✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴
€77,59
10% de descuento pagando con Transferencia
Ver más detalles
1 en stock
Entregas para el CP:
Medios de envío
Calcular
No sé mi código postal

Summa Pampeana - Argentina, imagen de un país

Raúl Bulgheroni

Editorial Bridas

1994

2 tomos en tapa dura, en plena tela de editor en estuche

334 páginas

Edición sobre papel couché

Muy ilustrado dentro y fuera del texto con fotografías, mapas, diagramas y vistas

Tamaño: 31x24

Impreso en Santiago (Chile)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Estuche con desgastes, roces y señales de uso. Ambos tomos levemente manchados en portada. Por dentro, en excelente estado.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ PRÓLOGO:

Ingresamos ahora a la Región Pampeana, como si fuese la última pieza de un gigantesco “puzzle”, que deba ajustar con precisión con las otras regiones, para integrar la imagen total del país. Esta zona tiene un aspecto diferencial que la singulariza, aunque por cierto, no me estoy refiriendo a su alucinante planicie de pasturas ni a ninguna otra característica física geográfica que la defina, porque desde ese ángulo, cada región posee las propias. Se trata de algo más sutil, inmaterial, pero de poderosa gravitación: sobre ella se proyecta la presencia de la ciudad de Buenos Aires.

No podemos decir que Buenos Aires sea una ciudad pampeana, sino que está rodeada por la pampa; una pampa que la envuelve, se extiende se prolonga y la integra como si fuese los infinitos patios de una misma casa. También podemos imaginar la región como una desmesurada estancia, con sus campos de pastoreo, sus áreas de cultivo; parcelas diferenciadas limitadas por caminos, alambrados y tranqueras, con algunos caseríos desparramados para peones y capataces y un deslumbrante casco para los dueños, representado por Buenos Aires. En todos los casos, siempre una totalidad; como elementos integrantes de una misma y enorme propiedad. Una suerte de relación ancestral de pertenencia que hace muy difícil deslindar claramente las imágenes -complementarias o sobrepuestas- que configuran la Summa Pampeana y la Summa Metropolitana.

En realidad, en los comienzos, las pampas no llegaron a constituir una parte integrante del mundo que posteriormente sería nuestro país; por el contrario, hasta muy entrado el siglo XIX la cartografía diferenciaba a la Argentina, de una serie de desconocidas regiones designadas como Patagonia, el Chaco o las Pampas; solo zonas lejanas de las cuales no había demasiada conciencia de que fuesen partes de este país, cuya territorialidad iba materializándose por áreas que crecían y se adherían al sentimiento y concepto de sus ciudades. Las Pampas carecían de ellas, y mientras otras regiones avanzan desarticulada y competitivamente en intentos de estructuración, estas llanuras desérticas, se recuestan y son absorbidas por la Capital.

Las declaraciones de independencia hablan de una unión americana de provincias, de lazos que las han hecho inseparables, pero en verdad, esto tiene más de aspiraciones o de texto que de realidad. Salvo preclaras personalidades que concebían un país integrado, solo encontramos pueblos que buscan hallar algo en común que los singularice, pero sin ceder un ápice en el orgulloso ejercicio de su autonomía. Si a esto agregamos las pasiones de sus personajes, intereses, envidias y egoísmos, fuerza es reconocer que todavía no podía hablarse de una verdadera y coherente nacionalidad (a la cual - todavía hoy- estamos lejos de alcanzar). El sentimiento de patria chica prevalece en el habitante por sobre el de patria grande.

Este débil sentido nacional, recibirá luego otro impacto, tan fuerte, que llegará a constituirse en la segunda matriz de nuestra nacionalidad: el fenómeno migratorio, del cual la Región Pampeana fue sin duda la principal protagonista. De esta suerte, la región, que hasta entonces no había logrado su inserción en el proceso social político y económico del país; que había permanecido olvidada o inaccesible como una reserva latente, al ser conquistada, colonizada o arrendada, se convirtió en un emporio de riquezas y transformó la personalidad del país. Tal transformación genera un nuevo polo de tensión hacia el cual solemos adoptar dos actitudes parciales, igualmente equivocadas: la primera, de origen intelectual, que privilegia la inicial matriz de la mestización del indígena y el español (aunque éste ya cargara en su sangre recuerdos de árabes, judíos y gitanos) y que asume una exclusiva y reivindicatoria posición pro indigenista, negando realidades y alimentando resentimientos. La segunda, de origen emocional, rechaza como avergonzada la raíz criolla y pretende asimilarse totalmente al europeo, lo que trae como consecuencia que el habitante pampeano, con Buenos Aires a la cabeza, resulta epítome de lo auténticamente argentino.

