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Ignacio Zuloaga

AA.VV.

Imprimerie La Semeuse

Circa 1910

Profusamente ilustrado: reproducciones b/n

Tapa blanda, rústica sin solapas

Ex Libris Ing. Mario Pedro Arata

38 páginas

Impreso en París (Francia)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes menores por paso del tiempo.

 

 

✶ EL ARTE DE ZULOAGA:

Al rogarme Zuloaga que escribiera unas cuantas páginas para presentarle al público argentino, le pedí, como condición previa, que me permitiera traducir ó copiar algo de lo mucho que sobre él han escrito los críticos de arte de Europa y Norte-América. Y esta es la causa de que aparezcan en este catálogo las diversas apreciaciones que siguen á estas líneas.

Las razones que me impulsaron á reproducir esos juicios son dos. En primer término, como ha observado M. Blanche, que no es solo un excelente crítico sino uno de los mejores pintores de la Francia moderna, es carácter distintivo de la obra de Zuloaga su complejidad. Una apreciación crítica que pretendiera hacer justicia al pintor vascongado tendría que fijarse en el colorido de sus obras, en su arabesco, en su composición, en su carácter decorativo, en su aspecto literario, en su técnica, en su emoción, en su energía, en su españolismo, en su romanticismo, en su clasicismo, en su parentesco con la pintura de los grandes maestros españoles, en sus relaciones con el arte contemporáneo, en las más sutiles y no menos importantes con la pintura primitiva y con el arte oriental y en la poderosa influencia que vienen ejerciendo de algunos años á esta parte no ya solo en la pintura española sino en la europea y no ya únicamente en la pintura sino en el movimiento artístico moderno. Sería muy difícil decir cual de estos aspectos es el esencial en su pintura. Todos ellos parecen esenciales y acaso lo sean. Pero cada uno de ellos requeriría estudio aparte para fijarlo críticamente con alguna aproximación. Estos estudios no podrían hacerse sin poner en ellos varios meses de trabajo. El firmante no dispone sino de un par de días, tiempo apenas suficiente para concentrar su atención en uno sólo de esos aspectos. Consiguientemente se ve reducido al dilema de señalar alguna de las cualidades de la obra de Zuloaga, prescindiendo acaso de las más importantes ó de apelar al testimonio de otros críticos de arte. Ha preferido lo segundo.

La otra razón que me ha inducido á escudarme en la autoridad de plumas más reputadas que la mía depende de uno de los caracteres de la pintura de Zuloaga: su preferencia hacia los asuntos violentos y su manera violenta de tratarlos. Esta tendencia no le privará de la admiración de los artistas. Para todo artista el asunto es indiferente; lo único que para él existe es la expresión, la forma. “Sabrás que la materia, —decía León Hebreo, con palabras gloriosas— fundamento de todos los cuerpos inferiores, es de suyo fea y madre de toda fealdad en ellos, pero formada se torna hermosa por participación del mundo espiritual. Como rayos del sol, las formas descienden á ella del entendimiento divino y de la ánima del mundo ó del mundo espiritual ó del celestial”. Para el público no artista, sin embargo, la materia de una obra, entendiendo por materia el asunto, es lo que le interesa. Pues antes de que se deje llevar por la impresión primera, tal vez desconcertante, que pueden producirle las obras de Zuloaga, quisiera que se fijase en las que ha suscitado entre los jueces más refinados y exigentes de Europa á fin de que tanto los críticos como los curiosos vuelvan sobre si mismos y hagan un esfuerzo por analizar sus impresiones. Este análisis de las primeras impresiones es el cedazo que separa al artista superficial del artista sólido. Pues bien, yo espero que el prestigio de las apreciaciones recogidas persuadirán al lector inatento de que las obras de Zuloaga tienen derecho á ser analizadas con algún reposo antes de juzgarlas definitivamente.

Pero la tarea de escoger juicios referentes á la obra de Zuloaga era mucho más difícil de lo que podía imaginarse. La dificultad primera procedía de la enorme masa de material acumulado por las amorosas manos de la Señora de Zuloaga. Dudo mucho que á ningún otro artista se hayan consagrado tantos artículos en diarios y revistas. Desde luego puede afirmarse en redondo que ningún otro pintor moderno ha originado tal cantidad de escritos. He pasado dos días enteros sin conseguir no ya leerlos todos, pero ni siquiera pasar los ojos por buena parte de ellos. Tal vez los más interesantes se han quedado en los álbums.

