Libro para la pausa del sábado
César Tiempo
Manuel Gleizer Editor
1930 - 1 edición
Tapa blanda, rústica con solapas
150 páginas
Arte de tapa e Iluminaciones en interior por Manuel Eichelbaum*
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
*Obra reproducida en la página 254 del libro de Rodrigo Gutiérrez Viñuales: Libros Argentinos - Ilustración y Modernidad (1910-1936) - Información (Link)
✶ ESTADO: 9/10. Muy buen estado.
Pequeña rotura en tapa (inferior izq), detalles de desgaste en lomo. En interior, manchas de foxing.

SÁBADO NUESTRO
Sábado nuestro, ruta del festivo reposo,
candelabros de llamas densas como mis días
custodian tu abandono de ventanas sombrías
como a un niño en la noche,
solitario y medroso.
Pero el alba disipa tu perfil de misterio
y cuando con sus manos de aljófar amortaja
al pálido suicida cotidiano, en la caja
de tu primer tranvía lo lleva al cementerio.
—Ese primer Lacroze de eglógico ropaje
que como un hilo verde tus esquinas hilvana
y atravesando el ghetto conduce a la lejana
ciudad donde se empalma con el último viaje.
Sábado nuestro, el viento rubio del mediodía
hoy enciende tus cúpulas,
esplende en tus rincones
y flamea ferviente sobre las oraciones
que vibran en el ámbito gris de la judería.
Viento rubio que mece los dorados racimos
de muchachas que alegran la sabática tarde
cuando el sol se recoge
y en tus lámparas arde
esa pálida lumbre del amor que perdimos.
Del amor que perdimos,
sábado nuestro y suyo,
sin palabras terribles, así sencillamente,
como nos das tu dicha y esa pena sonriente
más alta que las lágrimas
y la cruz de su orgullo.
Danza la noche en torno de su frágil ventura
con su veste de estrellas a los flancos ceñida
y en sus manos nupciales
se hace casta la vida
como en el Schit ha Schirim
de la Santa Escritura.
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M. Eichelbaum - Reproducido en esta edición
✶ INDICE:
Celebra el día con alegres manos
Sábado nuestro
Lluvia con sol en el ghetto
Niñez pecosa
Novena
Palabras a mamá
Itinerario de una fatiga en la noche
Versos para nosotros dos y mis amigos
Letra para una danza judía
Compás
Alta está mi ventana sobre el mundo
Noche hiemal en el ghetto
Meier Dreier, ave negra
La voz sin sonido
Soflama
El viento rubio
Canturía
Para Al Jolson
Equipaje
Descanso dominical
Bodas de oro
Gleba paterna
Pasa un avión
Ángaro
Primavera mía
Versos en la muerte de Larry Semón
Sol semita
Semillas de girasol
Cementerio Israelita
Canto fúnebre a un bar desaparecido
Alamud
Pronunciación de un nombre querido
Variaciones sobre un poema judío de André Spire
Salmos del inmigrante israelita
Intención de vocabulario
M. Eichelbaum - Reproducido en esta edición
✶ CÉSAR TIEMPO:
Fue el nombre con el que Israel Zeitlin desarrolló una de las trayectorias más extensas y difíciles de encasillar de la cultura argentina del siglo XX. Poeta, dramaturgo, periodista, editor y guionista cinematográfico, nació el 3 de marzo de 1906 en Ekaterinoslav, entonces parte del Imperio ruso y actualmente Dnipró, Ucrania. Llegó a Buenos Aires con su familia cuando tenía nueve meses, después de que sus padres abandonaran la región ante los pogroms y las persecuciones antisemitas. Creció en una ciudad atravesada por la inmigración europea, recibió la ciudadanía argentina en 1924 y murió en Buenos Aires el 24 de octubre de 1980.
El seudónimo procedía de un juego con su apellido: Zeit significa “tiempo” en alemán y en ídish, mientras que la forma completa fue interpretada por el escritor como una traducción imaginativa de Zeitlin. Al principio utilizó César Tiempo e Israel Zeitlin en forma paralela, pero progresivamente dejó de firmar con su nombre de nacimiento. Esa sustitución no significó el abandono de su origen. Por el contrario, buena parte de su literatura estuvo dedicada a pensar cómo podía construirse una identidad a la vez judía, argentina y porteña, sin que ninguno de esos términos debiera desaparecer dentro de los otros.