Los sucesivos nombres del país parecieran confirmarlo: la inicial Tierra Argentia de los viejos mapas, aludía a las costas del Río de Solís; al dividirse la inmensa provincia del Virreinato del Perú (1617) dejó como simiente de nuestro país la Provincia de Buenos Ayres y Río de la Plata, exaltaba en 1776 a la jerarquía de Virreinato. En la época independiente se sucederán los nombres de Provincias Unidas del Río de la Plata (Asamblea de 1813), Provincias Unidas de Sudamérica (Congreso de 1816), Provincias Unidas del Río de la Plata en Sudamérica (1824). Pero lamentablemente las provincias no resultaron tan unidas, y entonces resurgió aquel nombre -casi específico de la Región Pampeana que tempranamente cantara del Barco Centenera: Confederación Argentina, República Argentina. Parece increíble que resulte tan difícil asumir un criterio equilibrado en la concepción de nuestra identidad, que, como dice José Chiaramonte “... no deriva del desarrollo espontáneo de una nacionalidad pre-existente, sino de un largo proceso de elaboración de esa nacionalidad ...”

“Rien ne va plus”..., los dados están echados y la realidad del juego se impone. Tardíamente y aún con graves conflictos entre sus subregiones, la Región Pampeana, la pampa gringa, ingresa al escenario para asumir su rol protagónico, mientras la Argentina criolla, interior, tradicionalista, languidece exacerbando los viejos pleitos de postergación. Sigfried dice que América, (concepto que estimo especialmente válido para Argentina) a pesar de su juventud, adjudica a las agresiones del pasado tanta vigencia que en lugar de afrontar los problemas del presente, todavía continúa debilitándose y perdiendo el tiempo por las desinteligencias de sus próceres.

Tiempo es de meditar, y obrar en consecuencia, sobre aquella declaración de Mármol en el debate parlamentario de 1860, cuando se trataba la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación, donde despojadamente, expresaba su vocación de integración “... puede decirse con toda la solemne verdad de nuestra historia, que en nuestro país no ha habido jamás nación, sino provincias. El hermoso nombre de argentinos ha sido sustituido con el de porteños, cordobeses, santafesinos, etcétera.

“Jamás los argentinos hemos marchado de un punto al otro de la república a encontrarnos con los brazos abiertos como hermanos, sino con los brazos armados como enemigos.

“Así hemos asesinado la idea y el sentimiento de la patria ...”

 

Reproducida en esta edición

 

✶ INDICE:

TOMO I:

- Summa Pampeana – Argentina, un país en imágenes

TOMO II: APÉNDICES

- Historia profunda de la Pampa, por Dr. Pedro Lesta

- El poblamiento temprano y el arte rupestre de la Pampa, por Dr. Carlos J. Gradin

- La inmigración masiva europea en la región pampeana, por Dr. Juan Carlos Agulla

Anexo: Dr. Juan C. Agulla, fragmento de Empresas Rurales de Colonos Argentinos, de Max Weber

- El misterio de una ciudad que fue pampa, por Lic. Alberto Vila Ortiz y Lic. Andrea Centeno

- La producción agropecuaria pampeana, por Dr. Norberto Ras

- Soy Roca, por Dr. Félix Luna

- El aporte cooperativo en el sur de Santa Fe, por Dr. René H. Balestra

- Pampas de la imaginación, por Lic. Rosalba Campra

- La pampa marítima, por C. Alte. Laurio Destefani

- Relatos de otros tiempos pampeanos, por Prof. Ana María Lassalle

- El Parque Nacional Lihue Calel, por Sr. Raúl Angerami

- El Parque Nacional El Palmar, por Sr. Eduardo H. Haene

 

Reproducida en esta edición