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Cuatro años en las Orcadas del Sur

José Manuel Moneta

Editorial Peuser

1958 - 10 edición

Tapa dura

345 páginas

Ilustrado con fotografías b/n y 2 mapas desplegables

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Encuadernación levemente desgastada. Faltante de sobrecubierta original. Por dentro en excelente estado.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ PRÓLOGO A ESTA EDICIÓN:

Muchos años han transcurrido desde mi primera expedición de 1923 a las islas Orcadas del Sur y las sucesivas de los años 1925, 1927 y 1929. No fuí el primero, pero sí uno de los primeros argentinos que vivió durante largos años rodeado por los milenarios hielos antárticos, habitando una pequeña casucha de madera, con el simple alimento que nos proporcionaban las focas y los pingüinos, sin más compañía que la de cuatro o cinco compañeros de aventura, sin noticias de nada ni de nadie durante el interminable año de alejamiento voluntario, confiados todos únicamente en la robustez de nuestra salud y en la benevolencia de Dios. Recuerdo también el terrible silencio que nos rodeaba entonces, roto recién el 30 de marzo de 1927 cuando inauguramos el primer servicio radiotelegráfico entre la región antártica y Buenos Aires, hecho histórico que fué posible debido al valor tesonero de los muchachos que entonces me acompañaban en aquella aventura de las Orcadas.

Los cuatro años y nueve meses que en total viví en el ambiente antártico fueron de provecho y beneficio, pero no para mí, sino para el ideal que me propuse realizar al finalizar mi primera expedición de 1923, es decir, "descubrir y construir la Antártida para los argentinos". Y, en efecto, fué así. Hace treinta años nadie tenía una idea definida de lo que es la Antártida; muy pocos habían visto en acción a lo que entonces era la floreciente industria ballenera, y de aquellos pocos sólo contadas personas habían tenido la intuición de lo que podían atesorar las altas montañas que emergen del hielo que cubre al gran continente polar del sur. Aún no se había pensado que aquello era argentino. La mayoría ignoraba a la Antártida. Y esa ignorancia y desconocimiento por nuestras cosas del sur, eran bien aprovechados por potencias extranjeras que silenciosamente exploraban, se instalaban y explotaban ciertos recursos antárticos aun en las puertas de nuestro Observatorio o base de las islas Orcadas del Sur, en donde enarbolábamos nuestra bandera, mientras los extraños, en nuestras narices, percibían impuestos por la grasa de cetáceos que era extraída de nuestro mar territorial.

Luego de mi última expedición de 1929, dediqué todos los esfuerzos de mi vida a las cuestiones de la Antártida, especialmente a la formación de la Antártida Argentina. El prestigioso diario "La Prensa" me brindó la oportunidad de escribir en sus páginas más de un centenar de artículos ilustrativos dedicados a diversos aspectos del continente polar del sur. Recibí distinciones de la Comisión Nacional de Cultura, lo que me permitió profundizar mis conocimientos antárticos en países extranjeros, y luego fuí llamado por instituciones científicas y culturales para realizar disertaciones sobre la Antártida. Todo ello contribuyó a que en nuestro país despertara, aunque tardíamente, el interés por los asuntos del lejano sur. Los gobiernos argentinos que se sucedieron desde 1930 hasta el presente comenzaron a salir de su letargo y, al comprobar la ventaja que ya nos llevaban otros países en su invasión de la Antártida, iniciaron movimientos para tratar de preservar lo que era nuestro y que por propia desidia e incredulidad nos estaba siendo arrebatado de las manos.

En enero de 1956 tuve oportunidad de hacer un nuevo viaje a la Antártida, muy diferente, por cierto, a los realizados treinta años atrás. En un avión de la Armada Nacional partimos de Buenos Aires en la mañana del 31 de enero de 1956 para llegar a Ushuaia, capital de Tierra del Fuego, al atardecer del mismo día. Luego de una permanencia de cuatro días en la capital fueguina, zarpamos rumbo al sur en el transporte A.R.A. "Bahía Aguirre" con el que sucesivamente visitamos las bases y destacamentos argentinos de Isla Decepción, Media Luna, Jubany, Bahía Esperanza, Almirante Brown y Melchior. El 16 de febrero, a la tarde, amarrábamos de regreso en el muelle de Ushuaia, y al día siguiente, a las 18, aterrizaba nuestro avión en el aeropuerto de Ezeiza, en las puertas de Buenos Aires.

