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El Profeta de La Pampa: vida de Sarmiento

Ricardo Rojas

Editorial Losada

1945

Tapa dura (encuadernado)

724 páginas

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Ejemplar restaurado y encuadernado.

 

CLAVE Y GUÍA PARA EL LECTOR

Cuando yo tenía diez y nueve años compuse un Canto a Sarmiento que incluí en mi primer libro, La Victoria del Hombre, de donde ha pasado a las antologías escolares, y pláceme señalar que la visión y el ritmo de aquel breve poema han subsistido en el sentimiento de esta biografía, aunque tan diferentes son por su género ambas obras y tan largo el tiempo transcurrido entre ellas.

Durante más de treinta años he estudiado a Sarmiento con el propósito de escribir su “vida”, pero no empecé a escribirla sino cuando el personaje, recobrada en mi mente la animación espiritual de su ser, se movió por sí mismo con apremiante impulso, buscando alcanzar existencia propia, como las criaturas del arte.

Agotada la información que podía hallarse en bibliotecas, archivos, museos, fuentes de conocimiento intelectual, superé luego esa etapa de mi labor, para trascender al plano de la creación estética, necesariamente emocional e intuitiva. Una vez documentada la persona del protagonista, con sólo dejarla vivir, manó espontánea la verídica narración de su aventura.

Mis indagaciones empezaron en 1910 para la Bibliografía de Sarmiento, a la que siguieron ediciones comentadas de sus obras en la Biblioteca Argentina (1915-28), y capítulos a él dedicados en mi Historia de la Literatura Argentina (1917-22), y cursos universitarios sobre él, en La Plata y en Buenos Aires (1910-1938), y conferencias conmemorativas o artículos ocasionales, hasta llegar a la selección y prólogo de El pensamiento vivo de Sarmiento (Editorial Losada, 1941). Muchos años de estudio, pues, han precedido a esta biografía.

 

RICARDO ROJAS

Rememoro dichos trabajos para comprobar que el presente libro no es una improvisación, y para datar la prioridad en ciertas citas e ideas; pero más que la antelación o minucia de las noticias, encarezco el uso que hago de ellas al refundirlas en una creación personal. Con esto realizo, ahora, lo que esbocé en El espíritu de Sarmiento (1911), ensayo de interpretación en que se anticipó la visión de esta obra.

Para facilitar la lectura, he eliminado las notas al pie de página, pero indico las fuentes, de un modo explícito o mediante abreviaturas explicadas al final del volumen, documentando, así, la escrupulosa información. Para ello leí muchos papeles inéditos o impresos; y bien se sabe que también lo impreso puede resultar inédito cuando un texto ya conocido no fué antes utilizado, o cuando se le desentraña nuevo sentido o se le da nueva función.

La biografía es arte de ilustre antigüedad, y requiere labor crítica previa, más engorrosa hoy que entre los clásicos. Su modernidad comporta rigor de método en las comprobaciones, pero sin excluir las buenas formas literarias; aun cuando hay manipuladores a quienes basta copiar trozos para formar con ellos un centón, como hay otros para quienes la historia no es ciencia sino cuando está mal escrita.

A través de lo anecdótico y circunstancial, creo haber intuido la esencia recóndita del raro espíritu que fué Sarmiento, dando a la obra la unidad interna que su protagonista y el arte me exigían. Con esa visión y plan, justifico un nuevo libro sobre personaje tan divulgado. He concebido la obra como un simple relato que sea evocación e interpretación a la vez, mostrando en el accidentado cauce de los hechos la continuidad de un destino.

No era esto cosa fácil, porque Sarmiento es como un actor que ha representado múltiples papeles, bajo sucesivas máscaras. Sus contradicciones aparentes son numerosas, y desconciertan sus contrastes psicológicos. Más allá de la anécdota, o sea de lo meramente intelectual, busqué la unidad emocional del protagonista.

