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La piedra lunar (2 tomos)

(The Moonstone)

William Wilkie Collins

Editorial Hyspamerica

Biblioteca Personal Jorge Luis Borges N° 6/7

1985

Traducción de Horacio Laurora

Tapa dura

728 páginas

Prólogo de Jorge Luis Borges

Impreso en Madrid (España)

 

✶ ESTADO: 9/10. Muy buen estado.

Desgastes y detalles menores en la encuadernación, sobre todo en el lomo.

 

✶ PRÓLOGO DE JORGE LUIS BORGES:

La piedra lunar (The Moonstone), publicada en 1868, apareció primero por entregas en la revista All the Year Round, dirigida por Charles Dickens, entre enero y agosto de ese año, y poco después salió en forma de libro en Londres.

La novela suele ubicarse dentro de la llamada “sensation novel” victoriana, pero también ocupa un lugar central en el nacimiento de la narrativa policial inglesa, con frecuencia se la considera una de las primeras y más influyentes novelas detectivescas en lengua inglesa.

Wilkie Collins construyó la obra a partir de un recurso narrativo que sigue resultando llamativo, la historia no está contada por un narrador único, sino mediante una serie de testimonios, cartas y recuerdos de distintos personajes. Cada uno aporta su propia versión de los hechos, con información parcial, silencios y malentendidos. Esa estructura múltiple no solo organiza el relato, sino que forma parte del propio enigma, porque la verdad surge lentamente del contraste entre esas voces.

La novela comienza con la historia de un célebre diamante amarillo, robado siglos atrás en la India y llevado a Inglaterra. La piedra termina en manos de Rachel Verinder como regalo de cumpleaños, pero en la misma noche de la celebración desaparece misteriosamente de su habitación. A partir de ese robo en una casa de campo inglesa, Collins despliega una trama en la que se mezclan sospechas, secretos familiares, herencias, tensiones sociales y la sombra del pasado colonial.

Más allá del misterio policial, La piedra lunar es también una historia sobre las consecuencias de un acto de violencia ocurrido mucho tiempo antes. El diamante robado altera la vida tranquila de una familia inglesa, pero al mismo tiempo trae consigo la huella de un pasado ligado al saqueo colonial. Esa doble dimensión, relato detectivesco y reflexión indirecta sobre el imperio y sus efectos, es una de las razones por las que la novela sigue ocupando un lugar importante en la historia de la literatura del siglo XIX y del género policial.

 

✶ EXTRA:

En 1841, un pobre hombre de genio, cuya obra escrita es tal vez inferior a la vasta influencia ejercida por ella en las diversas literaturas del mundo, Edgar Allan Poe, publicó en Philadelphia Los crímenes de la Rue Morgue, el primer cuento policial que registra la historia. Este relato fija las leyes esenciales del género, el crimen enigmático y, a primera vista, insoluble, el investigador sedentario que lo descifra por medio de la imaginación y de la lógica, el caso referido por un amigo impersonal y, un tanto borroso, del investigador. El investigador se llamaba Auguste Dupin, con el tiempo se llamaría Sherlock Holmes... Veintitantos años después aparecen El caso Lerouge, del francés Emile Gaboriau, y La dama de blanco y La piedra lunar, del inglés Wilkie Collins. Estas dos últimas novelas merecen mucho más que una respetuosa mención histórica, Chesterton las ha juzgado superiores a los más afortunados ejemplos de la escuela contemporánea. Swinburne, que apasionadamente renovaría la música del idioma inglés, afirmó que La piedra lunar es una obra maestra, Fitzgerald, insigne traductor, y casi inventor, de Omar Khayyam, prefirió La dama de blanco a las obras de Fielding y de Jane Austen.

Wilkie Collins, maestro de la vicisitud de la trama, de la patética zozobra y de los desenlaces imprevisibles, pone en boca de los diversos protagonistas la sucesiva narración de la fábula. Este procedimiento, que permite el contraste dramático y no pocas veces satírico de los puntos de vista, deriva, quizá, de las novelas epistolares del siglo dieciocho y proyecta su influjo en el famoso poema de Browning El anillo y el libro, donde diez personajes narran uno tras otro la misma historia, cuyos hechos no cambian, pero sí la interpretación. Cabe recordar asimismo ciertos experimentos de Faulkner y del lejano Akutagawa, que tradujo, dicho sea de paso, a Browning.

La piedra lunar no sólo es inolvidable por su argumento, también lo es por sus vívidos y humanos protagonistas, Betteredge, el respetuoso y repetidor lector de Robinson Crusoe; Ablewhite, el filántropo; Rosanna Spearman, deforme y enamorada; Miss Clack, «la bruja metodista»; Cuff, el primer detective de la literatura británica.

El poeta T. S. Eliot ha declarado: «No hay novelista de nuestro tiempo que no pueda aprender algo de Collins sobre el arte de interesar al lector; mientras perdure la novela, deberán explorarse de tiempo en tiempo las posibilidades del melodrama. La novela de aventuras contemporánea se repite peligrosamente, en el primer capítulo el consabido mayordomo descubre el consabido crimen; en el último, el criminal es descubierto por el consabido detective, después de haberlo ya descubierto el consabido lector. Los recursos de Wilkie Collins son, por contraste, inagotables». La verdad es que el género policial se presta menos a la novela que al cuento breve, Chesterton y Poe, su inventor, prefirieron siempre el segundo. Collins, para que sus personajes no fueran piezas de un mero juego o mecanismo, los mostró humanos y creíbles.

Hijo mayor del paisajista William Collins, el escritor nació en Londres, en 1824, murió en 1889. Su obra es múltiple, sus argumentos son a la vez complicados y claros, nunca morosos y confusos. Fue abogado, opiómano, actor y amigo íntimo de Dickens, con el cual colaboró alguna vez.

El curioso lector puede consultar la biografía de Ellis, Wilkie Collins, 1931, los epistolarios de Dickens y los estudios de Eliot y de Swinburne.