Polvo de todos los caminos
Emilio Ramírez
Manuel Gleizer Editor
Biblioteca de Escritores Populares N° 1
1936 - 1 ed
Tapa blanda, rústica sin solapas
145 páginas
Prólogo de Héctor Blomberg. Semblanza de Nicolás Olivari. Retrato fotográfico del autor en frontis
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes mínimos por paso del tiempo.
Manuel Gleizer Editor
✶ PRÓLOGO
Cuando Emilio Ramírez era un niño, un niño inquieto, travieso y vagabundo (en el mejor sentido del vocablo) yo, que tuve una amistad fraternal con su padre, el inolvidable Luis Ramírez, periodista y filósofo, estaba lejos de pensar que, aunque sangre de periodista corría por sus venas, un día iba a convertirse en cuentista emotivo y sutil.
Escolar indolente, pésimo empleado de comercio, siempre inquieto, siempre rebelde, una mañana, luego de pintorescas andanzas que lo llevaron a las selvas chaqueñas y a los soñolientos rincones provincianos, una mañana, repito, Emilio Ramírez se sintió fotógrafo. Empuñó su máquina y se internó en las profundidades de Buenos Aires. Contempló las escenas, sintió los latidos y escuchó las voces de la selva social. Y se hizo charlista. Desde hace más de tres años, él, con palabra emocionada y pintoresca, en la que suelen vibrar los sollozos de la ciudad, y por la que también suele pasar el humorismo irredimible del porteño (sobre todo cuando es periodista), cuenta todo lo que vió y lo que sintió. La ciudad, y los hombres y mujeres de otras ciudades, escucharon y escuchan la voz palpitante de Emilio Ramírez, que resuena en tantos corazones. Hace más de tres años que su acento se escucha todas las noches, con vibración cálida y familiar. Como que sale del fondo de un corazón lleno de luz, de amor y de piedad. Ahora, Emilio Ramírez se ha hecho cuentista. Yo he leído sus cuentos, sus relatos breves y humanos, rápidos y nítidos como instantáneas, y he querido trazar las líneas de este prólogo. Mientras las escribo, pienso en otro hombre inquieto y vagabundo que, a fuerza de contar lo que veía, a través de su enorme corazón, se hizo famoso: O. Henry, que vivió su juventud vagando por los caminos y después escribió cuentos que palpitaban de humanidad.
Así, como los de aquel Henry humilde y errante de los caminos y las calles de los Estados Unidos, son los cuentos y relatos de Emilio Ramírez, el niño a quien yo regalaba mis primeros libros en mi juventud, y que un día se olvidó de la bohemia errante para convertirse, bajo la sombra tutelar del padre inolvidable, en uno de los hombres más populares y queridos del Buenos Aires que lo vió nacer, porque arrancó a manos llenas y derramó sobre el pueblo las semillas fecundas de su generoso corazón.
HÉCTOR PEDRO BLOMBERG.
Buenos Aires, noviembre de 1936.
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