Hay un Sarmiento para las escuelas, otro para las apoteosis oficiales, otro para la erudición monográfica, otro para la polémica sectaria; pero hoy necesitamos un Sarmiento vivo, total y para todos. Buscamos en él lo universal, sin ocultar defectos o errores, porque su grandeza es tan firme que la crítica no lo disminuye.

 

EL PROFETA DE LA PAMPA

Mis fuentes principales han sido el archivo del prócer cuando estuvo en poder de su nieto don Augusto y que hoy se conserva en el Museo Sarmiento; los 52 volúmenes de sus Obras, para los que sirven de guía su Índice General y mi Bibliografía de Sarmiento; su epistolario con Mitre, Alberdi, Mrs. Mann y con personas de su familia, o documentos subsidiarios, de la prensa periódica.

El lector encontrará en los respectivos lugares, referencias a piezas inéditas pertenecientes al Archivo de Relaciones Exteriores, y al Museo Sarmiento, y a Don Jacob Larrain, a quien Sarmiento le dió un resumen crítico de su propia vida; autógrafo hoy en mi poder, por donación de un hijo de D. Jacob, el Dr. Luis M. Larrain, a quien agradezco su generosidad.

Todos los materiales fueron debidamente sometidos a crítica para la composición de mi obra; y en ello he aprovechado también tradiciones orales, principalmente las que recogí del nieto, don Augusto Belin Sarmiento, con quien me unió una amistad alimentada en la devoción al abuelo.

Las biografías de Sarmiento han sido lacónicas sobre los años que preceden al destierro de 1840, sin los cuales no es posible entender su psicología ni valorar el Facundo, o han tratado superficialmente los años de Viajes, sin los cuales no se entendería su ulterior misión en América ni lo ecuménico de su doctrina. Yo me he detenido largamente en dichas etapas.

Asimismo, biografías anteriores han concentrado su atención en los títulos oficiales, a los que doy nuevas perspectivas. Si Sarmiento no hubiera llegado a ser General o Presidente, siempre sería Sarmiento, como él lo dijo. Él no es un funcionario sino un personaje de epopeya, y he puesto el acento sobre la conciencia de tal hombre, más que sobre los oropeles del escalafón.

Debo desde ahora advertir al lector que, según mis estudios en este libro, Rosas no debe ser considerado federal sino unitario, y que, inversamente, Sarmiento es federal, aunque Rosas lo perseguía como a unitario; trasmutación importante porque el destino de mi personaje se decidió en la lucha de unitarios y federales.

Sarmiento es “federal” por su educación doméstica, por el partido a que pertenecieron su familia y sus maestros, por su carácter voluntarioso tan parecido al de Facundo, por su talento espontáneo, por su formación de autodidacto ajena a moldes académicos oficiales, por la escasa afinidad de su cultura con la de los unitarios rivadavianos, de quienes él se mofó, y por la profesión de fe que reiteradamente formula.

Ya en su libro Facundo (1845), se declaraba partidario de una Constitución mixta, como la que hoy tenemos; en Argirópolis (1850) está por la federación, y en Comentarios a la Constitución (1854) es franca su adhesión doctrinaria al federalismo norteamericano, cuyas instituciones empezó a apreciar en 1847, durante su viaje en Estados Unidos. Llevó a la práctica esa fe, apoyando, de 1850 a 1864, la doctrina federal. En una carta de 1853, a Mitre, le dice: “Yo soy federal de convicción” (S. M. C., 30).

Como en el caso del federalismo, hay otras rectificaciones o matices: cuando situó a Sarmiento en presencia del problema religioso y de la filosofía de la historia, o cuando él enjuicia a Europa, España, Estados Unidos, o cuando absuelve posiciones ante la Universidad, la ciencia, el arte, la cultura, la civilización.

Algunos analizaron sus escritos, lo que sólo puede mostrarlo fragmentariamente, de por fuera, y acaso en su perfil intelectual. Los trozos que el análisis separa, deben ser correlacionados en el conjunto de la obra e interpretados según las respectivas circunstancias reales, alumbrándolos desde adentro con el espíritu mismo del personaje que habla mientras va viviendo.

