Función de gala
Ernesto Schoo
Editorial Sudamericana
Colección El Espejo
1976 - 1 edición
Tapa blanda, rústica sin solapas
147 páginas
Dedicatoria y firma del autor a la artista plástica Mabel Rubli
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes generales menores por paso del tiempo.
✶ SINOPSIS:
“Esta novela nació de un recuerdo de infancia que, cuidadosamente sepultado durante más de cuarenta años, salió de pronto a la luz, durante una sesión de psicoanálisis, en 1972. A partir de esa imagen inicial (puesto que escribo mediante imágenes, soy un ‘voyeur’ irrefrenable), sentí la compulsión absoluta de desovillar la madeja hasta el fin. Y si en un comienzo vacilé, pensando: ‘¡Otra historia más de tías!: la ‘Tía Mame’ de Patrick Dennis, los ‘Viajes con mi tía’ de Graham Greene’, después resolví: ‘Esta es “mi” tía y, por qué no voy a hablar de ella.’ Y por primera vez, luego de tantos años de proyectos literarios muertos antes de nacer, de borradores desechados y de narraciones abandonadas por la mitad, supe con total certeza que esta historia sí la iba a terminar. Porque debía hacerlo, y porque ya estaba escrita dentro de mí, hasta la última coma: no fui más que el escriba a quien otro Yo va dictando. ”En la superficie, es una historia de hombres y mujeres vanidosos que a fuerza de aparentar terminan por no saber realmente quiénes son. No estoy seguro de que el autor tenga derecho a describir su obra. Pero si lo tuviera, diría que, para mí, “Función de gala” es como un infinito baile de máscaras, donde cada personaje se refleja en su propia proyección imaginaria: lo mismo que todos nosotros, se ve cómo querría ser. Simultáneamente hay otras proyecciones (un túnel de espejos duplicándose hasta el vértigo): nadie es lo que es, pero nadie es tampoco lo que cree ser. Se cuenta la historia real de gente que vive en una realidad inventada. Pero a la vez, como yo mismo he debido imaginar gran parte de esas vidas, el resultado es un juego de irrealidades entrecruzadas. De ahí, también, la estructura fragmentaria, de rompecabezas.
”Supongo que, en el fondo, “Función de gala” es una tragedia: la de no poder amar fuera de uno mismo. Pero está contada como una burla: con saltos, que parecen caprichosos, en el tiempo y en el espacio, con una visión satírica de Buenos Aires en la década del 30, con mucho delirio personal.” Ernesto Schóó

✶ ENTREVISTA A MABEL RUBLI:
"Todo está conectado"
Revista Nolyx Anitnegra,
Año 7 N° 24, Noviembre 1998
Mabel Rubli estudió en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes y se perfeccionó en grabado con Fernando López Anaya y Alfredo Guido en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”. Después de ganar el premio Braque viajó a Europa y estudió en los talleres de Hayter y Friedlander. En los años ‘60 formó parte del grupo Gráfica Experimental integrado también por Rodolfo Agüero, Hilda Paz, Susana Rodríguez y Juan Carlos Romero que, junto con el grupo Seis de la misma época, proponían la crítica a las tradiciones del grabado y al montaje de instalaciones.
Mabel utiliza soportes irregulares, hace hincapié en el concepto de fragmentación usando el collage y el asamblage e incorpora la imagen fotográfica, la palabra y la salida al espacio, integrando así las diferentes ramas del arte.
¿Cómo fue que te decidiste a hacer grabado?
Digamos que el grabado en principio no me interesaba mayormente, me gustaba mas el hecho de pintar y hasta te diría de modelar. Creo que lo que después me apasionó del grabado fue su posibilidad de tener un espectro tan amplio, es decir, donde uno pueda expresarse con un máximo de posibilidades aunque después las restrinja y se dedique exclusivamente a trabajar su imagen y todo lo que es la parte ideológica. El grabado me empezó a apasionar a través del tiempo y el trabajo en bellas artes. El detonador fue López Anaya, un tipo muy creativo que impulsó en el grabado la creatividad, la invención y el criterio conceptual con el cual uno trabaja. Creo que, en el sentido convencional, no me considero una grabadora, mas bien yo diría que soy una artista gráfica. Digamos que lo que más me interesó es la parte de experimentación del grabado. Yo soy una artista experimental, eso no quiere decir que siempre se está en la experimentación y nunca se defina lo que es la imagen.
