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Poemas

Friedrich Hölderlin

Editorial Renacimiento-Séneca

Colección El Clavo Ardiendo N° 1

2002

Traducción de Luis Cernuda

Tapa blanda, con sobrecubierta

49 páginas

Traducción y prólogo de Luis Cernuda

Impreso en el DF (México)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes menores en sobrecubierta.

 

✶ PRÓLOGO:

La época que le tocó vivir a Hölderlin nos presenta un mundo heroico, agitado por profundas emociones históricas, surcado brevemente con radiantes vidas juveniles, apagadas antes de llegar al mediodía, como el destino de los mancebos mitológicos. Su destino, en cambio, pasa oscuro y enigmático, oponiéndose fatalmente a la llama que animaba aquel cuerpo.

Siempre extrañará a alguno la hermosa diversidad de la naturaleza y la horrible vulgaridad del hombre. Y siempre la naturaleza, a pesar de esto, parece reclamar la presencia de un ser hermoso y distinto entre sus perennes gracias inconscientes. De ahí la recóndita eternidad de los mitos paganos, que de manera tan perfecta respondieron a ese tácito deseo de la tierra con sus símbolos religiosos, divinos y humanizados a un tiempo mismo. El amor, la poesía, la fuerza, la belleza, todos esos remotos impulsos que mueven al mundo, a pesar de la inmensa fealdad que los hombres arrojan diariamente sobre ellos para deformarlos o destruirlos, no son simples palabras; son algo que aquella religión supo simbolizar externamente a través de criaturas ideales, cuyo recuerdo aún puede estremecer la imaginación humana.

Algunos hombres, en diferentes siglos, parecen guardar una pálida nostalgia por la desaparición de aquellos dioses, blancos seres inmateriales impulsados por deseos no ajenos a la tierra pero dotados de vida inmortal. Son tales hombres imborrable eco vivo de las fuerzas paganas hoy hundidas, como si en ellos ardiese todavía una chispa de tan armoniosa hoguera religiosa; eco sin fuerza ya, pero que tampoco puede perderse por completo. Y la misma dramática aptitud para participar, aun débilmente, en una divinidad caída y en un culto olvidado, convierte a esos seres mortales en seres semidivinos perdidos entre la confusa masa de los humanos. Tal fué el caso de Friedrich Hölderlin.

No se crea por ello que sea Hölderlin un iluminado. Su lirismo metafísico tiene más afinidad con Keats que con Blake, aunque a veces, en sus fragmentos, de tanta oscura trascendencia, no se halle lejos de los cantos proféticos de éste. Mas en esos poemas como en los demás escritos durante los largos años de su trastorno espiritual, hay siempre un impulso armonioso y luminoso que el paganismo encauzó y al cual prestó expresión. Al leer muchos de ellos nos sobrecoge aquella radiante inteligencia que se abre paso, aquí o allá, entre las misteriosas sombras que la cercan. Sus mismas admiraciones juveniles, Schiller por ejemplo, nos confirman esa separación de su espíritu con el del místico vidente lírico.

Tal vez al lector español parezca extraña la defensa del paganismo latente en estas líneas; piénsese que en nuestra poesía, como en la francesa, a excepción tal vez de André Chénier, los mitos griegos son únicamente un recurso decorativo; pero nunca eje de una vida perdida entre el mundo moderno y para quien las fuerzas secretas de la tierra son las solas realidades, lejos de estas otras convencionales por las que se rige la sociedad; reglas prolongadas y ennoblecidas por otros poetas, pero que alguien como Hölderlin no puede jamás reconocer, a menos de negarse a sí mismo a desaparecer.

Ya en su último retiro, en Tubinga, firma sus poemas con el nombre de Scardanelli; y si alguien pronuncia el de Hölderlin, su cólera se desata. ¿Podemos interpretar esta cólera como un deseo de salvar, en su triste vejez humillada, aquel hermoso adolescente intangible que había sido? En diferentes ocasiones de la juventud, obligado por su posición, Hölderlin realizó varias tentativas para someterse a las reglas sociales antes aludidas; los sufrimientos de su servidumbre, medio profesional, medio doméstica, entre familias bien acomodadas, debieron ser terribles. Pasó largo tiempo perdido en vida; parece que alguien le encontró enajenado un día al pie de las estatuas mitológicas en un parque de París. Y viejo ya, después de ese oscuro tiempo que llevó errante, cuando entraban en la habitación donde transcurrían recogidos sus días, entre el piano y los borradores, muchos tirados después de su muerte como inútil memoria de una criatura anónima, una profunda reverencia era la señal del antiguo preceptor doméstico. Tal vez le moviera un miedo confuso, de semidiós que ha conocido la humillación y guardó tal horror a ella que se anticipa a las que pudieran sobrevenirle con su externo sometimiento.

