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La Poesía Cubana en 1936

Javier Fornieles Ten (compilador)

Editorial Renacimiento

2008

Tapa blanda, rústica con solapas

290 páginas

Impreso en Salamanca (España)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Portada levemente deslucida.

 

✶ TEXTO EN SOLAPAS:

«FESTIVAL DE LA POESÍA CUBANA.- El día 14 de febrero se celebró en La Habana una fiesta poética bajo los auspicios de Juan Ramón Jiménez y la Institución Hispanocubana de Cultura, en la cual se leyeron poemas de varios autores cubanos y de habla española residentes en Cuba, seleccionados en un concurso previamente convocado. Formaron la Junta del certamen Juan Ramón Jiménez, José María Chacón y Calvo y Camila Henríquez Ureña. Todas las poesías leídas y otras elegidas por dicha Junta aparecerán en el florilegio La poesía cubana en 1936, que será publicado por la Institución patrocinadora del acto».

 

Este es el anuncio que en el año 1936 hacía la revista de Federico de Onís, Revista Hispánica Moderna, para celebrar la publicación inminente de una nueva antología poética auspiciada por Juan Ramón Jiménez. El posible lector tiene en sus manos aquel libro en su edición facsimilar. Un volumen que en su lugar y tiempo, La Habana del año 36, supuso la puesta de largo de una nueva y brillantísima generación de escritores que sería decisiva para las letras cubanas y para la literatura hispanoamericana contemporánea: los hoy llamados poetas origenistas. Entre todos destacó José Lezama Lima, autor de Paradiso y considerado ya en nuestro siglo XXI como un clásico de la Literatura Universal.

JAVIER FORNIELES TEN (Madrid, 1969). Coordina el proyecto para la edición de la correspondencia cruzada entre los autores María Zambrano, José Lezama Lima, José Ángel Valente y Juan Ramón Jiménez. En el año 2006, en esta misma editorial publicó el primer volumen Correspondencia. José Lezama Lima-María Zambrano. María Zambrano-María Luisa Bautista con prólogo de Eloísa Lezama Lima y Tanghy Orbón. Próximamente publicará Querencia Americana. Juan Ramón Jiménez y José Lezama Lima, a la que le seguirá la edición de José Lezama Lima-José Ángel Valente. Correspondencia y otros textos. Es profesor de Enseñanza Secundaria de Lengua y Literatura en Aguadulce, Almería.

 

Juan Ramón Jiménez en Cuba

 

✶ INDICE:

ESTE LIBRO, de Fernando Ortiz

PROLOGO, de Juan Ramón Jiménez.

INDICE DE POETAS.

POEMAS:

AGUSTIN ACOSTA

La espiga tronchada.

Arena de oro.

La miseria divina.

El oscuro combate

La piedra desnuda

El cielo vacío.

Ex-libris

MIRTA AGUIRRE

La verdad profunda.

Desorientación.

“Malgré tout...”

Voy

Este camino yo he de hacerlo a solas.

Vayámonos.

DORA ALONSO

Burla

Raza criolla.

ANGEL I. AUGIER

Ansiedad

Invierno tropical

Tiempo muerto (Cañaveral)

Canción infantil del día que me quieras

EMILIO BALLAGAS

Retrato.

Presencia

Canción sin tiempo

Norturno tuyo.

Nana tuya.

Palabras al fin

Canción de la canción

Y si llegaras tarde

Reloj.

De otro modo.

Elegía sin nombre

MARIANO BRULL

Avión

JOSE ANGEL BUESA

Ala y Raíz.

Elegía II

Elegía III

Elegía IV

Elegía V

Rima a contraluz.

De muerte en flor

JULIA CARDENAS QUINTANA

El pozo negro.

SAMUEL CALDEVILLA

Color de Rosa.

JUAN CARVAJAL

A un recuerdo.

Poema

Nocturno con interrupción.

TETE CASUSO

El retorno sencillo.

¡Buenos días, camino!

Canción de cristal sin motivo.

