Arte bajo la ciudad: murales cerámicos, cementos, relieves y esculturales en los Subterráneos de Buenos Aires
AA.VV.
Manrique Zago Ediciones
1978
Bilingüe castellano-inglés
Tapa dura
275 páginas
Profusamente ilustrado con láminas en b/n y color, algunas desplegables.
Obras: Fernando Álvarez Sotomayor, Carlos Benvenuto, Guillermo Butler, Rafael Cuenca Muñoz, Santiago José Chiérico, Otto Durá, Perla Echenique, Manuel Escasany, Rodolfo Franco y otros. Textos y comentarios de José Bossio, Romualdo Brughetti, Susana Cattaneo, Bernardo Canal Feijóo, Ernesto Sábato y otros.
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Encuadernación levemente desgastada. Sin la sobrecubierta original. Por dentro en excelente estado.
✶ CREPÚSCULO EN BS AS - ERNESTO SÁBATO
Apoyándose contra la balaustrada de la Costanera, dejó divagar su pensamiento.
Las gaviotas iban y venían.
Todo era tan frágil, tan transitorio. Escribir al menos para eternizar algo pasajero. Pero, qué de todo aquello? Qué arduo era, qué vidriosamente desesperado.
Nada y todo, casi dijo en alta voz. Miraba hacia el cielo tormentoso y oía el rítmico golpetear del río lateral que no corre en ninguna dirección, el río que se extiende casi inmóvil sobre cien kilómetros de ancho, como un apacible lago, y, en los días de tempestuoso viento, como un embravecido mar. Pero en ese momento, en aquel caluroso día de verano, en aquel húmedo y pesado atardecer, con la transparente bruma de Buenos Aires velando la silueta de los rascacielos contra los grandes nubarrones tormentosos del oeste, apenas rizado por una brisa distraída, su piel se estremecía apenas como por el recuerdo apagado de sus grandes tempestades: esas grandes tempestades que seguramente sueñan los mares cuando dormitan, tempestades apenas fantasmales e incorpóreas, sueños de tempestades, que sólo alcanzan a estremecer la superficie de sus aguas, como se estremecen y surcan casi imperceptiblemente los grandes mastines dormidos que sueñan con cacerías o peleas.
Contemplaba las siluetas de los rascacielos. Diez, doce millones de argentinos, españoles, italianos, vascos, alemanes, húngaros, rusos, polacos, checos, sirios, libaneses, lituanos, griegos y judíos.
Oh, Babilonia.
Contemplaba con mirada de pequeño dios impotente el conglomerado turbio y gigantesco, tierno y brutal, aborrecible y querido, que, como un temible leviatán, se recortaba contra los nubarrones del oeste.
Peones y ricos, pobres y banqueros, hermosos y jorobados.
El sol se ponía y a cada segundo cambiaba el color de las nubes en el poniente. Grandes desgarrones grisvioláceos se destacaban sobre un fondo de nubes más lejos: grises, lilas, negruzcas. “Lástima ese rosado”, pensó, como si estuviera en una exposición de pintura. Luego el rosado se fue agrandando más y más, abaratando todo. Hasta que empezó a apagarse y, pasando hacia el violáceo, llegó al gris oscuro y finalmente al negro que anuncia siempre la muerte, que siempre es solemne y acaba por conferir dignidad a todo.
Y el sol desapareció. Y un día más terminó en Buenos Aires. (De la novela "Sobre Héroes y Tumbas".)
Reproducida en esta edición
✶ AL RESCATE DE LO COTIDIANO - MANRIQUE ZAGO
Cada vez, nos quedábamos con la postergación en la mirada. El subte arrancaba y los murales, nuevamente se disolvían en fragmentos sin respuesta. Unas baldosas de batalla hoy, un paisaje en fuga hacia mañana, la actividad del puerto de pronto, bajo los pies.
Y así íbamos reconstruyendo piezas sueltas de un rompecabezas, cuya integración dejábamos para quien sabe qué oportunidad. Y los días y viajes se sucedían arraigando esa vaga sensación de perder algo tan nuestro como lo cotidiano.
Todos los porteños vivimos eso alguna vez. El Ingeniero Oscar F. Córdova también.
Había soñado que en su Administración, esos murales, patrimonio de Subterráneos de Buenos Aires, saldrían al encuentro de la ciudad.
Nos conocimos un día, recorrimos los andenes uno a uno y decidimos. El pensamiento aquél había tomado vida.
Por su parte, fue la colaboración técnica necesaria, por la nuestra, la creatividad de un equipo: Y días, noches madrugadas de trabajo.
El ciclo se ha cumplido. Ahora el rompecabezas de los murales fragmentados está resuelto. Bastará dejarse invadir por la poesía y los colores de estas páginas para recorrerlo todo. Y en detalles.
Estructuramos los motivos según una continuidad temática, marcando un tiempo progresivo. Hervé K. Cordón resolvió la ecuación fotográfica, Atilio S. Dabini la coordinación literaria y decenas de colaboradores aportaron pericia y buena voluntad.
Donde golpeamos, recibimos respuesta. El rescate se fue convirtiendo en compromiso de muchos, porque los murales de los subtes forman parte de la historia de la ciudad y representan, más allá de su cerámica decoración, valores permanentes.
Buenos Aires, fue una vez más, la protagonista. Nosotros intentamos dar vida aquí, a una aspiración de Hugo Parpagnoli, quién en 1972, en una pausa de trabajo, nos confiara: “El día que en el planeamiento de la más imponente urbanización, se concilien los valores de la economía y la gracia, la solidez de la factura y la gratuidad de la intención, ese día la Ciudad será un vivo museo de arte moderno”.