Sarmiento escribió mucho; pero sus escritos no nacen de recreación estética ni de abstracción filosófica sino de necesidad política, pues son crónica de su ambiente y memorias de su propia existencia.

He utilizado los textos en función de la vida, y la vida es anécdota, instinto, pasión; hago hablar a mi personaje lo más posible, para tenerlo presente no sólo en su figura sino en sus confesiones, aunque para ello ha sido menester citar a veces pasajes muy conocidos de su obra.

Oímos también a testigos de sus hechos, y aun a sus más crueles enemigos. Así se verá que si algunos hoy lo detractan, sólo repiten las inocuas injurias de antaño. No es posible gritar “¡Muera Sarmiento!” sino cuando se sabe que está vivo; ni es posible llamarlo “traidor a la patria”, como Rosas lo llamara, sino cuando se ignora el origen de tal injuria. Su vida fué un combate, y no debía eso faltar en esta biografía.

Sin omitir perfiles consagrados por la tradición, yo me complazco en mostrar los rasgos de un Sarmiento criollo, campeón de una larga propaganda en contra del cosmopolitismo, esa monotonera de las ciudades. Sus glosadores, y muchos de los que se dicen sus discípulos, han omitido ese aspecto de sus prédicas y de su acción. Por ejemplo, ninguno de sus glosadores recuerda que Sarmiento dijo: “...Los indios son nuestros padres prehistóricos” (XXXVIII, 37).

La tradición nos ha legado una figura de Sarmiento que considero incompleta. Epígonos y adversarios lo mutilaron o desvirtuaron. Procuro restaurar toda la verdad, sin excluir amores o conflictos íntimos. Este libro no es panegírico ni alegato, sino empeño estético por abarcar el raro fenómeno humano que fué Sarmiento, y sentirlo en la plenitud de su pulso vital.

Aun no había nacido Nietzsche cuando Sarmiento nació, y aun no había aquél concebido al Superhombre, llamado el Bailarín, corifeo de un mundo nuevo, cuando nuestro titán del Nuevo Mundo Americano padecía en los Andes su tragedia entre el coro de Erinnias de la guerra civil, danzando a ratos con euforia, al son de su viento bárbaro. Así continuó danzando hasta la muerte.

Por eso su biografía requiere módulos musicales, o mejor dicho coreográficos. Sarmiento no se aviene a formas arquitectónicas, porque no hay quietud en su vida ni abstracción en sus ideas. Su ritmo personal es dionisíaco y su gesta se desenvuelve en el curso de una pasión fatal.

Nacido entre las piedras de los Andes, vino a morir junto a las aguas de nuestro litoral, después de haber sido el profeta de la pampa, el intérprete de su destino.

Por encima de los honores oficiales y de las polémicas políticas, él nos trajo un mensaje: “Educar al soberano”, y eso es lo más puro que de su pensamiento sobrevive.

Inspira y conduce esta obra una idea que permite caracterizar lo que hay de original en Sarmiento, entender lo dramático de su pasión cívica, lo ocasional de su predicación política, lo transitorio de sus polémicas, lo americano de su genialidad, lo universal de su grandeza; idea que debo anticipar aquí, abreviada en imágenes, para dejar bien orientados a mis lectores.

Sarmiento es un hijo de zonda. En desparramadas piedras de la quebrada homónima están prefigurados los gestos de su rostro, y en su pasión sopló el terrible viento que allá toma ese nombre. Tal es el preludio, En la región de las madres, con que inicio esta biografía, de plan sinfónico. Stravinski en la Consagración de la primavera, puede ser ahí recordado.

A este primer tema, que llamaremos del acorde telúrico, síguele otro, que llamaremos del acorde racial, porque Sarmiento es un prototipo de criollo, en quien cuaja la estirpe ibérica tras varias generaciones de asimilación a la tierra americana.

Montañés de temple rudo pero de mente sutil, su fantasía llevólo a hacerse apóstol de una reforma social en América, lanzándolo a combatir contra las tradiciones hispano-indígenas en que se educara; y entonces estalló su sensibilidad primitiva, en estridentes disonancias.