Dos héroes, sin embargo, se nutrieron con su ignorada vidas Hiperión y Empédocles; el héroe juvenil y el héroe que divisa la vida sobre dos iguales vertientes. Héroes vencidos, es verdad, como su creador; mas con derrota que la muerte convierte en victoria. ¿Quién ignora cómo lo mejor, lo más noble que la humanidad puede ofrecer, ha sido realizado por genios aislados a Hölderlin por el fuego, fuego que al propio tiempo le salvaba. Así se vislumbra hoy esta dramática sombra humana a quien debemos una obra lírica inmortal, de distinta hermosura en la poesía alemana, contemporánea de Goethe en tiempo y espacio; y de distinta hermosura también en la universal, al lado de algunos poetas griegos y latinos, ingleses y orientales. ¿No ha sido, pues, feliz a pesar de todo? Un verso de Keats dice: A thing of beauty is a joy for ever. LUIS CERNUDA.

 

Friedrich Hölderlin

 

✶ INDICE:

Prólogo de Luis Cernuda

Nota

Poemas:

Canción al destino de Hiperión

Antes y ahora

Lo imperdonable (primera versión)

Tierra nativa (primera versión)

Aplausos de los hombres

A las Parcas

Fantasía del atardecer

Mitad de la vida

Los Titanes

Lo más inmediato

Tierra nativa

La primavera

La primavera

El verano

El otoño

El invierno

El invierno

El cementerio

 

✶ EDITORIAL SÉNECA:

Renacimiento, editorial fundada en Sevilla en 1981, retomó para su catálogo la colección El Clavo Ardiendo, nacida en México dentro de la Editorial Séneca, sello creado en 1939 por exiliados españoles.

La Editorial Séneca fue fundada en México en 1939 por emigrados y exiliados españoles. José Bergamín encabezó el proyecto y Emilio Prados se incorporó después a esa labor editorial. La actividad del sello se extendió hasta 1949 y ocupó un lugar central en la vida intelectual del exilio republicano. Séneca buscó difundir literatura, pensamiento y conocimientos científicos, volver a poner en circulación libros anteriores a la guerra y ofrecer a los autores republicanos un espacio de publicación fuera de España. Varias de sus colecciones retomaron el universo editorial que Bergamín había armado antes de la guerra en torno a Cruz y Raya, con nombres como Árbol, Lucero, Estela, Laberinto y La Espiga. En esa misma constelación se ubicó El Clavo Ardiendo.

Dentro del catálogo de Séneca, El Clavo Ardiendo funcionó como una serie de libros breves, clásicos y modernos, orientados a la reflexión. Los repertorios bibliográficos permiten reconstruir bien su perfil y su lista de títulos. Ahí aparecieron, entre otros, ¿Qué es metafísica? de Heidegger en versión de Xavier Zubiri, Poemas de Hölderlin traducidos por Luis Cernuda y Hans Gebser, Antígona de Kierkegaard en versión de Juan Gil-Albert, El regreso del hijo pródigo de André Gide traducido por Xavier Villaurrutia, Discurso sobre las pasiones del amor de Pascal, Presencia y experiencia de Dios de Plotino, Una temporada en el infierno de Rimbaud, ¿Qué es poesía? de Bécquer y Gérmenes o fragmentos de Novalis. En esa línea también entraron nombres como William Blake y Francisco de Aldana. La colección armó una biblioteca concentrada, donde convivieron poesía, filosofía, mística y traducción.

El vínculo entre Renacimiento y esa tradición se vio con nitidez en un punto. La nueva etapa de la colección se abrió con Poemas de Hölderlin, publicado por Renacimiento en 2002 como número 1 de El Clavo Ardiendo. El sello reconstruyó la genealogía del volumen. Esas traducciones habían aparecido en Cruz y Raya en 1935, Bergamín las rescató en 1942 para El Clavo Ardiendo de Séneca, entonces con Emilio Prados a cargo del trabajo editorial, y Renacimiento retomó ese mismo título para reabrir la colección. Renacimiento presentó ese volumen como un doble homenaje, a Luis Cernuda por la traducción y a José Bergamín por la colección y su labor editorial.

 

José Bergamín