Canción frutal.

Cantarcito ofendido

De las últimas canciones felices

JOSEFINA DE CEPEDA

Noche de amor en fiesta

Columpio matinal.

He de amarte en silencio esta noche.

Corredor de sol

Poemas de amor.

SILVERIO DIAZ DE LA RIONDA

Identidad

Devenir.

Mariposas

Es

Fué.

Nunca

SAMUEL FEIJOO

Queja

ERNESTO FERNANDEZ ARRONDO

Imposible

Mutación

Obsesión.

Venganza

ESPERANZA FIGUEROA

Tan feliz

Anaxarites.

Las manos.

La luna.

Maternal

EUGENIO FLORIT

Elegía de mayo

Estatua II.

Soneto.

Soneto.

En la muerte de alguien

Canción para leer.

Canción para mañana

Elegía.

Poema de agua y viento.

Pequeño poema cósmico.

Nocturno

Cuatro canciones.

AIDA GABRIELLI

Vivaz.

Viaje por el espejo

ERNESTO M. GARCIA

Rumbo sin brújula

Yerbero de la ciudad

Canción al indio americano.

Elogio del bagazo

RAFAEL GARCIA BARCENA

Miocosmos

Sangre y azúcar.

Marzo

Dos poemas a la luz de la noche.

Hielo.

Música.

Mano blanca

Rosa.

Lunas negras.

JUAN M. GARCIA ESPINOSA

Despedida.

ZOILA GARCIA FOMINAYA

Me gustas como el mar.

Déjeme.

Fantasía humanizada

Concepción.

Maternidad y músculo

La otra luna

“Strange triangle”

Resurrección

“Tres”

Jornada de cosas.

LEONARDO GARCIA FOX

Viaje nocturno en carreta.

ALFONSO GARCIA IGLESIA

Cazador.

Derroche

Voz

Balada del trigo

MERCEDES GARCIA TUDURI DE GOYA

Busca

Inquietud

Va el alma.

ANGEL GAZTELU

Palmera.

Diana

Chopo

Nardo

Caracol.

Rosa.

Cisnes

Girasol

Garza

Siesta

Elegía

JOSE GOMEZ SICRE

La tumba número 134

NICOLAS GUILLEN

Balada del soldado muerto.

No sé por qué piensas tú...

Fusilamiento

Elegía a un soldado vivo

RAMON GUIRAO

El llanto, el llanto.

Noche de peces mordida.

Canto elegíaco a Pablo de la Torriente Brau.

DALIA IÑIGUEZ

Madrugada.

Invocación al árbol olvidado

Oro en el paisaje.

AGUSTIN IRULEGUI

Romance del ayer.

LUKAS LAMADRID MOYA

Madrigal triste

Canción otoñal.

“Allegro”

Extasis

JOSE LEZAMA LIMA

Catedral (motivo)

Catedral (noche y gritería)

En el sur de la rosa.

Nacimiento de la Habana

Se esconde.

Playa de Mariano

Herida fronda.

Errante.

CARLOS LOYNAZ

Adivinanza.

Día claro

Yo te daría.

DULCE MARIA LOYNAZ

Hierro

Eternidad

El pequeño contrahecho.

Espejismo.

Tiempo.

Los motivos del reloj

Soneto

La mujer de humo

Cheché

Agua escondida

La selva

Mujer y mar

ENRIQUE LOYNAZ

El pescador

Entre los lirios

He venido a buscar

No vayas a decir.

A. M. MARTINEZ BELLO

Recuerdo

Duda.

La entrega.

Tercer poema de una voz

Tu eco

Elegía

JULIO MORALES GOMEZ

Al partir

Nocturno

La tarde polícrona

MARIA LUISA MUÑOZ DEL VALLE

Alegría de luz.

Balada inútil

Alborada en el camino

Arbol

Afán

Clarinada de alba.

Gozo de mar

MANUEL NAVARRO LUNA

Dos sonetinos a la madre actual.