La segunda dificultad la creé yo mismo. Me propuse que la personalidad artística de Zuloaga quedase definida de modo completo y dentro de la menor cantidad posible de espacio. A este efecto he tenido que prescindir de todos aquellos escritos en que la emoción suscitada por la obra de Zuloaga se expresa emocionalmente, por adjetivos cálidos, y no por un impulso de definición, de substantivación. En la inmensa mayoría de los casos los críticos se limitan á admirar ó á condenar, á decir que una obra les parece buena ó les parece mala; rara vez disponen del tiempo necesario para interpretar sus emociones y emplazar al artista que juzgan en la debida perspectiva. En el caso de una personalidad tan original y sorprendente como la de este artista la dificultad es mayor, pues no es empeño baladí el intentar clasificarle.

Dada, sin embargo, la enorme cantidad de literatura suscitada por los lienzos de Zuloaga, tal vez hubiera sido posible realizar mi idea de presentar un análisis coherente y relativamente completo de la vida y obras de este artista con solo juntar y titular los pasajes más característicos de los escritos que ha inspirado. Desgraciadamente solo he tenido tiempo de señalar los párrafos de más bulto referentes á su filiación artística, su influencia, sus imitadores, los caracteres de su pintura y los momentos culminantes de su vida: familia é infancia, vacilaciones juveniles, revelacion del propio temperamento ante las obras del Greco, éxitos primeros en París, ver rechazado por el Jurado de la sección española de la Exposición de París de 1900 el cuadro que despues mereció la codiciada distinción de ser adquirido por el Museo de Bruselas, su éxito en el Salon de París de 1903, el haber compartido con el octogenario Menzel y con el escultor Rodin el puesto de honor en la Exposición de Düsseldorf, sus aficiones de coleccionista de cuadros españoles, etc.

No obstante el auxilio de treinta y tantos colaboradores tengo que rendirme á la evidencia del fracaso. Se me figura que lo esencial de esta figura artística está aún por definir. Ni aún atacándolo desde tantos puntos de vista se logra arrancar su secreto á Zuloaga. Tal vez su encanto indefinible dependa de una contradicción radical entre su emocionalismo y su técnica, entre su temperamento indómito y su maestría pictórica, entre su romanticismo y su clasicismo, entre el artista y el pintor, como ha apuntado el Padre Gil. En algunas obras diríase que se trata de un romántico, de un soñador, de un descubridor de sensaciones. Fijaos, por ejemplo, en el paisaje que titula Burgos. Habrá críticos que exclamen al verlo: “¡Si Burgos no es así!” ¿No es así? ¿Estáis seguro de ello? Verdad que no es así; Burgos es hasta cierto punto una ciudad provinciana moderna. Y, con todo, los que hemos pasado en Burgos unas cuantas horas, ¿recordamos alguna cosa de la ciudad moderna? ¿No vemos á Burgos en nuestros sueños como una fortaleza y una catedral perdidas en el desierto bajo un cielo infinito? Y esta visión romántica de Burgos, ¿no es más verdad que la verdad?

En otros lienzos, en sus retratos principalmente, parece que lo característico en Zuloaga es el realismo intenso, un realismo de parti pris y de sacrificios, que solo ve en cada original los rasgos salientes y que efectúa todos los sacrificios necesarios para realzar esos rasgos.

Tal, por ejemplo, el titulado Mi prima Cándida, en el que parece no haber más que ojos. En otras obras, el realismo se complica con elementos emocionales. Fijaos en el desnudo que aparece en el cuadro Verano. Es un desnudo pujante, ticianesco; lo que á primera vista le caracteriza es simplemente la excepcional energía. Pero cuando cierra los ojos el espectador siente que la cabeza se le ha llenado de fuego. Es, indudablemente, el fuego que el artista ha añadido á la realidad. A presencia de este cuadro se me ocurre que debe de haber dos modos fundamentales de interpretar el desnudo; la manera lunar, argentina y platónica ó en tono menor; y el modo solar, áureo y carnal ó en tono mayor, pero caigo en la cuenta de que esta clasificación no es original. Fué, si mal no recuerdo, el Greco, maestro en ambas, el primero en distinguir la pintura fría de la cálida.

