Las horas libres
Martín "Poni" Micharvegas
Ediciones Sunda
1966 - 1 edición
Tapa blanda, rústica sin solapas
60 páginas
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Tapa y lomo con mínimas fatigas y desgastes. Cercos de humedad en los márgenes inferiores, sin afectar el texto ni la lectura (ver fotos).
Luis Felipe Noé y Martín Poni Micharvegas
✶ FRAGMENTO:
Éste es el sitio: la carne helada del sol, una partícula de su palabra. Grumos del pensamiento cerrados, movibles, llenos de posibilidad o muerte. Éste es el sitio: fibras del mar, poros de la tierra, regiones dentro o fuera nuestro hijas de las horas que nunca olvidarás, que no sabrás el nombre, pero sobre todo fermento aquietado sin desesperación, sin amar ganando siempre.
Éste es el sitio. Lo reconocería con los ojos cerrados pero abro los ojos. Puedo alcanzarlo con sólo acercar una de mis manos y cierro la mano. Dentro o fuera nuestro, hijo de las horas, ha extendido sus pelos y dormimos en él.
Aquí, Íntima como los sueños, Íntima, me sucederás, me acaecerás y no te sentiré una noche, en un amanecer. Sin mayor desastre o miseria mi vida hacia otras extensiones, no el cielo de todos los días, no la pieza con el pecho combado bajo el peso del sol, no la lámpara de kerosén de tu infancia (violencia e incomprensión durante años) sino llano, planicie, tierra lacia, tierra tibia como agua a tus pies.
Cerrada como la vida por aquí ronda mi amor, la mujer-animal que repite mi aliento. Ella duerme a mi lado y repite mi aliento, pedazos de cenizas con la huella de sus labios. Servida en estos terrenos por el macho toruno ella oculta sus días horadados, escaleras impresas con el talón persistente de las despedidas. Te lo dijiste en voz alta, lo has vuelto a repetir como si vivieras desde hace tiempo en esa certeza: vive, vive su boca inagotable. Y viva esa boca graba recuerdos desalentadores sobre la espalda oscura del animal parpadeante. Ella se abre de brazos ante un mar parpadeante y liba lentamente la carne del amor.
Duermo entre tus pelos, como mi pedazo de carne entre tus dientes, aterrado escupo en el morir de tus días.
Hijo de las horas, debes saber:
Te descubro atravesando un patio, las mismas hojas sobre otras estrellas. Han pasado los días, la vida va. Te sorprendo en una calle de la cual he sabido los olores que arrancaban las puertas de las casas. Otras horas sobre mí. Manías pasajeras, amistades sospechosas, lugares anegados y ese pueblo con deleites peligrosos haciéndome sangrar, ¿dónde irías?
Cruzo la ciudad, una recurrencia obligada. Voy detrás de la confabulación de la noche del estruendo de los carteles de gas y de la bella que no ceda al rezo del adiós. Miren mis rasgos, los próximos treinta años. Miren los rincones que quisiera engullir, abandonarme a ellos en un empuje de desprecio, mírenlos, no saben nada. Estás despojado, sin pellejo, sin coraza frente a ellos como ellos frente a vos y ya no importa no comprender más. Creíste abandonarlo todo, confiabas en que volverías a nacer. Donde fueras. Donde fueras. No habrá renacimiento, nueva encarnadura, olvido.
Un avión anuncia al circo Borzio Brothers’. Es una voz de mujer la voz del avión. Hubo tormenta esta mañana y ahora las terrazas están limpias. Comienzo de la gran función nocturna: un hombre de unos treinta años ahogado en sus propios sueños. Vean los reducidores de cabezas, la leona que roe la leña de su catre.
Han ocurrido desgracias, te escribo, la guerra ha sido aquí. Estamos en setiembre, los tacos de aquel mes en la escalera. He muerto en acción de batalla familiar, te escribo, pero todo cicatriza y florece. No valen otras historias que no sean las nuestras y sólo estas orillas son apasionantes (pensamos pensamientos).
