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Anecdotario histórico militar

Juan Román Silveyra

Editorial Ediciones Argentinas Brunetti

1952

Tapa dura

285 páginas

Prólogo del General de Brigada Juan Bartolomé Boeri

Ilustraciones de Scarzello (b/n)

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Muy buen estado.

Encaudernación con desgastes y detalles en los bordes. Por dentro en muy buen estado.

 

✶ PRÓLOGO:

En respuesta a la amable solicitación que me formulara el señor Julio Brunetti, editor de la presente obra, me es muy grato escribir estas líneas como prólogo al “Anecdotario Histórico Militar” dado a conocer en esta oportunidad por el autor, en una tesonera labor de divulgación de importantes hechos históricos, a través de una interesante colección de anécdotas atribuídas a nuestros próceres máximos, las que, reunidas en este volumen, ilustrado con reproducciones fotográficas de cuadros de esos héroes y de batallas, con el agregado de las marchas tradicionales de nuestro ejército, constituyen, sin duda, un inapreciable aporte para los jóvenes oficiales y suboficiales que, en diversas circunstancias, necesitan preparar disertaciones o trabajos relacionados con la historia nacional, como asimismo para la instrucción patriótica de la tropa ya que, en sus páginas, hallarán los elementos indispensables. Se trata también de una fuente de consulta a la que los maestros argentinos podrán recurrir cuando deban dictar clase de esta materia a sus alumnos; por otra parte, interpreta fielmente una sentida necesidad del momento histórico que vivimos: recordar y afianzar el sentimiento patriótico, rindiendo culto a nuestros próceres y héroes.

Conocer la Historia Universal, debe constituir la suprema aspiración de los que sienten vocación por el estudio y, una obligación moral para todos, el conocer aunque sea en forma somera, la de su propio país.

Nuestra historia, que comienza prácticamente con las Invasiones Inglesas, para encadenarse más tarde con la guerra de la Independencia, contiendas civiles, guerras con el Brasil y el Paraguay, para terminar con la conquista del desierto, está sembrada de acciones gloriosas y de hechos magníficos, de los que fueron actores varias generaciones de hombres ilustres que, escalonadamente, han ido enriqueciéndola en todos sus aspectos, haciendo de su lectura una fuente inspiradora de las más bellas acciones para los argentinos.

Todos tenemos por igual el deber, honroso a la vez que ineludible, de mantener intangibles las glorias y tradiciones de esa pléyade de egregios varones, ya soldados, ya estadistas, educadores o escritores, hombres de gobierno, oradores, poetas, filósofos, legisladores, constitucionalistas, sacerdotes y hombres de ciencia, mucho de los cuales aparecen en este anecdotario y que han constituído con su acción, el sólido basamento en que se han ido afianzando las bases constitucionales de la Nación, hasta llegar al lugar que hoy, ocupa en el concierto de los países del Universo.

El presente trabajo representa un esfuerzo del autor, para poner a disposición de todos los argentinos una serie de hechos históricos presentados en forma altamente instructiva y amena, logrando realzar las virtudes de nuestros grandes hombres a través de interesantes anécdotas, que pintan de cuerpo entero la talla moral de sus ejecutores. Nada mas fácil de retener en la memoria que una anécdota y nada más eficaz que éstas, para formar el espíritu y fortalecer la moral de nuestros soldados y nuestros niños, contribuyendo a afianzar aun más el prestigio de nuestros gloriosos antepasados rindiendo homenaje, al mismo tiempo, a las fuerzas armadas y a la Patria.

 

JUAN BARTOLOMÉ BOERI.

General de Brigada

Comandante de la 1ª División Motorizada

 

EL CORREO INDIO DE SAN MARTIN:

En el campamento de Huara el general San Martín se hallaba abocado al serio problema de comunicarse con sus agentes de Lima, pues las numerosas avanzadas del general José de la Serna hacían casi imposible el acceso a la plaza.

Recorría una mañana sus posiciones cuando se encontró con un indio alfarero que, con una mula vieja y cansada cargada de cacharros, atravesaba el campo como ignorando todo lo que lo rodeaba.

Lo mandó llamar el vencedor de Maipú y le preguntó:

—¿Quieres ser libre y que tus hermanos también lo sean?

—Sí, usía, cómo no he de quererlo —le respondió sumiso el indio.

—¿Te animas a fabricar doce ollas, en las cuales puedan esconderse doce mensajes?

—Sí, mi general.

Como el indio asintiera le ordenó poner manos a la obra. Díaz, que así se llamaba este modesto servidor de la libertad, trabajó afanosamente y poco después se encontraba camino de la ciudad de los Incas con la misión de vender su mercancía al canónigo Luna Pizarro.

Grande fué el asombro de este decidido patriota al ver cómo el indio insistía en colocarle sus ollas, pero como una de éstas cayera al suelo y viera el diminuto papel que estaba escondido entre el barro, le preguntó:

—¿Cuánto quieres por todas?

—Un cortado de cuatro reales —le respondió el indio, dándole la contraseña que el canónigo esperaba aún, para comprobar que éste era un enviado de San Martín.

En homenaje a este leal servidor de la causa de América el Gran Capitán dió la siguiente señal de reconocimiento:

“Con días y ollas venceremos”.

 

Ilustración de Scarzello reproducida en esta edición