Boedo y la invención de Clara Beter: Tiempo comenzó a intervenir en la vida literaria durante la década de 1920. Dirigió con apenas diecisiete años la efímera revista Sancho Panza y poco después se vinculó con el grupo reunido alrededor de la editorial Claridad, donde trabajó como secretario de redacción. Su relación con Boedo respondía a una concepción social de la literatura y a su interés por los personajes relegados de la ciudad, aunque la circulación entre grupos y revistas era más flexible de lo que permitiría suponer la oposición tradicional entre Boedo y Florida. En 1927 organizó junto con Pedro Juan Vignale la Exposición de la actual poesía argentina (1922-1927), una antología de más de cuarenta autores que reunió distintas zonas de la nueva generación literaria.
Su primera aparición de gran repercusión se produjo bajo otro nombre inventado. En 1926 comenzaron a publicarse en Claridad poemas firmados por Clara Beter, una supuesta joven judía nacida en Ucrania que había llegado engañada a la Argentina y ejercía la prostitución en Rosario. Tiempo construyó para ella una biografía parcialmente basada en la suya: el mismo lugar de nacimiento, el viaje desde Hamburgo y la llegada al país como inmigrante. Los poemas hablaban en primera persona de la pobreza, el desarraigo y la explotación, dentro de un registro que coincidía con la sensibilidad social de Boedo.
Los integrantes del grupo creyeron que Clara Beter existía. Elías Castelnuovo celebró los versos y comenzó una búsqueda para encontrar a la autora y ayudarla; otros lectores le escribieron, le ofrecieron trabajo e incluso le propusieron matrimonio. Los poemas fueron reunidos por Claridad en Versos de una… (1927), con un prólogo de Castelnuovo firmado como Ronald Chaves. Cuando se conoció la verdadera identidad del autor, el episodio fue leído como una superchería, una provocación contra las certezas estéticas de Boedo y una demostración de la capacidad de la literatura para fabricar una experiencia verosímil.
La historia de Clara Beter excede, sin embargo, la anécdota. Tiempo había inventado una autora, una voz y una vida capaces de ser aceptadas como verdaderas porque reunían experiencias reconocibles de la inmigración judía y de la marginalidad urbana. El personaje también planteaba, mucho antes de que el concepto se volviera habitual en los estudios literarios, un problema de autoría y de identidad: Israel Zeitlin escribía como César Tiempo, quien a su vez publicaba bajo el nombre de Clara Beter. Décadas después reconstruyó el episodio en Clara Beter y otras fatamorganas (1974).
Una poesía judía y porteña: Después de Clara Beter, Tiempo publicó con su seudónimo principal Libro para la pausa del sábado, que obtuvo en 1930 el Primer Premio Municipal de Poesía, seguido por Sabatión argentino (1933), Sábado y poesía, Sabadomingo y Sábado pleno (1955). Los propios títulos muestran la persistencia del sábado judío y su encuentro con la vida argentina. En Sabadomingo, la unión de las dos jornadas permite nombrar una convivencia cultural: el sábado de la tradición familiar y el domingo de la ciudad en la que el escritor había crecido.
Su poesía incorpora plegarias, figuras bíblicas y recuerdos de la emigración, pero los sitúa en Villa Crespo, las calles del centro y los barrios populares de Buenos Aires. La solemnidad religiosa convive con el humor, el habla cotidiana y el paisaje urbano. El inmigrante no aparece como una presencia exterior que deba disolverse para adquirir una identidad argentina, sino como uno de los sujetos que participan en su formación. El crítico Leonardo Senkman observó que, si Alberto Gerchunoff había situado la integración judeoargentina en el espacio rural de Los gauchos judíos, Tiempo la trasladó al barrio porteño y a las formas del sainete. Sus Poesías completas, publicadas por Stilman en 1979, reunieron ese recorrido desde Clara Beter hasta los libros de madurez.
Teatro, antisemitismo y vida pública: La integración del inmigrante judío también ocupó un lugar central en su teatro. Alfarda y Pan criollo presentan versiones diferentes de una historia vinculada con el matrimonio entre judíos y cristianos. Estrenada en 1937, Pan criollo obtuvo el Premio Nacional de Teatro y consiguió una amplia repercusión, aunque produjo reacciones contradictorias. Algunos críticos nacionalistas celebraron su representación del “crisol de razas”, mientras que sectores de la comunidad judía cuestionaron el uso de estereotipos y consideraron que el registro sainetesco podía confirmar prejuicios antisemitas. Tiempo publicó después Pan criollo junto con Alfarda, de manera que una misma historia quedaba acompañada por dos desenlaces opuestos.