La tierra herida (fragmento).

SERAFINA NUÑEZ

Naufragio

Poesía

Canción exaltada en sangre y luz.

Canción desesperada de la armonía presentida

Canción de la imposible evasión.

Infancia.

Vivir.

REGINO PEDROSO

Canción de los barcos náufragos.

Una canción despedazada

Un romance en tierras náufragas

Canción del hilo de agua y la inmensidad.

EMMA PEREZ

Primer canto

Amor.

Después.

Tempestad sobre la isla.

Cartón.

Noción de la muerte de Pablo.

Contra el amor que no se cansa.

FELIPE PICHARDO MOYA

Canción del río crecido.

Cobardía

Bronce

Sol de la tarde

Ciclón

VIRGILIO PIÑERA LLERA

El grito mudo.

FELIX PITA RODRIGUEZ

Poema

HERMINIA DEL PORTAL

Posesión.

Poema

Poema

Poema

Poema

RENE POTTS

Queja

Romance mayor

Balada desigual

Palabras en rima desigual para una melodía yanqui.

CUCA QUINTANA

El héroe.

Instantánea.

Delirio.

Vuelo.

PEDRO ALEJANDRO QUINTANA

Soledad.

Gritos de vida.

Todo pasará hasta ser

Confesiones dementes de una roca al viento

Paisaje.

Renacimiento

MERCEDES REY DE GARRIGA

El rey chiquitico

ALBERTO RIERA

Romance de los gestos

Fugada rosa

El ciclón

Cristo negro

Elegía.

Sonata de abril

Soy.

JOSE RODRIGUEZ MENDEZ

Amiga

Encontronazo del mar a mi ausencia

Enemiga

Dos momentos frente a la luna

Yo te amaba

JUSTO RODRIGUEZ SANTOS

Alba.

La rosa.

Vuelta a nacer.

La palabra.

Mar desnudo

La tarde.

Nocturno

Elegía.

JULIA RODRIGUEZ TOMEU

Caminos.

Carne mística

Reló de arena.

Canto a la tierra.

MARIBLANCA SABAS ALOMA

Poema de tu voz.

Luna en la ciudad

Canción del barco que iba y que venía

Canción del hijo que no ha de nacer.

MARIA SANCHEZ DE FUENTES

Muro.

Sobre alfombras

Río.

Girasol.

Muerte.

Canción.

Necesario.

Cementerio.

Decorado interior.

JOSE ZACARIAS TALLET

Negro ripiera.

Estrofas azules.

VALENTIN TEJADA

El barrio de Belén

Mi verso

CARMELA VALDES GAYOL

Llaves en el viento

El peldaño oculto.

La voz al rojo.

Semilla de cristal

El espejo vivo.

GUILLERMO VILLARRONDA

Canción del amor inconfesado.

ROSA HILDA ZELL

Elegía del buen camarada

Oh, calavera

ARS.

J. L. ZUÑIGA

El incendiario.

Mediodía en la sabana.

 

Portada de la edición original de 1937

 

✶ PRÓLOGO:

La Revista Hispánica Moderna, Tomo III, 1936-1937, dirigida por Federico de Onís, en el apartado de «Noticias Literarias» ofrecía la siguiente información:

«Festival de la poesía cubana. El día 14 de febrero se celebró en La Habana una fiesta poética bajo los auspicios de Juan Ramón Jiménez y la Institución Hispanocubana de Cultura, en la cual se leyeron poemas de varios autores cubanos y de habla española residentes en Cuba, seleccionados en un concurso previamente convocado. Formaron la Junta del certamen Juan Ramón Jiménez, José María Chacón y Calvo y Camila Henríquez Ureña. Todas las poesías leídas y otras elegidas por dicha Junta aparecerán en el florilegio La poesía cubana en 1936, que será publicado por la Institución patrocinadora del acto».

