Comedias (2 tomos)
Moliere
Editorial Iberia
Colección Obras Maestras
1955
Traducción de Juan G. de Luaces
Tapa dura, con sobrecubierta original
542 páginas
Impreso en Barcelona (España)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes menores por paso del tiempo
✶ SINOPSIS:
Molière, seudónimo de Jean Baptiste Poquelin (1622 a 1673), ocupa un lugar central en el teatro francés del siglo XVII porque consolidó una forma de comedia que se apoya en la escena, en el cuerpo del actor y en la observación de costumbres, sin renunciar a la maquinaria teatral de su tiempo. Fue actor, autor y jefe de compañía, y esa triple condición se nota en la arquitectura de sus obras, pensadas para funcionar con precisión en términos de ritmo, entradas y salidas, golpes de efecto, réplicas y silencios, más que como literatura para leerse en abstracto.
Su teatro suele describirse como una combinación de tradiciones: la farsa y la comicidad física heredadas del teatro popular, ciertos procedimientos de la commedia dell’arte, y la disciplina de la comedia clásica. En ese cruce, Molière construyó personajes que encarnan conductas reconocibles, y los empuja hasta el límite, para que el mecanismo social que los sostiene quede a la vista. De ahí su afinidad con las formas llamadas “comedia de carácter” y “comedia de costumbres”, donde el foco está puesto en un modo de ser, o en una práctica social, más que en una intriga puramente novelesca.
Una zona clave de su obra es la sátira de la respetabilidad, el prestigio y la apariencia. En Las preciosas ridículas se burla de cierto afectamiento cultural, en Las mujeres sabias ironiza sobre pedanterías y jerarquías domésticas, y en El burgués gentilhombre exhibe el deseo de ascenso social como una máquina de autoengaño. Esa crítica, que a menudo se formula desde el humor, no se limita a individuos aislados, también apunta a los acuerdos tácitos de una época, lo que puede decirse en público, lo que se disimula, lo que se compra como “buen gusto” o “buen nombre”.
En otra vertiente, Molière explora el conflicto entre moral y deseo, o entre la conciencia y el juego social. El misántropo no se resuelve como una simple condena de la hipocresía, sino como una puesta en escena de tensiones entre sinceridad, convivencia, normas y vanidad. Don Juan trabaja una figura del libertinaje como desafío ético y teatral, y deja abierta la pregunta sobre qué sostiene, en última instancia, la autoridad y el castigo.
El caso de Tartufo muestra el punto en que la comedia toca zonas sensibles del poder. La obra, centrada en la impostura y el uso oportunista del discurso moral, generó una disputa pública que incluyó prohibiciones y reescrituras antes de estabilizarse en el repertorio. Más allá del episodio, el interés está en el procedimiento dramático: el hipócrita no es solo un “villano”, es un operador social que sabe leer debilidades, administrar apariencias y ocupar un lugar en la casa y en la lengua de los demás.
También es importante su relación con los espectáculos cortesanos. Molière desarrolló la comedia ballet, una forma híbrida en la que el texto teatral convive con música y danza, a menudo en colaboración con compositores como Lully. Esas piezas, que hoy se leen como parte de un sistema de entretenimiento y representación del poder, muestran su capacidad para escribir para públicos distintos, y para modular registros, desde la farsa hasta la sátira refinada, según el contexto de representación.
La serie de “médicos” en su teatro, que culmina en El enfermo imaginario, apunta a otro blanco frecuente: la autoridad social sostenida por jerga, rituales y credenciales. En Molière, el consultorio, la casa, el salón y el tribunal se parecen porque en todos se negocian posiciones, se produce discurso, se organiza obediencia. Su teatro, en ese sentido, funciona como una máquina de visibilidad: hace que el lenguaje social se escuche como lenguaje, con sus automatismos, y deja que la risa señale el punto en que la naturalidad es puro hábito.
Molière sigue siendo un autor de repertorio porque sus comedias permiten dos movimientos a la vez. Por un lado, anclan su tiempo, con referencias concretas a jerarquías, educación, religión, medicina o etiqueta. Por otro, sostienen una mecánica escénica que vuelve legibles conflictos recurrentes: el deseo de reconocimiento, la violencia blanda de las convenciones, la impostura como estrategia, y la fragilidad de la vida privada cuando se convierte en teatro público.
✶ INDICE:
Tomo I
El avaro
Tartufo
El misántropo
Don Juan
Tomo II
El burgués gentilhombre
Anfitrión
La escuela de mujeres
Las mujeres sabias
El enfermo imaginario
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