Diálogo con Borges
Victoria Ocampo
Editorial El Ateneo - Sur
2014
Tapa blanda, rústica con solapas
165 páginas
Numerosas fotografías y reproducciones
Tamaño 21x23 (oblongo)
Prólogo de María Kodama
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Impecable estado.
Sin detalles.

✶ PRÓLOGO:
La urdimbre de la vida está entretejida con hilos mágicos, hilos de una sutileza tal que forman un dibujo ininteligible para la razón pero que, quizás, son lazos que van uniendo almas afines.
El hecho de escribir este “prólogo” para un “diálogo” sería prueba de ello. Es comenzar una bifurcación a partir de la “palabra”, es decir, del “logos”, para ofrecer a los lectores una de las formas más acabadas de la civilización, que tuvo su cuna en Grecia: la conversación entre seres humanos para zanjar diferencias, exponer formas de pensamiento o simplemente para recordar, en esa intimidad que crea justamente el diálogo con un amigo, el transcurso de nuestras vidas. Este diálogo tiene lugar entre dos seres, cada uno a su manera excepcional, Jorge Luis Borges y Victoria Ocampo. Dejo el verbo en presente porque quizá, como en alguno de los cuentos de Borges, el diálogo continúa en algún punto del universo. En este diálogo vemos cómo, a través de caminos diferentes, convergían en su percepción y busca del sentido estético en la literatura, en el arte y en una inquebrantable ética.
Victoria Ocampo fue una mujer vanguardista en el sentido más amplio del término, tuvo el valor de romper una tradición, de hierro en su época, para instaurar la propia, la de una mujer independiente, que condujo su vida con fuerza y generosidad. Puso su fortuna al servicio de la cultura, fundó la mítica revista Sur y supo descubrir y rodearse de talentos que constituyeron la gran literatura y el arte argentino del siglo XX. Entre sus colaboradores estaban Mujica Lainez, Alberto Girri, Eduardo Mallea, Silvina Ocampo, Enrique Pezzoni, Alberto Erro y Borges...
Pero ella no se conformaba solo con esto, quiso que su país trascendiera las fronteras y que la riqueza intelectual del mundo llegara a la Argentina. Por eso trajo a escritores y artistas de Europa para que conocieran y estuvieran en contacto con intelectuales y artistas argentinos. Les organizaba conferencias, conciertos, recitales... Justamente uno de los escritores invitados por Victoria Ocampo fue Roger Caillois; conoció a Borges en las reuniones, verdaderos cenáculos literarios en la casa de Victoria, leyó su obra y deslumbrado y maravillado por su escritura lo tradujo y lo proyectó a la fama en Francia, que en ese momento era decir el mundo. Borges, con esa nobleza y gratitud que lo caracterizaban, nunca olvidó a su traductor.
En este diálogo en el que no hay curiosidad morbosa, en el que no hay desbordes o proyecciones imaginativas que distorsionen la esencia del entrevistado, en este diálogo casi oriental por esas características, hay otro elemento: la fotografía. Es a través de las fotos de un álbum familiar, a través de la descripción de esas fotos que van pasando desgranadas como las cuentas de un rosario o como un koan para abrir la mente al recuerdo, que desfilan los padres, su adorada abuela inglesa orgullosa de su sangre y su cortesía hasta en el momento de su muerte.
También esa coincidencia que deslumbraba y sobrecogía a Borges: el nombre Junín que designa a dos lugares geográficamente separados pero que sellaron por caminos brutalmente opuestos el destino de dos de sus antepasados. Junín en la Argentina donde su abuelo Borges a raíz de un malentendido que lo hacía aparecer como traidor fue al encuentro del enemigo cabalgando, envuelto en un poncho blanco, desarmado, para hacerse matar. Por otra parte, su bisabuelo materno, el coronel Suárez, que cuando la batalla estaba perdida, irrumpió con su carga de caballería y ganó la libertad del Perú y su gloria en Junín.
Borges confiesa de una manera íntima y dolida el remordimiento de haberse sentido muy desdichado en parte por el fracaso de las múltiples operaciones de la vista que debió aceptar y de haber apenado a sus padres por no ocultarles su tristeza.
Hay algo fundamental en este diálogo y es cómo muestra esa esencia indestructible que él sentía como imposible de cambiar o modificar aun si, como en broma decía, existiera la reencarnación. Esa esencia que lo hizo aceptar y asumir su destino: ser escritor.
Esa intensa aceptación que era carne de su alma y de su vida y que atraviesa toda su creación está expresada en lo que le comenta a Victoria cuando ella le describe la escalera de una casa y Borges le responde: “Si se trata de nuestra casa de Anchorena, entonces habré estado pensando en el cuento ‘Las ruinas circulares’. Pasé una semana escribiéndolo. Durante esa semana iba a trabajar a la biblioteca de Almagro, iba al cinematógrafo alguna vez, veía a mis amigos, pero todo eso era como si ocurriera en un sueño, porque yo estaba viviendo, mientras tanto, como no he vivido una obra literaria ni antes ni después, ‘Las ruinas circulares’”.
Hoy hay una placa conmemorativa que la Fundación Internacional Jorge Luis Borges hizo colocar y que marca el tiempo que Borges vivió en ella y como testimonio de la creación de ese cuento figura el comienzo de “Las ruinas circulares”.
Esta historia, como todas las historias, comenzó a tejerse mágicamente mucho tiempo antes, cuando una niña leyó ese cuento y sin entenderlo sintió esa intensidad con que fue escrito, esa belleza y ese misterio frutos de la creación y se convirtió desde ese instante en su cuento preferido.
El azar, el Ker entre los griegos al que hasta los dioses debían acatar, quiso que por ese relato la casa de al lado se convirtiera en la sede de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y del Museo Borges, pero esa es otra historia del Ker...

