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Breve Historia del Vidrio

Luis Pindur

Editorial EDIBER

2016

Tapa blanda, rústica con amplias solapas

188 páginas

Tamaño 26x23

Papel ilustración. Numerosas reproducciones y fotografías

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Impecable estado.

Sin detalles.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ SINOPSIS:

“Breve historia del vidrio” de Luis Pindur propone el encuentro con la obra de un químico experto en la producción y elaboración de vidrio que, en 1947, volcó su experiencia en un texto original mecanografiado. El autor dominaba varios idiomas: checo, alemán, inglés, español y se desenvolvía correctamente con el portugués, italiano y francés, lo que le permitió acceder a la lectura de libros técnicos de distintos orígenes. Además de este trabajo acerca de procesos de fabricación, métodos, formulaciones y características de los vidrios, escribió artículos de divulgación técnico-científica para la revista del Instituto Checo del Vidrio y el Anuario Jackson.

Nació el 27 de abril de 1889 en Vilkovice, Moravia, actual República Checa, bajo el nombre de Aloisio. Graduado como ingeniero químico en la Universidad de Praga, se desempeñó en establecimientos siderúrgico-mineros trabajando en la producción de acero en altos hornos, subproductos químicos, materiales refractarios y plantas purificadoras de minerales.

Emigró a nuestro país en 1923, dos años más tarde obtuvo la ciudadanía argentina y en 1926 ingresó como químico a las Cristalerías Rigolleau donde permaneció 25 años desempeñando cargos como Técnico Vidriero, Jefe de Laboratorio y Subdirector. Durante su gestión, visitó los principales centros vidrieros de Francia, Alemania y Checoslovaquia. Ante la escasez de materias primas ocurrida en la crisis de 1929, recorrió el país en busca de minerales sustitutos de los importados e impulsó el reciclado del vidrio aportando soluciones innovadoras para la empresa. En 1934 viajó a EE.UU. y Canadá para capacitarse en la fabricación del vidrio Pyrex en la Corning Glass.

Trabajó como Asesor y Director en la Cristalería de Cuyo, Mendoza, a partir de 1951. A lo largo de su vida fue consultado para la puesta en marcha de nuevas fábricas y para asesorar en empresas ya instaladas en ciudades como Tegucigalpa (Honduras), Caracas (Venezuela), Río de Janeiro (Brasil), Lima (Perú) y Santiago (Chile).

Luis Pindur falleció el mismo día de su nacimiento, en 1976. Fue un humanista apasionado por la lectura y la música, un químico creativo e inquieto que aportó con su compromiso profesional a la cultura del trabajo y a la identidad vidriera de Berazategui.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ INDICE:

- Breve historia del vidrio

- Algunos conceptos sobre el vidrio

Capítulo 1

- Vidrio y color

Capítulo 2

- Métodos de fabricación

Capítulo 3

- Trabajos de terminación y de taller en los vidrios

Capítulo 4

- Puntos de fusión

Capítulo 5

- El proceso del temple del vidrio

Capítulo 6

- Materias primas para la fabricación de vidrio

Piezas de la colección familiar / Vidrio

Capítulo 7

- Etapas de la fabricación

Capítulo 8

- Hornos de vidrio

Capítulo 9

- Combustible

- Corriente eléctrica

- Pirometría

Capítulo 10

- Medición de tiro y presión

Capítulo 11

- Defectos del vidrio

 

✶ PRÓLOGO:

La publicación de los escritos de Aloisio –Luis– Pindur nos permite construir memoria y profundizar la matriz identitaria que tiene Berazategui como Capital Nacional del Vidrio. Con este libro, la Municipalidad de Berazategui a través de la Secretaría de Cultura y de EdiBer, sello editorial municipal, renueva su compromiso con la cultura del trabajo y sus protagonistas.

Años atrás, Dagmar Beatriz Pindur ofreció en donación al Museo Histórico y Natural de Berazategui una importante colección documental relacionada con el vidrio que perteneció a Aloisio, su padre. El valioso acervo, conformado por libros en diferentes idiomas, documentos y planos, contenía además un trabajo de excepción: un ejemplar mecanografiado de la “Breve historia del vidrio” que Pindur realizó para una publicación que no alcanzó a materializar.

Casi setenta años después, los métodos, procesos y formulaciones de sus libretas de notas que luego pasara a máquina toman la forma de un libro. Asumimos su publicación con la alegría de compartir con toda la comunidad el patrimonio que nos ha confiado su familia. Al leerlo podemos imaginar al autor en los años ‘40 dando rápidos golpeteos sobre las teclas de la máquina de escribir en una etapa histórica en la que se dinamizaba la interrelación entre ciencia, tecnología y producción y donde la pasión por los desafíos marcaba la diferencia.