La polémica resultaba particularmente significativa porque Tiempo había encabezado poco antes una de las denuncias más abiertas contra el antisemitismo argentino. En 1935 publicó La campaña antisemita y el director de la Biblioteca Nacional, un folleto dirigido contra Gustavo Martínez Zuviría, conocido literariamente como Hugo Wast, quien ocupaba entonces la dirección de la Biblioteca Nacional. Tiempo examinaba el antisemitismo de sus novelas El Kahal y Oro y cuestionaba que un funcionario con esas posiciones estuviera al frente de una institución pública. El escrito lo convirtió en una figura reconocida dentro de la comunidad judía, pero su trayectoria posterior mostraría que esa relación tampoco estuvo libre de enfrentamientos.
César Tiempo (1906-1980)
Durante esos mismos años participó de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores, creada frente al avance del fascismo. Fue expulsado en 1938 después de apoyar la fórmula presidencial Ortiz-Castillo, que consideraba más favorable a la continuidad de la inmigración judía. La decisión expuso una tensión que reaparecería durante toda su carrera: Tiempo compartía muchas de las preocupaciones sociales de la izquierda, pero rechazaba someter su posición ante el antisemitismo y la inmigración a la disciplina de una organización política.
Revistas, periodismo y cine: Entre 1937 y 1942 dirigió Columna, una revista literaria que reunió escritores de distintas procedencias ideológicas y publicó autores argentinos y extranjeros. Esa amplitud se prolongó en su trabajo periodístico y en los libros de semblanzas, entrevistas y evocaciones que dedicó a escritores y artistas. Moravia, Vivian Wilde y Compañía, Protagonistas, Evocación de Quiroga, Florencio Parravicini y El último romance de Gardel forman parte de una prosa nacida del contacto directo con la prensa y con el mundo del espectáculo.
Tiempo trabajó además en el período clásico del cine argentino. Desde Safo, historia de una pasión (1943) escribió guiones para películas dirigidas por Carlos Hugo Christensen y otros realizadores, entre ellas La pequeña señora de Pérez, El ángel desnudo, Los verdes paraísos, La muerte camina en la lluvia y Los pulpos. Su filmografía permite observar el paso de escritores provenientes del periodismo y el teatro hacia una industria cinematográfica que requería diálogos, adaptaciones y argumentos destinados a públicos numerosos. La base Cine Nacional registra su intervención en más de treinta películas, aunque algunas corresponden a obras posteriores basadas en textos suyos.
Peronismo, marginación y últimos años: Entre 1952 y 1955 dirigió el suplemento cultural de La Prensa, cuando el diario se encontraba administrado por la Confederación General del Trabajo. Tiempo reunió colaboradores de distintas posiciones políticas, entre ellos Pablo Neruda, Ramón J. Sender, Elías Castelnuovo, Leopoldo Marechal y Leonardo Castellani. Su desempeño lo vinculó públicamente con el peronismo y, después del derrocamiento de Juan Domingo Perón, contribuyó a que se le cerraran espacios en diarios, editoriales, el teatro y el cine. Sus cartas muestran una relación más compleja que una afiliación partidaria: defendía principios del justicialismo y reconocía su cercanía con el movimiento, aunque sostuvo que nunca había pertenecido formalmente al partido y que había dirigido el suplemento con autonomía editorial.
Las dificultades de trabajo posteriores a 1955 lo llevaron a residir en Bélgica entre 1961 y 1966. Regresó a la Argentina y en 1973 fue designado director del Teatro Nacional Cervantes por el gobierno de Héctor Cámpora. Permaneció en el cargo hasta el golpe de Estado de 1976, cuando fue apartado bajo acusaciones que recuperaban, medio siglo después, tanto su relación con la izquierda como la antigua historia de Clara Beter.
La variedad de su producción dificultó su incorporación a una sola historia literaria. Tiempo perteneció a Boedo, pero mantuvo vínculos con escritores de procedencias muy distintas; fue una figura central de la cultura judía argentina y al mismo tiempo discutió con sus instituciones; apoyó al peronismo sin aceptar una identificación partidaria completa; escribió poesía, pero buena parte de su actividad transcurrió en el periodismo, el teatro y el cine. Esa movilidad, que le permitió intervenir en espacios muy diferentes, también contribuyó a su posterior relegamiento. Falleció en Buenos Aires el 24 de octubre de 1980.
M. Eichelbaum - Reproducido en esta edición