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De la fauna porteña

Rodolfo M. Taboada

Editorial F. Giménez Codes

1946

Tapa blanda, rústica sin solapas

198 páginas

Prólogo de Chamico. Ilustraciones de Divito y Seguí

Impreso en Argentina (Buenos Aires)

 

✶ ESTADO: 8/10. Muy buen estado.

Detalles en tapa: pequeña mancha y marcas de uso. Desgastes generales mínimos en interior.

 

✶ PRÓLOGO:

Decía Clemenceaux que un prólogo es una breve pieza literaria que escribe un amigo para hacer resaltar los méritos de otro y, de paso, darse él importancia.

Gravemente herido en mi susceptibilidad por la frase del espiritual estadista francés, busqué el medio de hacer resaltar los méritos literarios de amigo tan querido y escritor tan estimado como lo es para mí Rodolfo M. Taboada, y por fin di con él. Marcaría con lápiz rojo en cada uno de los ejemplares de esta edición de De la fauna porteña todos aquellos pasajes sobre los que creyera necesario llamar la atención del público. La eficacia de este procedimiento la he comprobado en mi larga experiencia de lector de libros usados; pues siempre que encuentro una frase subrayada me detengo, medito sobre su sentido y, aunque la frase no valga nada, a fuerza de querer penetrar en su trastienda, quizá inexistente, encuentro en ella algo digno de admiración. Taboada, que es hombre de fina cortesía y admirable buena voluntad, no opuso ninguna objeción. Pero el editor sí. Dijo que con tantas rayas y manoseos el libro iba a parecer usado y que eso lo depreciaba en no recuerdo cuánto por ciento; que si se agregaba a esto el tiempo que me llevaría a mí la operación, lo que suponía un gran capital inmovilizado, y el alto precio que han adquirido en la actualidad los lápices rojos de buena clase, el negocio editorial sería un desastre horrendo; que era un contrasentido provocar un hecho tan triste como lo es una quiebra con un libro tan gracioso, tan lleno de buen humor y sana alegría. Y, finalmente, dijo que los críticos malévolos, que nunca faltan, podrían tomar pávulo en ese hecho para negarle tales condiciones.

Aterrado ante tan negras perspectivas, incliné la cabeza, tomé la pluma y escribí el prólogo en la forma en que habitualmente se estila.

Hay pintores, decía Cézanne, que salen al campo, hacen ¡pum! y vuelven con un paisaje muerto bajo el brazo. Algo parecido hace Taboada: sale a la calle, hace ¡pim!, porque su pólvora es discreta y sin humo, y vuelve con un ejemplar de la fauna porteña, tan muerto como vivo, ensartado en la pluma. Tan muerto como vivo, pues si por un lado lo mata al denunciarlo dándole el tiro de gracia de su gracia, por el otro lo vivifica con la vida mucho más larga y real de la palabra escrita. Bien escrita.

El procedimiento más común de los humoristas es la deformación —no la deformación arbitraria, que eso es la bufonada—; sino una deformación que consiste en dejar crecer el brote de ridículo que todos llevamos dentro y, cuando la rama es lo suficientemente grande como para ocultar el árbol, se la presenta y se dice: —He aquí un alcornoque.

El procedimiento de Taboada es más discreto, más sutil, más realista y, quizá, más difícil. Consiste en presentar el brote tal cual es, pero visto con una luz extraordinariamente clara, no cruda, bajo la que resaltan con naturalidad el gusano, las manchas de la cochinilla o el bicho de cesto. Ninguno de los ejemplares de su fauna porteña puede quejarse honradamente. Taboada dice simplemente una cotorra donde hay una cotorra y un gato donde hay un gato; la culpa no es suya si la una pretendía pasar por ave del paraíso y el otro por zorro azul. Ahora que su natural bondad no lo lleva nunca hasta darle perejil a la cotorra...

Tomemos un ejemplo al azar. Taboada nos presenta un locutor de radiotelefonía, y no le agrega un solo pelo al jopo; pero pone el jopo natural bajo una luz tan natural que el jopo resulta todo lo disparatado que es.

Dentro de esa clasificación general y un poco provisoria del humorismo, Rodolfo M. Taboada tiende hacia lo satírico, pero su sátira nunca es demasiado áspera, pues el poeta, el buen poeta que es, suaviza aristas y despunta espinas. Y ya que hablamos del poeta, y como todo no han de ser elogios y parece que llegó el momento de darme importancia, previsto por Clemenceaux, creo que Taboada comete un error al no dejar que con mayor frecuencia el poeta intervenga en sus artículos en prosa, pues cuando le da un poco de libertad nacen páginas llenas de fantasía y ternura, como “La señorita que da la hora”, por ejemplo.

Y aquí termina el prólogo y en la página siguiente comienza el libro, que es lo verdaderamente interesante.

CHAMICO

 

 

✶ INDICE:

- Prólogo, por Chamico

El billarista

El del jopo

El portero

El mozo

La señorita que da la hora

El floridense

El guapo

El “habitué” de los velorios

El lustrador

El otro lustrador

El guardián de la plaza

El peluquero

La manicura

El boletero

El ajedrecista

El “maître”

El cantor nacional

La cancionista

El hincha

El “hincha” lírico

El “hincha” de su cuñado

El retratista ambulante

El dentista

El burrero

El jefe de personal

La dactilógrafa

El que acertó la grande

El “extra”

El veraneante (tipo marplatense)

El veraneante (tipo serrano)

El veraneante (tipo doméstico)

La bataclana

El que dejó de fumar

El enfermero

El “croupier”

El cuidador

El folklorista

El padrino

El que estuvo en París

El “colado”

La vendedora

El ascensorista

El que vive afuera

El padre de la criatura

El organizador de banquetes

El fotógrafo de plaza

El pichinchero

La normalista

El vendedor de naderías

El “mateo”