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Revista Satura N° 6

Publicación anual de poesía y literatura

Fernando Kofman (director)

Editorial Talleres Gráficos HUR

Año V - N°6

1984

Tapa blanda

17 páginas

Arte de tapa: George Grosz

Ilustraciones en interior de Henri Michaux y Carlos Godoy

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes mínimos por paso del tiempo.

 

✶ CONTENIDO:

Director:

Fernando Kofman

Asesor principal:

Esteban Moore

Diagramación y armado:

HUR

Colaboradores:

Adrián Rimondino, Carlos Santos Sáez, Jorge Santiago Perednik, Simón Kargieman, Marcelo Di Marco

Ilustración de tapa:

George Grosz

Ilustraciones en interior:

Henri Michaux y Carlos Godoy

 

✶ INDICE:

- La poesía en nuestro período de terror, por Fernando Kofman

- Breve selección:

“Curso a seguir”, por Adrián Rimondino

“La navaja turra”, por Carlos Santos Sáez

“Ser somos qué?”, por Esteban Moore

“El shock de los Lender” (fragmento), por Jorge Santiago Perednik

“Contrapunto, armonía y fuga” (fragmento), por Simón Kargieman

“Lucila in Wonderland”, por Marcelo Di Marco

 

LA POESÍA EN NUESTRO PERÍODO DE TERROR

I – Noticia sobre la nueva poesía

Creo que una literatura se mantiene viva si se transforma permanentemente, si somete a su lenguaje a un proceso continuo de cambio. Estimo que esto no es una afirmación nueva, que en algunos de sus artículos lo dijo Eliot. Acometer tan precipitadamente un balance de estas innovaciones, que viene aportando la poesía de los años 80, sería un exceso de vanidad, casi un deseo solapado de erigirse en fiscal entre lo acontecido y lo que acontece, y esas tareas, casi siempre imponen una desgracia: la omnipotencia de abarcar todo el fenómeno cuando en realidad sólo se conoce una parte de él. Aún así veo que lo que han traído y están trayendo estos nuevos poetas son ansias de experimentar y desmantelar el lenguaje, de imponerle otros ritmos y otros riesgos, por los que escasamente se había interesado la poesía argentina. A mediados de esta década no se puede decir que exista un movimiento que esté arrasando con todas las estéticas del pasado. Hay signos, creaciones, que evidencian esa intención. Pero creo además que tampoco se puede afirmar como se dijo en algún momento que en los últimos veinte años no han aparecido poetas de significación.

Imposibilitados por la época para expresarse, los jóvenes poetas crearon sus revistas (Oliverio, Último Reino, Xul, La Danza del Ratón y otras) y procuraron reflejar un idioma mucho más vivo que el que circulaba en los diarios y en los suplementos literarios. Estos años terribles acuñaron un lenguaje oficial, tal como lo vio Karl Kraus en Alemania nazi. Era un lenguaje que seducía por sus metáforas, por esa racionalidad cínica que disfrazaba los hechos. Hubo creadores que percibieron este fenómeno, hubo otros que conociéndolo, lo pasaron por alto.

También frente a esta realidad que ofreció y ofrece Buenos Aires, el fenómeno tiene otros aspectos, el de aquellos que ubicados en algún sitio del interior del país trabajaron en silencio y seriamente. No caen a veces en el histrionismo que manifiesta esta ciudad y sus propuestas estéticas también procuran intentarlo todo, llegar al fondo de los temas. Registrar y hacer balance me parece más una tarea contable que literaria, pero hay revistas y poemas que creo se han movido en esa dirección. Podría ser el caso de algunos poetas de Azul, del suplemento de “El Tiempo” de esa ciudad, de Moisés en Chubut, de Anadon y otros jóvenes poetas en Córdoba, de la revista “Proemio” en Corrientes. Pero todos los inventarios son precarios; lo valedero, me parece, es que se arriesgaron a crear espacios críticos y literarios en circunstancias adversas, a arrojar una palabra crítica en medio del vasto silencio.