Este libro da cuenta de sus conocimientos, experiencia en la industria y su profundo deseo de compartir el capital vidriero adquirido en largos años de dedicado expertise. La distancia temporal y contextual que nos separa del autor no nos aleja de la posibilidad de aprehender el material y valorarlo, sin acudir a la rigurosidad científica y entendiendo que algunos presupuestos del contenido puedan resultar extemporáneos.

Luis Pindur fue un humanista apasionado por la lectura y la música, tocaba varios instrumentos y hablaba siete idiomas. Trabajó durante 25 años en las Cristalerías Rigolleau, llegando a ocupar el cargo de Subdirector y en ese período escribió este documento. Fue un químico creativo y metódico que recorrió el país buscando minerales para sustituir importaciones y propuso el reciclado del vidrio como recurso innovador para la producción, estrategia de impacto directo en la estabilidad de la compañía.

Celebramos que Rigolleau S.A., la empresa que abraza la ciudad de Berazategui y que es símbolo del vidrio, acompañe con su apoyo esta publicación. De este modo, la industria emblema de la ciudad revela su compromiso con el pasado y presente de nuestra comunidad.

Nuestro agradecimiento a la Sra. Dagmar Beatriz Pindur y a Daniela y Andrea Berardi Pindur por la confiada espera para la publicación de este libro.

 

✶ BREVE HISTORIA DEL VIDRIO:

El descubrimiento del vidrio, como ocurrió con otros eventos que marcaron el paso de la civilización humana, se pierde en los más remotos umbrales de la historia. La oscuridad, impera transitoriamente de origen volcánico, es en realidad un vidrio natural y es una de las materias primas más antiguas que ya el hombre de la caverna usaba para fabricar sus primitivas armas, las lanzas y flechas.

En la Edad de Bronce, el hombre aprendió el uso del fuego y el tratamiento de minerales y empezó a fundir metales. Las escorias (desperdicios producidos en sus primitivos hornos) fueron los primeros vidrios artificiales producidos por el hombre y su aplicación en la cerámica marcó el camino hacia la industrialización.

Es mucho más probable el proceso de evolución mencionado que la fábula de Plinio que en su Historia natural, describe el invento del vidrio como obra de la casualidad. Según su relato, fueron unos navegantes fenicios quienes al preparar su merienda en la costa arenosa del río Belus, y usando como soportes para sus ollas bloques de “nitro”, encontraron las escorias del hogar una materia transparente hasta entonces desconocida: el vidrio.

La explicación se presta a crítica, sabiéndose en el presente que la unión de las materias primas que entran en la composición del vidrio se verifica a altísimas temperaturas, algo imposible de conseguir al aire libre.

El relato de Plinio debe más bien considerarse como una de tantas fantásticas leyendas con las cuales los autores antiguos trataban de llenar las lagunas de la investigación histórica.

El vidrio más viejo conocido es un amuleto egipcio de una edad de 7000 años. Egipto fue uno de los centros vidrieros más antiguos, rivalizando sólo con los babilonios, de donde conocemos las primeras recetas vidrieras. En la infancia de la fabricación de vidrio formaba parte de las ciencias secretas, era ejercida sólo por los sacerdotes y estaba naturalmente rodeada de una aureola de misticismo y superstición.

Los antiguos no conocían la “caña”, instrumento principal del vidriero descubierta recién durante el advenimiento de la era cristiana. El proceso de la manufactura era el colado, el moldeado por prensas primitivas y el recubrimiento de moldes de arena. El vidrio blanco era desconocido y todos los artículos predominaba el color verde o azul, producido por las impurezas o agregados intencionales de unos pocos metales conocidos, como hierro, cobre, estaño y, más tarde, cobalto.

Durante el Imperio de Roma y el gobierno del emperador Severus, la industria tomó un gran impulso: existían barrios enteros de vidrieros que pagaban fuertes tributos. Las imitaciones de joyas, vasos y urnas funerarias eran los principales objetos del vidrio y demostraban una gran habilidad y concepción artística.

La invasión de los Bárbaros marca un paréntesis en la historia del vidrio. La caída del imperio romano y su decadencia repercute en la floreciente industria, que se ve obligada a emigrar a otros países. El arte vidriero resurge de nuevo recién en Bizancio, donde en el siglo VI el emperador Justiniano por primera vez emplea el vidrio coloreado en la construcción de la gran Basílica de Constantinopla.

Durante los primeros siglos de la era cristiana el vidrio fue objeto de lujo. El naciente feudalismo y la iglesia no admitían el desarrollo del arte; la atmósfera de misticismo religioso ahogaba cualquier forma de inquietud artística.