Otro aspecto romántico de la pintura de Zuloaga es su inclinación á expresar lo monstruoso: brujas, enanos, gitanas pintarrajeadas, decrepitudes y desolaciones castellanas. La causa de esta inclinación ha de hallarse en la esencia misma del romanticismo. Pudiera decirse grosso modo, que el romanticismo en el arte es energía y el clasicismo, saber. Pero la energía, aun siendo tan grande como la de este vasco agresivo y atlético, tiene sus límites, ¡y los siente! El más allá de la energía está en el misterio y el hombre enérgico experimenta invencible tendencia á atribuir poderes misteriosos á los Quasimodos que le salen al paso. Los hombres débiles temen á los fuertes, pero tambien los fuertes á los débiles. No de otro modo ha de explicarse el terror curioso y admirativo que los Niebelungos inspiraban á los antiguos guerreros teutónicos.

Este aspecto romántico-energético de la pintura de Zuloaga es el que principalmente ha interesado á los críticos alemanes. En el pintor vascongado han visto preferentemente la encarnación del daimonium de que hablaba Goethe, la personificación del espíritu orgiástico y dionisiaco cantado por Nietzsche, la expresion de una fuerza elemental y renovadora que sirve para sacudir la mentalidad germánica del nirvana idealístico en que tiende frecuentemente á sumergirse. En cambio, acaso, lo que principalmente ha despertado la admiración de los franceses es el clasicismo con que Zuloaga expresa su romanticismo emocional.

Hoy es París la capital pictórica del mundo y al mismo tiempo la capital de Francia. La tradicion francesa es clásica; sus cualidades permanentes son la claridad, la buena ordenación, la economía de los medios de expresión. Actualmente Francia padece la irrupción de diversos movimientos pictóricos: el impresionismo, el naturalismo, el luminismo, el puntillismo, el simbolismo, que no ha logrado asimilar aún para someterlos á la disciplina clásica. Hay críticos y pensadores que van más lejos y aseguran que la pintura europea padece todavía de la excesiva irrupción de materia y de conceptos que acarreó el Renacimiento. Es lo cierto que en estos años últimos se ha estudiado más profundamente que nunca el arte dórico y el greco-romano en general, se está penetrando en el arte de Egipto y de la India y se está desmenuzando las diversas escuelas artísticas de China y del Japón. Las revelaciones se suceden las unas á las otras con vertiginosa rapidez. Pero una cosa es cierta. El conocimiento cada vez más completo del arte oriental está habituando al público culto á la apreciación de su reserva, de la economía de sus medios y de su exquisita perfección cualitativa y lo aparta cada día más fuertemente del material excesivo y basto de las escuelas naturalistas. Pues el éxito de Zuloaga en París se debe probablemente á que sus obras satisfacen con audacia los anhelos de esta conciencia nueva, á que ha sabido desprenderse de la abrumadora representación de lo meramente curioso, para no expresar sino los elementos esenciales de las cosas, resucitando de esta suerte las mejores tradiciones del arte occidental.

Cada una de estas sugestiones, como las que van á continuación firmadas por otros nombres, requeriría detenido análisis para que apareciera justificadas por sí misma. Espero que la contemplación de los lienzos dirá lo que la prosa crítica no dice. Y á falta de más tiempo, termino bruscamente manifestando que la mayoría de los lienzos reproducidos en este catálogo representan la calidad normal de la pintura de este artista y bastan para explicar la rapidez y frecuencia insólitas con que pasan sus obras de las Exposiciones á los Museos europeos más severos en la seleccion de sus obras. Algunos de estos lienzos se salen de ese nivel normal. Si me lo permitiérais yo señalaría, entre otros, los titulados Castilla la Vieja y Las Brujas de San Millan. No me parece aventurado indicar que rebasan las cimas del talento para tocar en los planos del genio.

RAMIRO DE MAEZTU

Londres, Marzo, 1910.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ INDICE:

- Lista de los cuadros presentados en Buenos Aires

- El arte de Zuloaga, por Ramiro de Maeztu

Familia e infancia

Incertidumbre de los veinte años

Retroceso para el avance

El hombre

El español

El artista y el pintor

Sus líneas y arabescos

Su color

Su composición

Su clasicismo decorativo

Su complejidad

Sus convencionalismos

Su renovación

El meditativo

Sus andaluzas

La España religiosa

Las impresionistas y Zuloaga

El greco y Zuloaga

El Tintoretto y Zuloaga

Goya y Zuloaga

Velázquez y Zuloaga

El coleccionista

Zuloaga en Alemania

Zuloaga y “Carmen” en Dusseldorff

Nietzsche y Zuloaga

Los imitadores de Zuloaga

- Lista de obras de Zuloaga

 

Reproducida en esta edición