Poemas
Gonzalo de Berceo
Editorial Zeus
Colección Podium
1969
Tapa dura (cartoné simil piel roja)
429 páginas
Encuadernación decorada, cortes dorados y guardas ilustradas a color
Impreso en Barcelona (España)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes mínimos por paso del tiempo.
✶ PRÓLOGO:
Gonzalvo fue so nomne. El primer nombre conocido de la poesía castellana. Vivió en la primera mitad del siglo XIII. En 1237 era presbítero y su nombre figura en varias escrituras de fecha posterior. En cuanto al lugar de su nacimiento, según los versos de la Vida de San Millán citados más arriba, tanto pudiera haber nacido en San Millán como en Berceo —ambos en la Rioja—, ya que la palabra natural equivalía a “oriundo de un lugar donde estaba el linaje”, aunque no se hubiera nacido en él. Y confirma esta duda la contraposición entre natural y nado, que parece observarse en el último de los versos citados. El decirse criado en San Millán no sólo no destruye la hipótesis, sino que parece corroborarla.
Hay que clasificar a Gonzalo de Berceo como un poeta culto. Él mismo así se considera, a pesar del popularismo y de la aparentemente espontánea ingenuidad de su poesía. Se precia de no ser juglar. Los versos del Libro de Alexandre: Mester trago fermoso, non es de ioglaria; Mester es sen pecado, ca es de clerecía; Fablar curso rimado per la cuaderna vía, a sílauas cuntadas ca es grant maestría; los hubiera firmado con gusto Gonzalo de Berceo como manifiesto. En estos versos se oculta una orgullosa declaración de superioridad sobre los juglares, apenas disfrazada por el titubeo encantador del idioma medieval. Y si su ministerio quizá le lleva a adoptar a veces el tono y las expresiones propias de los juglares para acercar su poesía al pueblo —Quiero fer vna prosa en roman paladino / en qual suele el pueblo fablar con su uecino, / ca non so tan letrado por fer otro latino: / bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.—, lo hace a sabiendas de que utiliza un magnífico recurso poético, y además de gran efecto.
Es poco probable, por otra parte, que Berceo saliese nunca a la plaza pública a escuchar al juglar que recitara sus versos. Mucho menos que los recitase él alguna vez. Basta con leer en voz alta una sola estrofa de cualquiera de sus composiciones para comprobarlo. Berceo nunca oyó sus versos. Hay poesía escrita para ser oída y poesía que se escribe, como dice Gabriel Celaya, para ser “viciosamente leída a solas”. Y la poesía de Berceo es de esta última clase. Gonzalo de Berceo es el típico representante —además del más alto ejemplo— del mester de clerecía. Es un poeta sabio para quien las normas de la preceptiva son el uniforme que le distingue de la vulgar juglaría. Sus versos están siempre perfectamente contados, métricamente contados y son regulares, “preceptivamente” regulares, pero cojean cuando son leídos naturalmente, porque la pronunciación normal del español exige —por ejemplo— la sinalefa, que Berceo jamás emplea.
No es, pues, un poeta ingenuo. Es un erudito —sobre todo un gran conocedor de la literatura religiosa y agiográfica—, cuyo genio poético le permite romper la barrera clasista entre juglaría y clerecía, en una obra preñada de encanto, espontaneidad y sabroso popularismo. El solo hecho de firmar —Gonzalvo fue so nomne— debiera ponernos en guardia contra la imagen del humilde frailecito de San Millán de la Cogolla que parece quisiera hacernos ver en sus composiciones.
Se ha gozado hasta ahora presentando a Berceo como un poeta simple, ingenuo y humilde, como un lego rústico, cuyo único —por lo menos principal— mérito hubiera sido transmitir a los versos directamente, sin previa intención y elaboración, su propia ingenuidad y simplicidad. Sin embargo, es necesaria más sabiduría y dominio de la técnica poética para conseguir la sencillez de que alardea —porque esa es la palabra—, que fue simple e indocta. Sabe que se dirige a un auditorio inculto y utiliza no sólo su idioma, sino sus expresiones y su mentalidad. El pintoresquismo de algunos de sus versos, algunos recursos humorísticos están usados después de haber aquilatado el efecto que van a producir en quienes le escuchan o le leen. Sabe dónde y cómo tiene que emocionar y dónde y cómo tiene que hacer reír.
Los milagros, por ejemplo, de los que luego hablaré, son verdaderas vulgarizaciones en verso de hechos muy serios en la mente de los más cultos varones del medioevo. No podemos confundir la ingenuidad de una persona respecto a la sofisticación de otra, con lo que nos parece ingenuidad y no es más que el relativo primitivismo de la mentalidad medieval respecto al sofisticado pensamiento de nuestra época. Y cuando Berceo nos parece ingenuo o rústico —dejando aparte la deliciosa frescura del idioma— es porque los temas de sus composiciones nos parecen rústicos e ingenuos; no porque lo sean para él. Como no era trivial ni ridículo ni “bizantino” discutir el sexo de los ángeles, cuando se discutió.