Las instalaciones de cualquiera de nuestras modernas bases antárticas son muy superiores en calidad y cantidad de elementos a las que poseíamos cuando viví en las Orcadas. Las comodidades que se tienen ahora para una dotación de 12 o más hombres en cada base, son extraordinarias. Las casas para habitación son amplias y confortables, con buen moblaje, calefacción central, baños con agua caliente, enfermería, y cuentan, también, con servicio de radioteléfono para que el personal de los destacamentos pueda comunicarse con sus familiares en cualquier punto de la República por la módica suma de $ 3, moneda nacional.

Todas las bases tienen cámara frigorífica para la conservación de las reses vacunas que se proveen desde Buenos Aires, destinadas al consumo diario. Ello, evidentemente, contrasta con la alimentación de focas y pingüinos a la que forzosamente debíamos recurrir en la época pasada. En las salas de estar de las bases modernas, en los lugares destinados al bar, se pueden ver botellas de licores y bebidas espirituosas de conocidas marcas extranjeras y del país, de las que se hace uso sin las restricciones o racionamiento que nos imponíamos en las Orcadas para que nuestro modesto cajón de whisky y de coñac alcanzara para todo el año, lo que nos permitía solamente una copita de coñac o whisky por hombre y por semana. Con respecto a los cigarrillos podemos decir lo mismo. Según decía Casariego (Expedicionario a las Orcadas, 1927), "nosotros estábamos dispuestos a fumarnos hasta la pelusa del colchón". Ahora, en las bases antárticas argentinas, en todos los rincones, se observa abundancia de cigarrillos de conocidas marcas extranjeras.

Muchos de nuestros connacionales han vivido o han viajado por la Antártida durante los últimos años. La mayoría luce con orgullo el distintivo antártico que nuestras autoridades otorgan a los que realizaron una o más campañas. Solamente los orcadenses de la época heroica, aquellos que vivían allá primitivamente durante el largo año, recibiendo por todo alimento un trozo de carne de foca o de pingüino, aislados por completo del mundo, pero que con paciencia, inquebrantable fe y ardor colocaban los cimientos sobre los que se construyó la Antártida Argentina, solamente aquellos hombres no tienen derecho a ninguna clase de distintivo. Con el correr de los años muchos de ellos ya han desaparecido, pero los pocos que quedan en nuestra tierra siguen luchando instintivamente para no morir asfixiados por la vorágine egoísta de nuestra civilización.

Nunca dediqué este libro a nadie. Ofrezco ahora esta obra con respeto y admiración al recuerdo de todos aquellos que en la época pasada de las Orcadas (primera base permanente en la región antártica), vivieron entre los hielos del sur, y que con su patriótico y desinteresado esfuerzo contribuyeron a formar y hacer conocer en nuestro país y el mundo la existencia de la Antártida Argentina.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ INDICE:

Ayer y hoy

Primera expedición

A fuerza de pico y pala

Mis compañeros

Perdido en la borrasca

El desaparecido

Desde las nubes

Los cormoranes

Vida en común

Farmacia

Un accidente

Intervención quirúrgica

Recuerdos mundanos

Mi cumpleaños

Soledad infinita

Estados de ánimo

Llega la primavera

Las olas del mar helado

Sangre en la nieve

Somnolencias

Algo más sobre las focas

Reunión sobre el hielo

No siempre al que madruga

Reflexiones

Tormentas morales

Historia de cuatro jabones

Violencias

¡Lucha!

Reconciliación

Deshielo en el mar

Fueron cinco hombres

Algo sobre los pingüinos

El primero

Novedad culinaria

Un plato de la región

Descomunal saqueo

Ha vuelto la vida

Posibilidades

Fin de año

Preparativos

Expectativa

Una apuesta

Despertar

El relevo

Mensajes de allá

¡Hasta la vuelta!

El Orwell

SEGUNDA EXPEDICIÓN

Nuevamente en Orcadas

Segundo invierno

Sin novedad

Primera expedición de nativos

Comentarios

Dejando a Grytviken

Con los balleneros

El observatorio bloqueado

La tercera vez

Trabajos previos

¿Fracaso?

Llamada general de LRT

Emoción

En contacto con el mundo

Olimpíada orcadense

La luz mala

Contingencias

Palabras que llegan por el aire

Una audición

Buen humor

Y pasó otro año

De regreso

Hacia el norte

Navegación arriesgada

Algunas notas de interés

Negocios son... negocios

Hipótesis

Mi cuarta expedición

Mar Antártico

Entre tinieblas

En mi casa por cuarta vez

Primeras medidas

Padre adoptivo

Curanderismo

Y pasa la vida

¡Adiós!... ¡Islas Orcadas!

 

Reproducida en esta edición