Obras escogidas de Ventura de la Vega (2 tomos)
Buenaventura José María de la Vega y Cárdenas
Montaner y Simón Editores
1894
Tapa dura
714 páginas
Edición ilustrada
Impreso en Barcelona (España)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Ambos tomos se encuentran en excelente estado, con desgastes mínimos en la encuadernación por paso del tiempo.
✶ SINOPSIS:
Ventura de la Vega, cuyo nombre completo fue Buenaventura José María de la Vega y Cárdenas, nació en Buenos Aires en 1807 y murió en Madrid en 1865. Fue poeta, dramaturgo, traductor y hombre de teatro. Aunque nació en el Río de la Plata, su formación y su carrera literaria transcurrieron en España, adonde fue enviado siendo niño, en un contexto todavía marcado por la crisis del orden colonial y por las guerras de independencia. Allí estudió con Alberto Lista y se vinculó con el ambiente intelectual madrileño, primero en círculos juveniles liberales y luego en una vida pública cada vez más integrada a la cultura oficial española. Fue miembro de la Real Academia Española, director del Teatro Español y profesor de Isabel II. Su trayectoria lo convirtió en una figura central del teatro español del siglo XIX, aunque su origen porteño hizo que también quedara incorporado, de manera lateral pero persistente, a la historia literaria argentina.
En poesía, Ventura de la Vega cultivó sobre todo una lírica de tono elegante y circunstancial, muy marcada por el clasicismo moderado aprendido en su juventud. Sus versos circularon en libros como Rimas americanas y, ya póstumamente o en recopilaciones posteriores, en Obras poéticas y Poesías líricas. Esa producción no suele ser leída hoy como la zona más innovadora de su obra, pero sí como un testimonio claro de su sensibilidad literaria, siempre inclinada a la corrección formal, al equilibrio y a una cierta contención retórica. En teatro, en cambio, su nombre tuvo un peso mucho mayor. Se lo considera uno de los grandes continuadores de la comedia de salón y del teatro de costumbres, en una línea que viene de Moratín y dialoga con Bretón de los Herreros. Entre sus piezas más recordadas está El hombre de mundo, de 1845, comedia que suele señalarse como una de sus obras más representativas. También fue un traductor muy activo de teatro francés, con numerosas versiones de piezas contemporáneas, lo que muestra hasta qué punto participó en la renovación de la escena española a través de la traducción y la adaptación.
Ventura de la Vega fue una figura situada entre el neoclasicismo tardío y el romanticismo moderado, no un autor de ruptura, sino un escritor de oficio sólido, de gran presencia en la vida teatral de su tiempo.
✶ INDICE:
- Elogio fúnebre del Excmo. Sr. D. Ventura de la Vega, de la Real Academia Española, leído en la Junta del jueves 23 de febrero de 1866 por el general Pezuela, conde de Cheste.
TOMO I
PARTE DRMÁTICA
- El hombre de mundo, comedia.
- Don Fernando el de Antequera, drama.
- La muerte de César, tragedia.
- La crítica de «El Sí de las Niñas,» comedia.
- Fantasía dramática para el aniversario de Lope de Vega.
- La tumba salvada, loa.
PARTE LÍRICA
A don Alberto Lista en sus días.
Al rey don Fernando VII en su vuelta á Madrid, después de pacificar la Cataluña.
Cantata epitalámica.
Imitación de los Salmos.
El canto de la Esposa.
Villancicos que se cantaron en palacio la Nochebuena de 1844.
A mis amigos. Al Excmo. Sr. duque de Frías. A la reina doña María Cristina, en sus días.
A la misma, en la jura de la Constitución.
A la misma, visitando el Liceo Artístico y Literario de Madrid.
A don Mariano Roca de Togores.
Orillas del Pusa.
La agitación.
A don José Amador de los Ríos.
Al Excmo. Sr. conde de San Luis.
Al Excmo. Sr. marqués de Molins.
La paz: al nacimiento del príncipe imperial de Francia.
A la Excma. señora condesa del Montijo.
La guerra de África.
Al Excmo. Sr. don Tomás de Corral.
Respuesta á una carta.
Al general Castaños, soneto.
A la toma de Tetuán, soneto.
Entre tierra y cielo.
Despedida á un amigo.
La cita.
Versos recitados en el teatro del Príncipe en una función de aniversario de Cervantes.
A Lope de Vega.
Barcarola cantada en la fiesta que dió S. M. en su Real Casino el 24 de julio de 1846, en celebridad de los días de su augusta madre doña María Cristina de Borbón
Por encargo de una novia para su novio.
En el album de Carmen Agra:
- de Sofía Carondelet.