✶ INDICE:
- Prólogo - María Kodama
- Una amistad compleja en el jardín de los senderos que se bifurcan - Odile Felgine
- Jorge Luis Borges - Victoria Ocampo
- Victoria Ocampo - Jorge Luis Borges
- Diálogo - Victoria Ocampo
- Cartas - Jorge Luis Borges, Leonor Acevedo de Borges, Norah Borges, Victoria Ocampo
- Todo lo hizo por la cultura - Jorge Luis Borges
- Notas
- Créditos fotográficos

✶ TODO LO HIZO POR LA CULTURA - JORGE LUIS BORGES
La conocí hacia 1925. Me la presentó su hermana, Silvina, que era amiga de mi hermana Norah, la pintora. Yo pasaba temporadas en su quinta de Mar del Plata. Caminábamos por ahí y hablábamos de literatura. En aquellos tiempos se hablaba mucho de literatura; un hábito que se ha perdido. Antes no se hablaba de política como ahora. Ni de deportes, porque no interesaban. Ella tenía el amor por la literatura inglesa y la literatura francesa.
La vida de Victoria ha sido una vida benemérita. ¡Todo lo que ella ha hecho por nuestra cultura! Además de su obra literaria, su obra personal, que es considerable, además de eso, la editorial y la revista Sur han hecho mucho, todos somos deudores de ella.
Victoria estuvo honrosamente en la cárcel. En tiempos de Perón estuvo un mes en la cárcel. La gente suele olvidarse de eso. Pasó un mes en la cárcel de la calle Pavón o Caseros, no sé. Por el sur...
Fue una mujer independiente y habló con tanta libertad que la condenaron a la cárcel de mujeres. En cambio mi hermana estuvo presa en El Buen Pastor, en la calle Riobamba, pero mucho antes. Y recuerdo que cuando salió de la cárcel vino aquí, a verla a mi madre, que antes había estado presa también. Ella ha traído a este país gente muy importante que ha dado conferencias: Ortega y Gasset, Keyserling, Waldo Frank, Graham Greene. Continuamente había un fervor literario en su vida.
Era la persona menos protocolar que he conocido. La persona menos oficial. Otra cosa: ella era una mujer de fortuna y dedicó su fortuna a la revista Sur y a educar realmente al país. Era una mujer rica, dicen. Pero esa riqueza ella la dedicó a la cultura y tuvo que vender la mitad de su finca. Fue, quizá, la mujer más eminente de este país. Era una linda mujer. Claro, yo siempre la veía como una persona mayor. No sé si tuvo un Packard alguna vez, como dice algún recorte de diario, pero estoy seguro que no era snob. Se apartó del ambiente social y se dedicó al ambiente literario.
Mi relación con ella ha sido de algún modo impersonal. Quiero decir que yo no le he hecho confidencias a ella ni ella me las ha hecho a mí. Hablábamos de literatura. Durante la dictadura también hablábamos de política como todo el mundo. Creo que era muy amiga de María Rosa Oliver, que ha muerto. Durante las temporadas que pasábamos en Mar del Plata era muy alegre, le gustaba mucho hacer bromas. Era hospitalaria. No creo que sea importante decir que no le gustaba el pollo y la espinaca. Puede decirse que abominaba el alcohol y que nunca se sirvió vino en su casa.
Yo sólo le debo favores. Favores hechos de la manera más delicada posible. Yo fui director de la Biblioteca Nacional porque eso fue sugerido por Esther Zemborain de Torres Duggan y por Victoria Ocampo. Fueron ellas las que iniciaron la campaña para que me nombraran en ese cargo. Yo le dije a Victoria: “¡Qué disparate, me queda grande el cargo! ¡Si pudieran nombrarme director de la Biblioteca de Lomas de Zamora, sería suficiente!”. Y ella me dijo: “¡No sea idiota!”. Y consiguió aquello, que era un cargo mucho más importante. Siempre nos tratamos de usted. Además ella era mayor que yo, nunca me hubiera atrevido a tutearla. Soportó la crítica y la incomprensión muchas veces, pero no creo que le doliera. Era muy valiente.
Era la síntesis de la mujer argentina, sobre todo porque se interesaba mucho por todo el mundo. Ese amor que tenía por todos los países es una cosa muy argentina. Había nacido en el centro, en Viamonte y San Martín, en una casa de alto. Éramos casi del mismo barrio, porque yo nací en Tucumán y Suipacha, pero en una casa baja, con patio y aljibe.
Es imposible definirla con una sola palabra. La mejor forma de definirla es decir Victoria Ocampo.