La lucha de civilización y barbarie, en su alma se realiza: conflicto de naturaleza e historia, de tradición y progreso. En Sarmiento, el indio y el español coexisten y pelean; mas como el español y el indio se han reconciliado en mí, yo he podido entenderlo en sus desarmonías y compadecerlo en su dolor. Nuestro drama social del siglo XIX, en él se personifica, y ciertos motivos de aquel drama siguen siendo actuales.

Descubro en Sarmiento un hiato entre su cuerpo elemental y su mente nutrida de cultura exótica. De ahí proviene lo patético de su ser, el carácter fáustico de su vida. Él mismo se llamó “el doctor Faustino” (XXXV, 134), quizá porque se enamoró de una Margarita, la Patria, y creyó en los conjuros de la palabra.

Personaje dionisíaco, dije antes, porque Sarmiento, hijo de zonda, está hecho a semejanza de su tierra natal, y nutrido en ella; pero también, según su linaje, hombre quijotesco, enloquecido por los libros que lo lanzaron a buscar aventuras. Dejó la aldea por el camino, y el narrador lo sigue en su heroica andanza.

La evocación de San Juan que va a leerse en el capítulo preliminar intitulado En la región de las madres, fue escrita antes del terremoto de 1944 y no he querido retocar el texto para mantener la visión de la ciudad anterior a la catástrofe y para no turbar el cuadro con mi propia congoja ante aquella desgracia que tan hondamente me conmovió.

Sucesivos capítulos darán al lector hechos documentados; pero he creído que estas metáforas preliminares, guía y clave para mi lector, podrían serle útiles al buscar el sentido poemático de esta “vida” que, por ser de suyo tan intensa y extensa, no me fué posible compendiarla en pocas páginas.

Ricardo Rojas

 

✶ INDICE:

- Clave y guía para el lector

- En la región de las madres

I. La progenie criolla

II. Hogar provinciano

III. Escuela de la Patria

IV. San Francisco del Monte

V. Visión del Camino de Damasco

VI. Contienda federal en Cuyo

VII. Un lustro de aventuras en Chile

VIII. Regreso y vísperas humildes

IX. Primera fundación pedagógica

X. “El Zonda” y sus presagios

XI. On ne tue point les idées

XII. El ostracismo largo

XIII. Cuyano alborotador

XIV. La vocación de enseñar

XV. Aparece “Civilización y barbarie”

XVI. Facundo y su libro

XVII. Mitos de nuestra guerra civil

XVIII. Hacia el Río de la Plata

XIX. Viaje entre dos mundos

XX. Don Domingo en París

XXI. Enjuiciamiento de España

XXII. De África a Europa

XXIII. Descubrimiento de otra América

XXIV. ¿Dónde está la civilización?

XXV. Los días de Yungay

XXVI. Traidor a la Patria

XXVII. “Recuerdos de Provincia” libro de combate

XXVIII. Caseros, derrota y fuga del tirano

XXIX. Nuevo destierro y retorno a la patria

XXX. Provinciano en Buenos Aires y porteño en las provincias

XXXI. Gobernador de San Juan

XXXII. Rebelión y muerte del Chacho

XXXIII. Encrucijada del destino

XXXIV. Misión diplomática en Chile y Perú

XXXV. Triunfo en Estados Unidos

XXXVI. De Nueva York a Buenos Aires

XXXVII. La presidencia tempestuosa

XXXVIII. El reverso de la medalla

XXXIX. Horas dramáticas

XL. En el Senado de la República

XLI. La tercera lid

XLII. El sentimiento religioso

XLIII. Filosofía de la historia

XLIV. El mensaje: Educar al soberano

XLV. La barbarie cosmopolita

XLVI. Conflicto de razas en América

XLVII. El viejo luchador

XLVIII. Muerte y transfiguración

- Sus “obras”, archivo de un hombre

- Explicación de las abreviaturas