- de la duquesa de F. de Julia Dupuy.
- de Ana Segovia.
- de la condesa de Fuenrubia.
- de Carmen Goyeneche.
- de la marquesa de Portugalete.
- de Blanca Rosa de Osma. de una desconocida.
- de Matilde Lamarca.
- de Genoveva Samaniego.
- de Teresa Coll.
- de Carmen Coll.
- de Rosa Vallarino.
- de ***.
- de ***.
TOMO II
- Llueven bofetones, comedia en dos actos, arreglada al español.
- A muerte ó á vida ó la escuela de las coquetas, comedia en tres actos, arreglada al español.
- Bruno el tejedor, comedia en dos actos, arreglada al español.
- El tío Tararira, comedia en un acto, arreglada al español.
- La sociedad de los trece, pieza cómica en un acto, arreglada al español. - - Quiero ser cómico, apropósito dramático.
- El gastrónomo sin dinero, ó un día en Vista Alegre, comedia en un acto, arreglada al español.
- Una boda improvisada, comedia en un acto, arreglada al español.
- Amor de madre, drama en dos actos, arreglado al español.
- La familia improvisada, juguete cómico en un acto, arreglado al español. - El testamento, drama en un acto, traducido del francés.
- El héroe por fuerza, drama cómico en tres actos, arreglado al español.
- Otra casa con dos puertas, comedia en tres actos, arreglada al español.
- La mujer de un artista, comedia en dos actos.
Imagen/viñeta reproducida en esta edición
✶ EXTRA: ELOGIO FÚNEBRE DEL EXCMO. SR. D. VENTURA DE LA VEGA DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA EÍDO EN LA JUNTA DEL JUEVES 23 DE FEBRERO DE 1866 POR EL GENERAL PEZUELA, CONDE DE CHESTE (Fragmento)
Cumpliendo con el deber, honroso y grato para mí, de escribir el elogio fúnebre de nuestro difunto compañero el Sr. D. Ventura de la Vega, os lo presento ahora; si bien desnudo de las galas de imaginación y estilo con que le hubiera enriquecido cualquiera otro de los sabios varones entre quienes tengo la honra de sentarme, con merecimiento escaso en la república de las letras, revestido tal vez del curioso y puntual recuerdo de varios accidentes de la existencia del caro amigo con quien pasé mi infancia y las floridas horas de la primera juventud. Esto sin duda tuvo presente la Academia para confiarme la comisión que hoy desempeño. Pero si tal circunstancia facilita por una parte mi trabajo, no deja de ofrecer por otra el grave inconveniente de que yo vea la figura que retratar me propongo, acrecida por el cristal de mi cariño y con los colores de mi entusiasmo apasionado. Trataré de describirla, sin embargo, con imparcial criterio; y en cumplimiento de nuestros estatutos, voy á haceros, no el juicio crítico de las obras del literato insigne, sino la necrología del malogrado académico; y digo malogrado, porque la muerte nos le quita, á los umbrales de fresca ancianidad, cuando su imaginación, todavía vigorosa, dirigida por el saber y la experiencia, prometía aún sazonados frutos que hubieran enriquecido el no muy copioso caudal de nuestros buenos libros contemporáneos, contribuyendo á la gloria de las bellas letras en nuestros feos días de materialismo, ciñendo al propio tiempo con nuevas coronas aquella frente que todos recordamos, y en que parece como que hervían los gérmenes del ingenio, de la imaginación y del talento. ¡Triste recuerdo para nosotros, que, ya ancianos casi todos, hemos perdido en brevísimo tiempo á cinco de nuestros más ilustres compañeros! ¡Ay! El más duro de los males de la vejez despiadada es ver cómo se van borrando uno tras otro del libro de la vida los nombres de los seres amados con quienes hicimos las primeras alegres jornadas del viaje por el mundo, y encontrarnos poco á poco solos, hasta no tener más compañía que nuestros achaques, ni más halago que nuestros melancólicos recuerdos. Perdonadme este desahogo del dolor que me causan dos heridas por las que aún vierte sangre el corazón: la que todos estáis sintiendo todavía, y la que yo añado á ella con la pérdida de un hermano querido, que también compartió con el amigo de que voy á hablaros los dulces juegos de la niñez y el punzador cuidado de las aulas.