¿Cuál es para vos la diferencia más sustancial entre gráfica experimental y grabado tradicional?
La Gráfica me parece que es más amplia, mucho mas extensa, si hablamos de grabado exclusivamente pareciera que nos referimos a la parte técnica. Por otro lado, no es que no sean creativos aquellos que trabajan esas técnicas pero he visto que, a través de los años, el grabador se ha limitado mucho. El grabado así como puede ser una obra múltiple es una obra original, de eso no hay que olvidarse. En este momento donde todas las disciplinas se tocan, el grabado no puede estar ausente y no lo está de ninguna manera. Otra de las cosas que, a veces, en el grabado me impacienta es esa lentitud, esa dificultad para ver la obra final. Yo siempre digo que la obra uno la tiene que tener en la cabeza terminada porque son tantos los procesos que nunca podés ver lo que hacés hasta que sacás la primer prueba.
Vos fuiste en muchas oportunidades jurado ¿Con que criterio se dice que un grabado es bueno?
Yo siempre digo que la técnica tiene que existir subyacente, no tiene que ser la obra pura técnica porque entonces no me interesa, me deja completamente fría. Yo creo que tiene que haber creatividad siempre. Acá la técnica la tenés que dominar y olvidarte de eso y después realmente tiene que estar la invención. Yo creo que en pintura, espero no decir una barbaridad, hay posibilidad de disimular. Yo miro lo técnico pero me doy cuenta cuando una obra es puramente técnica y se trabaja para hacer un perfecto grabado que no tiene nada mas que decir. Cuando he sido jurado he cuidado mucho de que primero me hablara la obra, después observaba también como estaba realizada.
¿En tus trabajos va cambiando la forma de elaborar la figura humana según las diferentes épocas?
Sí, empecé trabajando la figura humana después eso fue cambiando, esa figura se fue transformando en lo que yo ahora diría que es la transferencia. Recuerdo que en la escuela trabajábamos el modelo vivo y eso era muy riguroso en su momento se insistía mucho en elaborar la imagen. Ahora yo trabajo mucho en lo que es la transferencia fotográfica, en la fragmentación y en la simultaneidad. La foto siempre me interesó para llevarla a mi obra antes con el fotograbado y ahora con el transfer.
¿A que se debe la incorporación de palabras en tu obra?
Mirá, a que responde no sé. Yo siempre fui bastante lectora y creo que mi unión con la palabra escrita tiene que ver con los libros que yo leía, es decir supongo que un frustrado intento de escribir. Siempre la obra literaria fue un detonador de temas, de ideas, para desarrollar mis imágenes al punto de llevar la palabra escrita a la obra. La palabra escrita es una unión con la literatura.
¿Vos le das más importancia como elemento gráfico o a su significado?
No hay una sola postura. A veces por lo que significa y otras como un elemento gráfico que, digamos, se une a todo el resto. Tanto puede ser lectura como grafía.
Las series entre sí son bastante diferentes ¿Hay alguna correlación entre ellas o una ruptura?
Creo que siempre hay un hilo conductor. Lo que pasa es que lo que me preocupa en ese momento hace que detone una determinada serie con una determinada imagen. Entre series y series hay diferencias bastante grandes, bastante considerables, aunque me parece que no se le pueden llamar rupturas. Lo que yo llamo un hilo conductor es lo que une, muy sutilmente a veces, pero que es como un camino trazado que uno sigue.
Por otro lado yo trabajo series simultáneamente, en varias obras al mismo tiempo, y me gusta mucho esa posibilidad de trabajar en una y en otra obra. Desarrollar en varias obras el mismo tema con diferentes técnicas. De pronto son diferentes temas pero tienen que ver con una serie que los une.
¿Cómo trabajás mejor, blanco y negro o color?
Creo que uno tiene una paleta como los pintores aunque de pronto he trabajado y estoy trabajando sobre fondos negros con blanco y con negro y algunas inclusiones de color. No me limito a una cosa u otra, me interesa mucho el color en la gráfica, me parece que es muy particular. Cuando trabajé en estampación del papel fui elaborando los colores para estampar de un lado y del otro los pequeños fragmentos de papel de banano antes de manipularlo. La idea de imprimir de un lado y del otro me dio a mí la posibilidad de que eso sea móvil, que se pueda contener dentro de un elemento que se mueve y se pueda ver de todos lados. Estuve el año pasado trabajando en litografía y voy a seguir trabajando este año porque me parece que tiene mucho que ver con mi imagen esa posibilidad de trabajar más gestual, más directo y en blanco y negro.