La casa que trato de olvidar respira, es un pozo de aire, se balancean sus hilos de luz, corre por ellos una electricidad vieja, es un vacío tatuado con palmas de manos, hay cuadros colgados con caras de terror, colores sumisos que no quieren decir nada, la mujer del gotán, el animal huesoso (cuerpo de pájaro o de perro), libros cerrados con polvo en los lomos, cajas de chascos con el péndulo de un reloj muerto en una hora dada y ya frita, una hora con oscilaciones que llegan por un tope hasta donde no se suelen referir otras cosas que pañuelos mojados en sangre o esponjas y el otro balanceo se estanca en la vida posible. Has creído, ¿pero en quién? Todo parte.
Trato de rescatar una casa vacía como un pozo de luz, una casa recorrida por hilos de una electricidad vieja y válida donde mueren caras colgadas en el balanceo de un animal esquelético tatuado con registros de manos y plantas que marcaron las despedidas, es un hoyo de aire cruzado por caras cubiertas de polvo y olor a frito donde el amor muerto después de recorrer en movimiento pendular la vida posible se da vuelta, gira los ojos de terror, se transforma en una mujer huesosa con cara de pájaro, ríe sumisa, se entinta las manos al sacudir el lomo de un perro que respira dentro del silencio que asienta lento como polvo, ríe y se muere, se muere espantosamente porque su sangre no puede decir nada y crece como una esponja, se retuerce las manos de perro, las manos de ida y vuelta, se retuerce y ríe y muere ese silencio pero no dirá nada del pozo de aire que huele en la luz.
Y a esta hora la leona orinará con ardor entre sus pajas, erecta de celo bajo las sombras de su catre, atenta a las palabras del domador en alta voz. La leona que lame su melena con dientes largos, la leona sana, sin venéreas o sacudones imprevisibles en sus genes, la virgen engañada desde los pantanos puros hasta esta selva, mi amante.
Y están las bandadas de cisnes silbadores que dificultan la visión cuando no producen el choque fatal de los aviones comerciales. Y está el enjambre de esos mismos pájaros apropiándose del sueño rítmico de la leona, la piel blanca del rostro pegada a los huesos. Y estoy yo que trato de saber qué será de ese hueco de casa que no quiero dejar de retomar, este hilo recorrido por una corriente de polvo, por esta lluvia eléctrica con iluminaciones rápidas que huelen a fritura y a pozo, a manos retorcidas de un hervor, a respiraciones lentas atravesadas por hilos donde se para a predecir un pájaro en huesos y donde estarán creciendo plantas de pie que no sabrán partir sino es bajo el péndulo del tope al tope.
Y ahora en los restos dispersos en algún campo vacío de girasol o maíz o en los asientos explotados repartidos sobre una colina o sobre alguna salina espejeante del sur, y en los torsos todavía con el cinturón ajustado y a medio vestir, con pasajes en las manos o cigarrillos y copas que nunca alcanzarán a llevarse a los labios, y aun en el hueco reciente abierto en la bandada por el paso de la aeronave, o en el sueño de la leona perforado con lonjas negras y gotas de piel y restos de fantasías que llevan dentro de sí temores de venganza o castigo y/o plumas y/u ojos silbadores, y hasta en el instante sin contacto con tierra del salto del trapecista (presión de sus manos a formas de vivir), o en la vivacidad falsa de la mujer que baila arriba del caballo, o en ese mismo solar de la palabra de amor dada y vuelta a recibir no importa en qué jaula o pieza o ciudad (sitio cerrado o sitio abierto sitio inviolable de todos modos), y finalmente en la lucha a dentelladas entre las contingencias comunes contra la intimidad del sueño o de la muerte, la vida pública contra las horas libres, el mismo desamparo.
✶ INDICE:
1- Las Horas Libres
2- Contrapresiones

✶ MARTÍN “PONI” MICHARVEGAS
Martín «Poni» Micharvegas nació en San Fernando, provincia de Buenos Aires, el 30 de noviembre de 1935, con el nombre de Luis María Martínez Cornaglia. «Poni» era un apodo de juventud, de origen impreciso, mientras que Martín Micharvegas fue el nombre que eligió alrededor para desarrollar su actividad artística. Murió en Madrid el 10 de noviembre de 2016, veinte días antes de cumplir ochenta y un años. Su trayectoria reunió la poesía y la canción con el dibujo, la traducción, la edición y el psicoanálisis, prácticas atravesadas en su obra por una misma preocupación por el lenguaje.