Arte recreado a diario en la visión inesperada. Por esa actitud que nos hace sorprender cada vez. Al bajar de un subte, por ejemplo.
O abriendo un libro.
El editor

Reproducida en esta edición
✶ INDICE:
01. La Ciudad, museo de arte
- Por Hugo Parpagnoli
02. Crepúsculo en Buenos Aires
- Por Ernesto Sábato
03. Al rescate de lo cotidiano
- Por el editor
04. Desde Altamira a Buenos Aires
- Por Romualdo Brughetti
05. Murales: psicología y arte
- Por Gerardo Masini
06. Descubriendo la Ciudad
- Por José María Peña
07. Páginas de la Ciudad
- Por Jorge Bossio
08. Los murales y su entorno
- Por Hervé K. Cordón
09. La técnica de los esgrafiados
- Por Susana Cattaneo e Irma Molino
10. Paisajes de España
- Murales de Fernando Álvarez Sotomayor, Rafael Cuenca Muñoz, Manuel Escasany, Martín S. Noel e Ignacio Zuloaga
- Textos de Arturo Cuadrado
11. América y España
- Murales de Rodolfo Franco
- Textos de Arturo Cuadrado
12. Las Misiones Jesuíticas
- Murales de Léonie Matthis de Villar
- Textos de Jorge Bossio
13. Mitos y Leyendas argentinos
- Mural de Alfredo Guido
- Textos de Bernardo Canal Feijóo
14. San Martín y su obra
- Cementos policromados de Rodolfo Medina
- Textos de Rodolfo Medina
15. Jujuy y los Gauchos Norteños
- Murales de Alejandro Sirio
- Textos de José T. Goiret
16. La Batalla de Caseros
- Mural de Léonie Matthis de Villar
- Textos de José T. Goiret
17. La Entrada triunfal de Urquiza en Buenos Aires
- Mural de Léonie Matthis de Villar
- Textos de José T. Goiret
18. La Conquista del Desierto. Fundación de pueblos en la pampa
- Murales de Antonio Ortiz Echagüe
- Textos de Raúl Saint Mézard
19. Viaje a través de un siglo. Buenos Aires-El Cuzco en 1830 y 1939
- Murales de Rodolfo Franco y Alfredo Guido
- Textos de Carlos Sosa Romero y Francisco N. Juárez
20. Escenas y Paisajes. Temas de la Ciudad y la Sierra
- Murales de Carlos Benvenuto, Guillermo Butler, Rafael Cuenca Muñoz, Otto Durá, José Millé, Primaldo Mónaco y Benito Quinquela Martín
- Textos de Osiris Chiérico y Francisco N. Juárez
21. Otras expresiones de arte bajo la ciudad
- Obras de Santiago Chiérico, Perla Echenique, Luis Perlotti y Carlos Reyes
22. Valores perdurables
- Por Amadeo Dell’Acqua
23. Los artistas y sus obras
- Por Julio Imbert
Reproducida en esta edición
✶ LAS MISIONES JESUÍTICAS - JORGE BOSSIO
Las misiones jesuíticas se establecieron en el Río de la Plata desde 1607 y su desarrollo se extendió hasta 1767, cuando Carlos III, rey de España, decretó la expulsión de la Orden. Durante ese siglo y medio una eficiente y progresista organización floreció en las cercanías de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, donde al típico bosque de la zona se agregó el resplandeciente perfil de sus ciudadelas. En ellas los misioneros de la Compañía de Jesús aglutinaron a la población aborigen proporcionándole un trato humanitario que la resarcía de las penurias impuestas hasta entonces por los encomenderos.
Ya en 1652 el padre Francisco Díaz Taño tenía consignado en sus registros 48 poblaciones. Una de ellas, San Ignacio Miní, constituyó un sólido exponente arquitectónico, cuyos vestigios pueden aún hoy admirarse en la provincia de Misiones. Magníficos, los edificios que flanqueaban la plaza, el convento y la iglesia entre otros, se destacaban de las casas dispuestas en manzanas. Los frentes disponían de amplios aleros que en su continuidad permitían paseos bajo las peores inclemencias del tiempo. No faltaba el hospital y el alejado cementerio.
La vida de las tribus era comunitaria en lo laboral durante la primera mitad de la semana. También eran colectivas algunas ceremonias como el besamanos, que caciques y capitanes cumplimentaban frente al sacerdote antes de entrar al templo, o la consagración de matrimonios. En los talleres de los conventos, los hijos del país se iniciaban en las artes y los oficios: escultura, dibujo y pintura, carpintería, tallado, impresión y hasta relojería.
Además de las actividades artesanales, agrícolas y religiosas, había que destacar las de carácter defensivo-militar dispuestas a proteger las misiones del ataque de tribus indígenas adversas y bandas paulistas.
Las Misiones llegaron en su máximo esplendor a tener una población cercana a los 150.000 habitantes.
La llegada de los jesuitas a la cuenca del Río de la Plata, en la primera década del siglo XVII, significó, para las tribus aborígenes puestas bajo su jurisdicción, la adecuación a una vida disciplinada y comunitaria. Lentamente se consiguió que fuera aceptada la monogamia y de esa manera, los matrimonios pudieron ser consagrados por los misioneros en ceremonias colectivas en las cuales las parejas eran uncidas en el atrio. Se trataba de una verdadera fiesta de la comunidad que jerarquizaba la iniciación de la nueva etapa de vida familiar a emprender.
Reproducida en esta edición