¿Cuál es el tema que estas trabajando ahora?
Hace años que estoy trabajando sobre el tema del laberinto y dentro de esto voy elaborando toda una imagen, a veces desde las transferencias, otras veces con el diseño laberíntico exclusivamente. En base a eso estoy trabajando sobre un plano virtual y creo que son imágenes virtuales las que se forman dentro del laberinto con todo el mundo de cosas que me interesan. Utilizo el laberinto como estructura, como lugar. No hay una imagen exclusiva, he formado una especie de archivo fotográfico con todo lo que veo, con fotografías que me interesan, algunas son transferibles, otras no pero son ideas. En este archivo yo busco mis imágenes y a partir de ellas empiezo ha elaborar los trabajos.
¿Cómo fueron tus primeros contactos con el collagraph?
En un momento nos llamaron a Alicia Rinaldi y a mí de la unión Cava, que tenía una entidad cultural, para encargarnos de organizar cursos y exposiciones. Decidimos no dar las técnicas tradicionales sino una nueva, así empezamos con el collagraph que Alicia había conocido en Estados Unidos.
¿Cómo viviste en el ‘60 la discusión academia-vanguardia?
Fue una discusión especialmente virulenta. Yo he tenido presentaciones donde había mucho vacío por parte de los artistas que consideraban que lo que hacía no era grabado. Lo mismo sucedió con el collagraph que ahora es una técnica más. No solo hablo del collagraph porque yo tuve una participación con Rinaldi muy intensa, sino que yo vi como movilizó a la gente para experimentar en otros campos. Yo creo que si, en los años ‘60 todo era blanco o negro. Los que estabamos en la experimentación insistimos mucho en eso y seguimos y de hecho ahora se ven resultados muy importantes.
¿Cómo era vivir y dedicarse al arte durante la dictadura?
Mirá fue una época muy dura, muy difícil evidentemente. Todo estaba cuestionado y sobre todo cualquier cosa que no fuera lo que la dictadura determinaba. Creo que era difícil porque había muchos artistas que estábamos muy cuestionados por lo que hacíamos, por ciertas exposiciones grupales que se hacían, donde se cuestionaban situaciones, era siempre una situación de riesgo. Yo creo que en esas situaciones de dictadura en cualquier país pensar es algo a lo que se le tiene mucho miedo y es lógico, un tipo que piensa es un tipo que puede decidir cosas, que puede enfrentar, que puede accionar, y como consecuencia es peligroso. Esperemos que no vuelvan esas épocas aunque estemos viviendo en otro tipo de crisis bastante compleja, pero bueno, no se la puede comparar.
¿Cómo ves la situación actual del arte?
Considero que en nuestro momento se trabajaba con otro tiempo, con otra calma, no con ese afán de alcanzar rápidamente el éxito y de exponer inmediatamente. Me refiero un poco a los jóvenes, hay como una especie de apremio, probablemente sea nuestra época que es muy vertiginosa donde pasan muchas cosas y el artista responde a la sociedad a la que pertenece. Hay que rescatar de entre los artistas a aquellos que trabajan seriamente.
¿Qué visión tenés sobre la educación artística en la Argentina?
La gente de las escuelas, por lo que me dicen, en general está descontenta. Y no solo acá sino en el interior hay como un deterioro que también es un poco generalizado en cuanto a las demás áreas de la enseñanza. Yo creo que la enseñanza artística no esta afuera de toda la problemática de lo que nos esta pasando. Es decir, hay como una menor exigencia, se cuestiona mucho a los profesores por su calidad y la gente prefiere ir a estudiar con determinados artistas en talleres particulares.
En cuanto a este periodo de revisión del arte de los años sesenta ¿te parece positivo?
Mirá yo creo que si porque fueron épocas importantes que no hay que olvidar, además a veces hay muchos jóvenes que no saben lo que se hizo y es muy importante poder mostrarlo. Es vital, es nuestra memoria. La falta de memoria que tenemos en Argentina, no solamente en el campo plástico, no es algo exclusivo de los jóvenes, de los adultos también.
Ana Alonso - Eva Fagji

Mabel Rubli