| 1 cuota de $16.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $16.000,00 |
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| 12 cuotas de $2.317,47 | Total $27.809,60 |
Fuegia
Eduardo Belgrano Rawson
Editorial La Nación - Planeta
Colección Biblioteca Argentina
2001
Tapa dura
187 páginas
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Sin detalles.
✶ SINOPSIS:
Fuegia es una novela de Eduardo Belgrano Rawson que se instala en la Tierra del Fuego de fines del siglo XIX, cuando la isla empieza a ser reordenada por misiones religiosas, estancias, expediciones, barcos, alambrados, y por una violencia muchas veces presentada como “progreso”. La historia avanza entre costas, bosques, playas, canales y campamentos, y hace del paisaje fueguino algo más que un fondo, lo vuelve una fuerza que condiciona los cuerpos, el tiempo y las decisiones.
En ese territorio, Belgrano Rawson arma una trama que sigue el choque entre mundos, y el modo en que ese choque va desarmando una forma de vida. La novela se concentra en el proceso de aculturación de los pueblos canoeros, con la misión como espacio de “civilización” y de disciplina, y con el avance de los grandes intereses económicos como otro frente de presión. La imposición de hábitos, vestimenta, alimentación, trabajo y moral se muestra en lo cotidiano, y termina por dibujar un horizonte de etnocidio, en el que las transformaciones “pacíficas” y las violencias abiertas conviven.
Esa dimensión histórica aparece trabajada desde la ficción, con un cuidado notable por la verosimilitud material. El propio Belgrano Rawson contó que, antes de escribir, buscó experimentar la isla como la atravesarían sus personajes, cruzándola a pie y a caballo para entender el frío, la leña mojada, el dormir en la playa, el mar, la fauna, y esa suma de sensaciones que sostienen la credibilidad de un mundo narrado.
Fuegia funciona como una novela de frontera, en el sentido más concreto, una frontera geográfica y climática, pero también una frontera cultural y moral. Lo que queda en el centro no es la aventura como espectáculo, sino la pregunta por los costos humanos de una ocupación, por la fragilidad de las vidas expuestas a una maquinaria que avanza con discursos de orden, de fe o de administración, y por la memoria de quienes quedaron del lado que la historia oficial suele dejar en silencio.
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✶ EXTRA: Sobre Yokcushlu (Fuegia Basket)
Yokcushlu, más conocida por el nombre inglés Fuegia Basket, fue una niña fueguina tomada como rehén por el capitán Robert FitzRoy en 1830, durante el primer viaje del HMS Beagle por los canales de Tierra del Fuego. Todo empezó con un episodio concreto y bastante brutal, el robo de una pequeña embarcación de apoyo que el Beagle usaba para explorar los pasos angostos. FitzRoy reaccionó capturando rehenes con la idea de canjearlos por el bote. La mayoría logró escapar, pero quedaron tres chicos. Yokcushlu fue una de ellos.
En el barco le dieron el apodo de Fuegia Basket por una escena que parece salida de un cuaderno de campaña: tras el robo, parte de la tripulación tuvo que improvisar una especie de “bote canasto”, un artilugio precario, para poder volver hasta el Beagle. Ese detalle práctico, casi de emergencia, terminó convirtiéndose en nombre propio.
FitzRoy, en lugar de devolverla de inmediato, decidió retenerla y “educarla”. Después capturó también a otros fueguinos, entre ellos Elleparu (rebautizado York Minster) y Orundellico (rebautizado Jemmy Button), además de Boat Memory, que moriría poco después. Con ese grupo armó un plan ambicioso y muy típico del siglo XIX: llevarlos a Inglaterra, enseñarles inglés y “religión”, y luego devolverlos para que funcionaran como intérpretes y ejemplo para su gente.
El tramo inglés fue, para Yokcushlu, una cadena de situaciones extremas. En el viaje fueron vacunados contra la viruela en Montevideo. Ya en Inglaterra, Boat Memory murió en un hospital naval, y Yokcushlu pasó por el miedo, el encierro sanitario y la exposición a enfermedades con la idea de “inmunizar”. Después vinieron los meses de escolarización y vida supervisada. Con el tiempo, FitzRoy la mostró en círculos selectos, llegaron incluso a ser recibidos por figuras de la corte.
En 1831 FitzRoy resolvió que era hora de devolver a los sobrevivientes, y Yokcushlu embarcó otra vez rumbo al sur. En el camino aprendió y practicó lenguas con una facilidad que varios testigos remarcaron: inglés, y también español y portugués durante escalas prolongadas en Sudamérica.
El regreso a Tierra del Fuego no cerró nada, más bien abrió otra etapa de incertidumbre. El Beagle intentó instalar una experiencia misionera mínima, pero el proyecto duró poco. El clima, los riesgos y la tensión constante hicieron que FitzRoy terminara retirando al misionero que lo acompañaba. Yokcushlu y Elleparu, además, no pudieron ser devueltos exactamente a su región de origen, y el grupo quedó desplazado, moviéndose entre territorios y conflictos. En una de esas transiciones, Orundellico fue despojado de su ropa y bienes y abandonado; Yokcushlu y Elleparu siguieron viaje.
A partir de ahí, lo que se sabe aparece por retazos, como suele pasar cuando la historia queda escrita desde barcos que pasan y anotan. Elleparu murió más tarde, en un episodio de violencia, y Yokcushlu continuó su vida en el archipiélago. Fue reconocida por tripulaciones de distintos barcos en la década de 1840, incluso por un saludo en inglés que se volvió célebre por lo improbable: “How do? I have been to Plymouth and London”. Darwin, al leer noticias de esos encuentros, dejó una nota cargada de inquietud por su destino.
Décadas después, en 1873, Yokcushlu reapareció en un registro más estable: visitó durante algunos días la misión de Ushuaia, conversó con el misionero Thomas Bridges y recordó episodios del Beagle y de Londres, aunque ya había perdido parte del inglés. Bridges la volvió a ver en 1883, cuando la encontró frágil y triste, cerca del final de su vida.
Fuegia Basket en el año 1833