Recién después de las Cruzadas el centro vidriero se desplazó a Venecia que orgullosamente se titulaba la “Dueña de los mares”, dado que su poderío aumentaba día tras día. La vida fastuosa de la nobleza enriquecida propiciaba el cultivo de las artes, por eso pronto la ciudad de los canales adquiere importancia y fama. En la isla de Murano se forma un gran barrio vidriero, donde obreros escogidos de todos los centros vidrieros conocidos unen su habilidad para producir admirables objetos. Inventores de esos días de mercurio fabrican verdaderas obras artísticas que se pagan a precio de oro y son disputadas por príncipes y reyes. En el inventario del francés Jean-Baptiste Colbert, ministro del rey Luis XIV, figura un espejo de Murano en marco de plata valuado en 8.016 liras, en contraste con un cuadro de Rafael, valuado sólo en 3.000 liras.

El famoso Consejo de los diez, a cargo de garantizar la seguridad en la floreciente república veneciana, dicta severas leyes para proteger la industria vidriera. Los obreros están confinados en un barrio amurallado, son obligados a casarse sólo entre miembros de la “casta”, los hijos deben seguir el oficio de los padres y pagan con la vida cualquier divulgación de los secretos de su arte. Si a pesar del hermetismo alguien consigue abandonar la isla, sus parientes son encarcelados hasta el regreso del culpable, y si la desobediencia se prolonga, un emisario sale en busca del rebelde con orden de eliminarlo con puñal o veneno.

Las primorosas copas venecianas, cuyos pies se parecen al tallo de las flores y cuyo cáliz es de una fragilidad y delgadez inverosímil, hoy día se consideran verdaderas joyas y causan admiración en los grandes museos.

En el siglo XVII la industria vidriera florece en todas partes. En Francia descubren la manera de laminar el vidrio; en Bohemia aparece el primer vidrio tallado, de una blancura y brillo inigualable; en Inglaterra reemplazan la leña por el carbón y empiezan a fabricar el famoso “Flint-glass”, primer paso hacia la industrialización de vidrios ópticos. La falta de homogeneidad y las estrías en los vidrios para lentes obligan a buscar nuevos métodos para combatir tales defectos. Así, un simple relojero suizo de apellido Guignand descubre que la perfecta homogeneidad se consigue revolviendo la masa fundida con varillas de material refractario, e introduce el temple “fino” del producto para eliminar las más mínimas tensiones internas.

El sacerdote de Florencia, Antonio Neri, describe en 1612 la primera tecnología del vidrio en su “L'Arte Vetraria”, en colaboración del alemán Kunckel y Merett, el primer registro de investigación científica y recetario de la época. Kunckel descubre de nuevo el olvidado arte de producir el vidrio rubí a base de oro, arte que se consideraba completamente perdido.

A mediados del siglo XIX aparecen los estudios del profesor Ernst Karl Abbe con el industrial Otto Schott para producir nuevos tipos de vidrio con fines ópticos. Los simples vidrios a base de cuarzo, cal, soda y potasa, y ocasionalmente plomo ceden a la nueva serie de vidrios donde figuran los elementos flúor, boro, zinc y aluminio, contándose pronto unos 25 elementos nuevos que enriquecen la química del vidrio. Los primeros estudios para obtener vidrios ópticos de distintos índices de refracción y dispersión derivan en estudios de la resistencia química y térmica y los trabajos son coronados con éxito al descubrir innumerables clases de vidrios para los más diversos usos: vidrio resistente de laboratorio, vidrios para niveles de calderas, tubos para lámparas de mineros y, más tarde, tubos para ampollas y termómetros.

En el siglo XX, el trabajo y los métodos empleados por la industria no presentan mayores diferencias respecto de los usados en el pasado. El trabajo manual sigue fielmente su tradición, pero la máquina entra triunfalmente en casi todos los renglones de la industria cuando se trata de producir grandes cantidades. Esto ocurrió principalmente en los Estados Unidos, donde la técnica mecánica llegó a producir máquinas de una eficiencia maravillosa. Podemos citar como ejemplo la máquina Owens para botellas; los “feeders”; el proceso Colburn continuo, para estirar hojas de vidrio de ventana; la máquina Corning que produce quinientas bombitas eléctricas por minuto; la máquina que produce lana de vidrio y la que se utiliza para tirar tubos, etc.

El siglo XX ha sido denominado el “siglo del vidrio” y podemos mirar hacia el futuro con orgullo, esperando que la marcha del ingenio humano hacia el progreso descubrirá nuevos usos y fines a un producto tan noble, del cual dice el poeta: “Vidrio hijo del fuego y hermano de la luz”.

 

Reproducida en esta edición