Pero basta con observar que la técnica es perfecta —si se analiza prescindiendo del fondo, hasta fría—, que la forma se mantiene siempre equilibrada, sin concesiones al auditorio, para que se desvanezca la idea de ingenuidad. Las concesiones se acaban donde acaba lo que cuenta. Y lo que escribe lo escribe para los demás, pero se reserva para sí la forma, es decir, sólo él y los iniciados como él en los secretos de la preceptiva podrían gustar, no ya del asunto de sus poemas que pueden leer en latín en la biblioteca del monasterio, sino de la perfección métrica de un poema escrito en un idioma que está naciendo y que por ello supone un magnífico campo de experimentación.
Y en la biblioteca del monasterio encontró Berceo la relación latina del abad Grimaldo, de la que extrajo su Vida de Santo Domingo de Silos, y la noticia de San Braulio acerca de San Millán, a la que agregó los votos de los castellanos; y la biografía escrita por el Monje Munio, que le sirvió para componer su Vida de Santa Oria. Los Loores de Nuestra Señora, junto con los Milagros, hacen de Berceo uno de los mejores representantes de la tradición mariana medieval.
MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA
Es sin duda alguna la mejor de sus obras. Son un conjunto de veinticinco narraciones precedidas de una introducción alegórica, que cuentan diversos milagros que la Virgen ha realizado en favor de algunos de sus devotos. No aspira a ser original. Continuamente nos repite que está copiando de otro texto, sin duda en latín. Lo más probable es que Berceo encontrase el asunto de estos milagros en alguno de los mariales latinos que circulaban en Europa desde los siglos XI y XII. Se conserva algún manuscrito que contiene los mismos milagros que incluyó Berceo en su obra y contados en el mismo orden. Pero contados por Berceo se convierten en una verdadera joya. En forma agradable, con realismo que excluye todo artificio retórico y un lenguaje muy simple, cotidiano, refiere los veinticinco milagros, como el del ladrón que se salva de ser ajusticiado porque la Virgen le sostiene de los pies y le protege la garganta; el del vicario Teófilo, que consigue romper su pacto con el diablo; el de las cinco rosas que florecen en la boca de un monje devoto de la Virgen; el de los ladrones castigados por robar en la iglesia de Ceinos; el del crucifijo que sirve de testigo en un pleito, asunto parecido al que utilizó Zorrilla en su leyenda A buen juez mejor testigo; el de la Abadesa encinta...
Cualquiera de ellos es un ejemplo de como el genio poético es capaz de saltar por encima de los obstáculos inherentes a una narración continuada y a la monotonía del metro. Berceo pasa incluso por encima de la rudeza del lenguaje y presta a su poesía una frescura y una fragancia que sólo volveremos a encontrar en la mejor poesía lírica de nuestra literatura.
✶ INDICE:
Prólogo
Vidas de santos
Escomienza la vida del glorioso confesor
Santo Domingo de Silos
Aqui escomjesça la estoria
de Sennor Sant Millan,
tornada de latin en romance,
la qual conposo Maestre
Gonçalo de Berçeo.
El segundo libro
El tercer libro
De como Sant Millan
ganó los votos
Martirio
de San Lorenzo
La vida de Santa Oria
Estos uersos infra escriptos
son los que estan escriptos
en la lapida do yaze
Sennora Sancta Auria Uirgen:
Loores de Nuestra Señora
Milagros de Nuestra Señora
Introduccion
a los milagros
de Nuestra Señora
1. La casulla de san Yldefonso
2. El sacristán impúdico
3. El clérigo y la flor
4. El premio de la Virgen
5. El pobre caritativo
6. El ladrón devoto
7. El monje y san Pedro
8. El romero de Santiago
9. El clérigo ignorante
10. Los dos hermanos
11. El labrador avaro
12. El prior y el sacristán
13. El nuevo obispo
14. La imagen respetada
15. La boda y la Virgen
16. El niño judío
17. La iglesia profanada
18. Los judíos de Toledo
19. Un parto maravilloso
20. El clérigo embriagado
21. De commo vna abbadessa fue prennada,
et por su conbento fue acusada,
et despues por la Uirgen librada
22. El náufrago salvado
23. La deuda pagada
Otros poemas
La iglesia robada
De como Teofilo fizo carta
con el diablo de su anjma
et despues fue convertido e saluo
Loor de Berceo
