libro en Francia: Simon Vostre, Pierre le Rouge, Pigouchet y otros, Geoffroy Tory, Jean Duvet.

Las últimas imágenes.

Capítulo IX

El advenimiento del academicismo.

Los practicantes flamencos: Goltzius, el taller de Rubens, Van Dyck.

Los burilistas holandeses.

Jacques Callot y su escuela: Abraham Bosse, Claude Mellan, Jean Morin, etc.

Nanteuil y el estilo del Gran Siglo: los Edelinck, Audran, etc.

Capítulo X

El advenimiento del aguafuerte libre.

Los sucesores del Parmesan. Ribera.

El papel esencial de Holanda. Hercule Seghers. Rembrandt. Van Ostade.

Los paisajistas y los animalistas holandeses.

Los grabadores franceses. Claude Lorrain. Italia y Castiglione.

Capítulo XI

Los grabadores de Watteau. Boucher. Los Cochin y sus émulos. Moreau le Jeune.

El libro en el siglo XVIII. El grabado libre de los pintores. Fragonard. Gabriel de Saint-Aubin.

La manera de lápiz. La aguatinta. Debucourt.

En Italia: Canaletto. Los Tiepolo. Piranèse.

En Inglaterra: la manera negra, los grabadores de Reynolds. Bartolozzi. Hogarth.

Capítulo XII

La estampa japonesa.

Capítulo XIII

El buril. Béric. Hénrici. F. Gaillard. Goya y el espíritu nuevo.

El aguafuerte en Francia. Meryon. La Sociedad de los Aguafortistas. Bracquemond. Los impresionistas.

Seymour Haden y el aguafuerte en Inglaterra. En el extranjero.

La madera de testa. La madera. Gustave Doré y el grabado en madera de tono. Lepère y su revolución. La madera moderna.

Capítulo XIV

La litografía.

Capítulo XV

El grabado contemporáneo. El cobre. La madera. La piedra. Los Salones.

Reflexiones sobre la evolución actual de un cierto grabado hacia lo “informal”, o lo que se llama el arte abstracto.

Conclusión.

Posfacio

Notas

Talleres, sociedades, impresores, editores y marchantes de estampas.

Definición del grabado original.

Bibliografía

Índice de nombres de grabadores citados.

Tabla de ilustraciones

Tabla de materias

 

Préface

Introduction. La Gravure et l’Estampe.

Frontispice

Première partie

Les procédés

Chapitre premier

La gravure en relief sur bois et sur métal. Le bois de fil, le bois de bout.

L’impression. Le camaïeu. La gravure sur bois en couleur. La gravure à la manière

japonaise.

La gravure sur métal. Le criblé. Autres procédés.

Chapitre II

La gravure en creux. La chalcographie. Le burin. L’eau-forte.

La pointe sèche. La manière noire. Le pointillé. À la manière de crayon.

Le vernis mou. Le lavis et l’aquatinte. Gravure au soufre, au sucre, au sel.

Aquatinte en couleur et monotype.

Chapitre III

L’atelier du graveur. L’imprimerie. Le papier. Les encres. La presse.

Le tirage. Manière de reconnaître une taille-douce. Vocabulaire.

Chapitre IV

La lithographie. Le papier report. L’autographie. La gravure sur pierre.

Les clichés sur verre. Autres procédés.

Chapitre V

Le papier. L’encre. Conclusion.

Deuxième partie

L’histoire

Chapitre VI

Les incunables. Les premières gravures en relief. Les clichés sur métal. Les xylographies.

Les raisons de l’avènement de la gravure. Les impressions tabellaires. Les jeux de cartes.

Les criblés. Incertitude sur les lieux d’origine de la gravure. Le style de la gravure sur bois.

Chapitre VII

Les vieux maîtres du bois. Martin Schoengauer. La taille-douce à Florence. Mantegna.

Albert Dürer, ses émules, ses élèves. La décadence de la gravure allemande.

Chapitre VIII

Dans les Pays-Bas: Lucas de Leyde.

En Italie: Robetta, Marc-Antoine et la gravure de reproduction, Campagnola, le Parmesan,

l’eau-forte et le clair-obscur.

Les Aldes et le livre à Venise.

Le livre en France: Simon Vostre, Pierre le Rouge, Pigouchet et d’autres, Geoffroy Tory,

Jean Duvet.

Les dernières images.

Chapitre IX

L’avènement de l’académisme.

Les praticiens flamands: Goltzius, l’atelier de Rubens, Van Dyck.

Les burinistes hollandais.

Jacques Callot et son école: Abraham Bosse, Claude Mellan, Jean Morin, etc.

Nanteuil et le style du grand siècle: Les Edelinck, Audran, etc.

Chapitre X

L’avènement de l’eau-forte libre.

Les successeurs du Parmesan. Ribera.

Le rôle essentiel de la Hollande. Hercule Seghers. Rembrandt. Van Ostade.

Les paysagistes et les animaliers hollandais.

Les graveurs français. Claude Lorrain. L’Italie et Castiglione.

Chapitre XI

Les graveurs de Watteau. Boucher. Les Cochin et leurs émules. Moreau le Jeune.

Le livre au XVIIIe siècle. La gravure libre des peintres. Fragonard. Gabriel de Saint-Aubin.

La manière de crayon. L’aquatinte. Debucourt.

En Italie: Canaletto. Les Tiepolo. Piranèse.

En Angleterre: la manière noire, les graveurs de Reynolds. Bartolozzi. Hogarth.

Chapitre XII

L’estampe japonaise.

Chapitre XIII

Le burin. Béric. Hénrici. F. Gaillard. Goya et l’esprit nouveau.

L’eau-forte en France. Meryon. La Société des Aquafortistes. Bracquemond. Les

impressionistes.

Seymour Haden et l’eau-forte en Angleterre. À l’étranger.

Le bois de bout. Le bois. Gustave Doré et le bois de teinte. Lepère et sa révolution. Le bois

moderne.

Chapitre XIV

La lithographie.

Chapitre XV

La gravure contemporaine. Le cuivre. Le bois. La pierre. Les Salons.

Réflexions sur l’actuelle évolution d’une certaine Gravure vers « l’informel » ou ce que l’on

nomme l’Art abstrait.

Conclusion.

Post-face

Notes

Les ateliers, sociétés, imprimeurs, éditeurs et marchands d’estampes.

Définition de la gravure originale.

Bibliographie

Index des noms de Graveurs cités.

Table des illustrations

Table des matières

 

 

Durero - Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Reproducido en esta edición