Nació D. Buena Ventura de la Vega en Buenos Aires, capital del entonces virreinato español, el día 14 de julio de 1807. Fueron sus padres D. Diego de la Vega y doña María de los Dolores Cárdenas. El primero fué destinado desde España á aquella ciudad con el empleo de contador mayor, decano del Tribunal de cuentas y visitador de Real Hacienda, y la segunda había nacido en ella, de una familia noble, establecida allí hacia largo tiempo. Esta señora, que hoy octogenaria vive todavía en su patria, y que ha sido dotada por el cielo de imaginación vehementísima y de carácter activo y varonil, perdió á su esposo á los cinco años de nacido su primogénito, y seis después tuvo valor para separarse de éste; y celosa de su educación, y esperanzada con la herencia de bienes en España que un amigo de la familia había prometido al pequeño Ventura una sola vez, acariciándole delante de la entusiasta madre, le mandó á la Península en compañía de un sacerdote su conocido, que se embarcó con el navegante de once años el día 1.º de julio de 1818, no sin haber hecho éste una resistencia que en su tierna edad revelaba ya las dotes de que en adelante había de dar tan singulares muestras en las asambleas, academias y teatros.
Llevado el rapaz el día anterior, á la fuerza y en hombros de un esclavo, al atravesar la plaza Real, alzó su vocecilla y en son declamatorio y con acento expresivo gritó, extendiendo sus bracitos por encima de las negras espaldas de su opresor membrudo: ¡Qué, no me defendéis? ¿No estáis viendo que con pretexto de educarme me van á llevar á la patria de los tiranos godos? ¡Favor! ¡Favor! ¡Salvad á un ciudadano indefenso! Y tal efecto produjo entre los circunstantes lo sentido de sus palabras de hombre, que acompañó bien pronto con los sollozos y lágrimas de niño, que fué detenido, y hubo de intervenir la autoridad, y ser indispensable que al otro día prestara su asentimiento para el largo viaje el orador insigne, amansado con golosinas, juguetes y promesas de acompañarle de la pobre madre, que ni había de cumplirlas nunca, ni de estrechar más contra su pecho al hijo de sus entrañas, que dió á luz en días de tribulación, fugitiva de su propia casa, oculta en la choza de una humilde campesina, uniendo en pobre lecho á la congoja y los sustos de su estado los que producía en las calles de la ciudad el temeroso ruido de la revolución y de las armas.
Desembarcó Vega en Gibraltar á los dos meses y medio de navegación, y pasó á Madrid al cuidado de su tío D. Fermín del Río y Vega, mayor de la secretaría de Hacienda, quien le recibió con paternal cariño y dispuso que empezara su educación, asistiendo á la clase de rudimentos de latinidad en los Estudios imperiales de San Isidro, á cargo de los jesuítas. Más tarde, en el año de 1821, le trasladó en clase de alumno interno al colegio establecido en la calle de San Mateo por don Juan Manuel Calleja; el cual empezaba ya á gozar de la fama, después grande y merecida, á que le elevaron profesores tan sabios como Cabezas y Lista y Hermosilla. Vivero fecundo de tiernas plantas que habían de ser un día frondosísimos árboles, de allí surgieron á ser útiles y fructíferos á su patria magistrados, poetas, militares, literatos, jurisconsultos y repúblicos, como los Pardo, Alonso, Espronceda, Molins, Ochoa, Roncali, Seoane, Montalván, los Benitez, Mazaredos y Nandines. Desde luego, y a la par de los mejores, empezó a sobresalir nuestro D. Ventura, sino por su aplicación, por su memoria prodigiosa y por las raras dotes de su penetrante y retentivo talento, que le permitían empaparse en los secretos del libro con desflorar apenas la superficie de las hojas, proporcionándole á poca costa en los públicos exámenes lucimiento y aplauso la gracia de su acento y ademan, y la fácil soltura de su palabra; contribuyendo á conquistarle la aficion y simpatía de cuantos le escuchaban lo menudo de su pequeño cuerpo, que aun edad más temprana de la que tenía figuraba. Ni se distinguía menos por los diabólicos juegos y las atrevidas invenciones, que eran la delicia de sus malignos camaradas de sala, todos de menos años que los catorce suyos, y la desesperación del celador que los cuidaba. Unas veces dibujaba por las paredes con carbón la cabeza orejona de un sátiro ó de un burro sobre un cuerpo flaquísimo, que figuraba el del sucio y viejo Muñoz que había cambiado sus honrosas divisas de cabo primero por las funciones de pedagogo de los colegiales más pequeños. Otras convocaba á la canalla chillona y descreída, y en medio de gran círculo, subido en una silla, recitaba un romance que él y Espronceda compusieron, llamándose dos ingenios de la Corte, y que empezaba:
Voy á daros una idea,
Aunque bastante concisa,
De un hombre á quien por oler
Le huele hasta la camisa.
Buenaventura José María de la Vega y Cárdenas (1807-1865)