II – La elección en la creación

La creación en literatura y también en otras artes, según la ve Adorno, tiene su propia “identidad”. Una identidad que la congela en el tiempo, pero que la hace trascendente a partir de que es un producto de su tiempo. La idea que tenían ciertos poetas románticos o el propio Mallarmé, de trabajar un “arte puro”, los cegaba frente a la dialéctica de toda obra de arte. Aun haciendo abstracción de lo contingente, de lo que se denomina “escorias de la época”, la obra se muestra como un producto de su época. Haciendo hincapié en el silencio de un aspecto, este aspecto aparece, precisamente por su no-mención. La propia obra, con la compañía del trasfondo histórico, en el futuro se encargará de hablar de este silencio. Si Yeats hubiera continuado trabajando sus libros últimos, como los primeros, toda su simbología irlandesa romántica, hubiera quedado como ahora lo está: envejecida, desarticulada. Sólo que quedaría como trasfondo de ella: las rebeliones populares irlandesas, la independencia, la primera guerra mundial, como algo vivo, presente; algo que hubiera acechado en todo instante la producción de Yeats. Por suerte para él, su instinto, sus lecturas, las propias bofetadas de la historia en su cara, modificaron su poesía. Nos dejó: “Pascua 1916”, “La torre”, “Un aviador irlandés prevé su muerte” y otras composiciones donde encarna con todas sus contradicciones su época.

En todo momento, en toda época la elección es desconsoladora. Se forma parte de la historia, se puede incidir en algo sobre ella, pero hay más y variados factores que la crean. El poeta o el artista siempre tiende a fijarse un terreno seguro donde habitar, donde afirmar sus creaciones. También porque el espejismo de la inmanencia de sus obras le hace creer que allí las tormentas históricas no entran. Se mueve así detrás del mito de crear un arte congelado en el tiempo, como si se pudiera crear también un pensar inmutable. El pensar, creo, es dialéctico, paradojal, tiene su propia ley de movimiento. Al igual que el arte, cuando se procura fijarlo se lo detiene. Se lo transforma, también, en dogma. Esta inmovilidad que algunos creadores quieren darle a su arte es lo que los lleva, estimo, a eludir los aspectos degradantes de la historia.

III – La poesía en nuestro período de terror

Nadie ignora ahora el genocidio que hemos padecido, el horror que convivió con nosotros y disolvió nuestro lenguaje. Sin embargo aquello que observa George Steiner en la literatura que se manifestó en el período nazi: “el idioma no fue inocente de los horrores” y “el idioma si deja de ser un organismo vivo deja de ser idioma”, ha caído como una terrible verdad sobre la poesía que se manifestó entre 1976-1983, años de barbarie, de extendida irracionalidad.

El fenómeno de la literatura en este tiempo tuvo alguna semejanza con lo ocurrido en Alemania, pero también existieron matices diferentes. Hubo poetas que optaron por escribir y no publicar, mutilados en parte por la presencia en todo instante de la muerte, pero con cierta conciencia para ver el sinsentido de cualquier publicación en ese dominio regulado por crímenes y propaganda. Sin duda que la necesidad de expresión permanecía y crearon así espacios reducidos como las revistas de poesía que les permitieron ir afirmando ideas, creaciones y puntos de vista, dentro de un ámbito muy restringido. Eran breves ilusiones en un paisaje en ruinas. Otros poetas hicieron del olvido una práctica. Parecieron atraídos por la sombra de aquel Gottfried Benn complaciente, que para mitigar los dolores del horror y de la guerra, se refugió en su poesía ultra-artística. Posteriormente Benn reconoció estos errores. El recuerdo de estos años me trae la presencia de poetas como Girri y Armani familiarizados con las actitudes de Benn, publicando y afianzando su reputación en los suplementos literarios de la época. Sin duda que como lo expresaba Eliot, hay poetas que se esfuerzan para que sus obras sean leídas después de muertos, mucho tiempo. Estos poetas parecieron perseguir ese propósito estuviera Atila o Nixon en el trono. Aquella inmutabilidad que antes mencionaba como deseo de algunos creadores para su obra, pareciera traslucirse de sus actos. Así en la persecución de tales fines, dejan ambos obras poéticas deplorables como “Recreos del tiempo” (1978) o “Lo propio, lo de todos” (1980). En estas reflexiones mías, muchos discípulos y amigos de ambos dirán que lo que aquí se realiza es una nueva versión del parricidio. Sin embargo descreo del parricidio porque veo en él un rito que una vez consumado afianza al verdugo en el poder y luego a partir de allí instaura el infanticidio o la eliminación de los jóvenes. Creo simplemente en aquello que describe G. Steiner reflejado en nuestro país: “la historia de posguerra del idioma alemán ha sido la historia del disimulo y el olvido deliberados”. Hubo bastantes poetas que trataron de transgredir este hecho consumado. Yo he tratado de seleccionar aquellos que más me impresionaron. Tal vez otros hagan un trabajo más exhaustivo. De este modo aquellos que estimaban su arte en apoteosis verán en cuántos aspectos está en retroceso.

Fernando Kofman