Sus primeras intervenciones públicas se produjeron durante la renovación poética que atravesó Buenos Aires a comienzos de la década del 60. En 1960 participó en Poesía junta, un volumen colectivo publicado por Ediciones Aldabón, y formó parte del grupo reunido alrededor de la revista Sunda, que dirigió junto con José Peroni y Gianni Siccardi. La revista tuvo un único número, aparecido en agosto de 1965, aunque sus responsables decidieron numerarlo como 2, un gesto que expresaba el humor y la voluntad de ruptura del grupo.
De esa experiencia surgió Sunda B.A., una pequeña editorial gestionada por los propios escritores, que preparaban los originales, diseñaban las publicaciones y distribuían los ejemplares mediante ventas directas, intercambios y recorridos por bares y espacios culturales. El sello llegó a publicar ocho títulos. Uno de ellos fue Las horas libres, aparecido en Buenos Aires en 1966, primer libro individual de Micharvegas. En 1968 participó además en Mano de obra, un volumen colectivo publicado por Sunda que reunió textos suyos con trabajos de Germán García, Gregorio Kohon, Daniel Ortiz y José Peroni.
En Las horas libres ya pueden reconocerse varios rasgos que acompañaron su escritura: el lenguaje conversacional, la incorporación del habla urbana y una primera persona que se desplaza entre la confesión, el humor, el deseo y la observación de la vida cotidiana. Sunda suele estudiarse junto con Opium dentro de la vertiente argentina de la cultura beat. Micharvegas perteneció al primero de esos grupos, aunque compartió con ambos la búsqueda de una poesía ligada a la experiencia inmediata, la lectura en voz alta y formas de circulación desarrolladas fuera de las instituciones literarias tradicionales.
Hacia fines de la década de 1960 comenzó a trasladar esa poesía de la página a la canción y la actuación. Según recordaba, la decisión surgió después de escuchar en Nueva York a Allen Ginsberg cantar poemas de William Blake. De regreso en Buenos Aires compuso, de acuerdo con su propio relato, alrededor de cincuenta canciones en seis meses, que interpretó en bares, teatros, galerías y espacios políticos. En algunas de esas actuaciones estuvo acompañado por sus hermanos Albe y César Pavese. En 1969 presentó Canciones de fogueo en el Instituto Torcuato Di Tella, un espectáculo que reunía poesía, música y representación escénica.
En 1970 grabó en París Décadas, su único álbum de larga duración, producido por Moshé Naïm, con Carlos Carlsen en guitarra y François Rabbath en contrabajo. Las canciones combinaban elementos de la poesía conversacional con el tango, el folklore y la canción política latinoamericana. El disco circuló en Buenos Aires a través de Ten Records durante los primeros años de la década y fue editado en Chile por IRT en 1973. Por su fecha y por el modo en que relacionaba la escritura con la música, ocupó un lugar de transición entre los poetas que llevaban sus textos al escenario, la nueva canción latinoamericana y los cantautores urbanos de comienzos de los años setenta.
Las composiciones de Micharvegas también circularon a través de otros intérpretes. En 1975, Soledad Bravo grabó «Décadas», «Ha llegado aquel famoso tiempo de vivir» y «Canto la poesía de mis compañeros» para el álbum Canto la poesía de mis compañeros, publicado por Polydor en Caracas. En algunos registros, el título de esta última canción aparece abreviado como «La poesía de mis compañeros». El disco reunía musicalizaciones de poetas latinoamericanos y permitió que las canciones de Micharvegas alcanzaran una difusión mayor que la obtenida mediante sus ediciones independientes y sus presentaciones en espacios culturales.

La relación entre poesía, música y acción política tomó forma, además, en distintos proyectos colectivos. Durante 1972 organizó La Canción Permanente y, en diciembre de ese mismo año, impulsó la formación del Canto Popular Urbano, conocido por la sigla CPU. El grupo se presentó por primera vez el 11 de diciembre en el teatro Theatron de Buenos Aires y continuó trabajando hasta 1974. Reunió a poetas, compositores e intérpretes como León Gieco, María Teresa Corral, Barba Mayo, Thono Báez, Héctor Rivera y Martha Sigal. Sus espectáculos incorporaban canciones, recitados y recursos teatrales dentro del clima de movilización política y cultural de esos años.
