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Lluvia para Yosia

Agustín Cuzzani

Editorial Mayo

1950 - 1 edicion

Tapa blanda, rústica con solapas

125 páginas

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Tapa levemente deslucida.

 

✶ SINOPSIS:

Agustin A. Cuzzani es un autor joven, que entrega sus primeros trabajos al público, trayendo el testimonio de una nueva generación de novelistas después de haber acumulado inéditas varias novelas que verán la luz en breve.

En Lluvia para Yosia, nacen apenas perfilados algunos de los personajes que pueblan sus trabajos posteriores.

Inclinado a internarse por inesperados senderos, acostumbra este autor a so-prendernos con derogaciones imperceptibles de la lógica, con pequeños huecos de absurdo donde anidan imágenes de innegable poesía.

Así se encontrará el lector con la descripción del circo, la campanilla de la barrera o la historia del novio que se disolvió en la lluvia.

La Editorial Mayo presenta al lector este primer trabajo, en la seguridad de ponerlo en contacto con un curioso y original amigo.

La lluvia despertaba en la pequeña Yosia extraños impulsos que la arrojaban a las calles mojadas, buscando, buscando...

Así, en esta ronda alucinada surgen perfiles y bocetos de seres como “El Serio García, Matías el Guardabarreras y otros que entrevistos un instante dejan en el lector una extraña impresión de fantasmas.

Al mismo tiempo, tras la acción de la novela se desarrolla un argumento de contradanza que cierra un círculo de personajes.

Una antigua estampita, parecida a un naipe de baraja, actúa como núcleo de la composición. Lleva bajo la figura, esta curiosa tésis: “Los Dioses, cuando adquieren un nombre, comienzan a no existir”.

 

✶ AGUSTÍN CUZZANI:

Nació en Carlos Casares, provincia de Buenos Aires, en 1924, y murió el 25 de diciembre de 1987 en Los Cocos, Córdoba. Abogado recibido en la Universidad de Buenos Aires en 1944, militante comunista que rompió con el Partido Comunista Argentino en 1968 por la invasión soviética a Checoslovaquia, lector devoto de James Joyce, Francisco de Quevedo y Bertolt Brecht, publicó sus primeros textos siendo todavía estudiante y se vinculó tempranamente con el teatro independiente porteño. Participó de la fundación del Teatro Fray Mocho y fue uno de los responsables de la reaparición de La Máscara, dos de los pilares del teatro independiente en la Argentina de mediados del siglo XX.

Antes de consagrarse como dramaturgo publicó narrativa: Mundos absurdos (1943), su primer libro de cuentos, y las novelas Lluvia para Yosia (1950) y Las puertas del verano (1956), que llamaron la atención de la crítica por la novedad de su estilo y una intencionalidad social que se acentuaría en su teatro. El salto decisivo llegó en 1954 con el estreno de Una libra de carne en el Teatro La Máscara, dirigida por Onofre Lovero, que obtuvo gran éxito en Argentina, América Latina y Europa. Al año siguiente estrenó El centroforward murió al amanecer, la pieza que lo consagraría y que fue traducida a dieciocho idiomas, representada en todo el mundo y llevada al cine en 1961 por René Mugica, película que representó a la Argentina en el Festival de Cannes y fue nominada a la Palma de Oro al mejor director.

Con esas dos obras quedó definido el género que Cuzzani denominó farsátira: una fusión de farsa y sátira que él mismo describió como escrita con “ánimo burlón”, donde los personajes pierden su individualidad para convertirse en tipos, el absurdo se emplea como instrumento de denuncia y la crítica al capitalismo y a la deshumanización del mundo moderno avanza por la vía del humor. El biógrafo Klaus Portl lo situó entre los dramaturgos más importantes del teatro de vanguardia argentino, señalando que su propósito temático gira alrededor de la libertad individual y la justicia social. Entre sus obras posteriores se cuentan Los indios estaban cabreros (1958), Sempronio (1958) y Para que se cumplan las Escrituras (1965). También escribió para televisión y radio, y su guion Cinco gallinas y el cielo recibió el Premio Nacional a la mejor adaptación cinematográfica en 1957. Luego de casi dos décadas de silencio impuesto por la censura, durante las cuales escribió la “trajodia” Argamenón y las ubres, volvió a estrenar en 1983. En 1984 recibió el Premio Konex. Sus obras completas fueron publicadas por Almagesto en 1988, un año después de su muerte.