En ese mismo período, Micharvegas desarrolló una tarea menos visible como traductor y difusor de otros poetas. Junto con Niní Rivero tradujo El conferenciante muerto, del poeta afroestadounidense Amiri Baraka, publicado cuando aún firmaba como LeRoi Jones por Ediciones de la Flor en 1970. Dos años después preparó para Ediciones Noé la antología Nueva poesía joven en Chile, de la que realizó la selección, el ordenamiento y las notas. El volumen reunió voces emergentes de la poesía chilena e incluyó una aparición temprana de Juan Luis Martínez. También publicó poemas, entrevistas y artículos sobre literatura, música y artes plásticas en revistas como Primera Plana y Crisis.
La represión posterior alcanzó a integrantes y colaboradores del Canto Popular Urbano. Después del golpe de Estado de marzo de 1976, Micharvegas salió de la Argentina, pasó primero por Brasil y a mediados de 1977 se instaló en Madrid. Cuando recordaba esa partida, corregía la palabra exilio con una frase directa: «¡Yo no me fui! ¡Me fueron!». La expulsión del país, la desaparición de compañeros y la necesidad de reconstruir una vida lejos de Buenos Aires atravesaron buena parte de su escritura posterior.
En Madrid fundó Proletras Latinoamericanas, un sello independiente desde el cual publicó sus libros y los de otros autores. Su primer libro español fue La palabra es un hecho, una selección de poemas y letras de canciones escritos entre 1960 y 1975, con prólogo de José Hierro, aparecida bajo ese sello en 1980. Proletras Latinoamericanas publicó también Dichosos los ojos que te ven, en 1988, y Narrenturm. La Torre de los Locos, en 1994, con textos escritos entre 1970 y 1992 y prólogo de Luis Eduardo Aute. En 1996, Diógenes Internacional editó Dos dis/cursos para el parlamiento in visible.
El trabajo con la oralidad estuvo acompañado por una intervención cada vez más visible sobre la escritura. Micharvegas separaba y reunía palabras, alteraba la ortografía y aprovechaba las coincidencias sonoras para producir sentidos simultáneos. Esa zona de su obra puede reconocerse desde los propios títulos: Parajodas II, La costiya de Adán / La costola di Adamo, Parajodas (sic), Totemas y más totemas y Parajodísimas. El juego verbal podía tomar la forma de un poema, una sentencia, una paradoja o una breve observación humorística.
Los años en España no borraron las marcas rioplatenses de su escritura. El voseo, las inflexiones del habla argentina y ciertas formas de construir el humor continuaron presentes en sus poemas. La experiencia política y el exilio convivieron con el erotismo, la amistad, la vida doméstica, las relaciones amorosas y la observación de las ciudades. Su poesía podía surgir de una experiencia histórica compartida o de una escena mínima, y con frecuencia trabajó sobre el punto en que ambas dimensiones se encontraban.
Más adelante impulsó el Fondo Poetario Internacional y codirigió con el poeta italiano Enea Biumi la revista multilingüe I Poeti Nomadi. También organizó lecturas, encuentros y seminarios. En 1979 dictó un curso sobre poesía latinoamericana en el Centro Argentino de Madrid. El trabajo visual acompañó estas actividades a través de ilustraciones, collages y exposiciones de dibujos y poesía visual.
La escritura y las artes visuales convivieron durante décadas con la medicina y el psicoanálisis. En 1990 impulsó la Asociación Libre de Estudios Freudianos, conocida por la sigla ALEF, un espacio madrileño dedicado a la lectura, la formación y el intercambio clínico. Su interés por los equívocos, los lapsus y los desplazamientos del lenguaje puede encontrarse tanto en los textos literarios como en su formación psicoanalítica.
La obra de Micharvegas quedó dispersa entre libros artesanales, revistas de corta duración, ediciones españolas, discos y registros de actuaciones. Esa circulación fragmentaria ayuda a explicar su presencia lateral dentro de las historias más difundidas de la poesía y la música argentinas. En 2016, Caja Negra publicó Argentina Beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda, compilado por Federico Barea. El volumen recuperó una selección de sus primeros textos y reconstruyó el contexto en el que había aparecido Las horas libres, devolviendo a circulación una parte de su obra pocos meses antes de su muerte.
Argentina Beat - Caja Negra - Federico Barea (compilador)