En este anuncio encontramos la información escueta y exacta de un acontecimiento literario ocurrido en el panorama literario habanero meses antes. En orden: la Institución Hispanocubana de Cultura convocó un concurso poético publicitado en los periódicos de la ciudad. Una Junta presidida por Juan Ramón ejerció de jurado en un acto público, «la fiesta poética», que trataría de aunar las distintas tendencias poéticas del momento y que tendría lugar en uno de los teatros de la ciudad. La selección se publicaría, se publicó, en el volumen intitulado La poesía cubana en 1936.

Y así ocurrió. Lo sorprendente de la publicación de este libro es, sin embargo, que fue ideada e impulsada por un Juan Ramón Jiménez que llevaba viviendo en La Habana apenas un mes. El universal poeta andaluz, y más que nunca se le puede calificar de este modo al autor de las Rimas, había llegado a Cuba, a Santiago, en noviembre de 1936. En apenas doce meses la vida del poeta y su mujer habían dado un vuelco radical y sin duda, el hilo conductor que había mantenido a Juan Ramón unido a su destino, su presente americano y a la nostalgia de su tierra natal española, era, ciertamente, el amor a la poesía.

Cabe recordar, en efecto, que apenas un año antes de la publicación de esta antología de poetas cubanos el ahora «huésped de La Habana» vivía más o menos plácidamente en Madrid, que en agosto había tenido que huir a Francia, y de allí a Nueva York, y de los Estados Unidos a Puerto Rico, y de la «Isla de la Simpatía» a Cuba. En efecto, en el curso de unos meses, una agitación terrible en la vida de Juan Ramón y Zenobia, numerosos cambios que, sin embargo, no habían mermado un ápice el compromiso con su Obra, siempre en marcha, siempre también al socaire de lo que los más jóvenes podían apuntar. Dar amparo a los más jóvenes, exigir a los maduros y tolerar a los viejos, ¿no era ésta una de las normas inquebrantables del poeta?

Durante todo el mes de diciembre el poeta de Moguer pronuncia tres conferencias en la Institución Hispanocubana y entre actos, corrillos y ágapes, tuvieron lugar los encuentros y las charlas con el Presidente de la misma, Fernando Ortiz, de las que surgió la necesidad y el proyecto de reunir a todos los poetas de La Habana, mayores y jóvenes, con nombre y sin poema alguno publicado, en una lectura poética, pública y publicable. Hacía sin duda Juan Ramón lo que había venido haciendo durante años en su añorada España: ofrecer respaldo y apoyo a los poetas bisoños, allí donde se encontrara.

Con el cambio de año, del 36 al 37, se madura la idea y se nombran a tres personalidades de la cultura para llevar a cabo el proyecto: Juan Ramón Jiménez, José María Chacón y Calvo y Camila Henríquez Ureña. Para dar publicidad a la convocatoria, la revista Ultra, en la sección «Mensajes de la Institución Hispanocubana de Cultura», publicó en febrero del 37 el siguiente anuncio:

«Por sugestión feliz del poeta español Juan Ramón Jiménez, que tanto ha honrado con su colaboración a la Institución Hispanocubana de Cultura, la Junta Ejecutiva de esta Sociedad ha tomado el acuerdo de celebrar un Festival de la Poesía Cubana previo un certamen con las siguientes bases:

1.- El Festival de la Poesía Cubana no será un concurso con premios, ni solemnidades aparatosas propios de los “juegos florales” de otros siglos; sino una faena de cooperación inteligente y de ponderado criterio para poder componer un cuadro de la presente floración poética de Cuba donde luzcan las últimas producciones de los artistas ya de nombradía bien ganada y donde los novicios y hasta los desconocidos puedan mostrar las primicias de su labor estética que tengan valor positivo.

2.- La Institución Hispanocubana de Cultura se honra patrocinando este esfuerzo y se somete para su organización y efectividad a una Junta del Certamen, la cual por la generosidad de las esclarecidas personalidades literarias a ello invitadas será compuesta por el poeta iniciador señor Juan Ramón Jiménez, quién será su presidente, por el connotado crítico José María Chacón y Calvo y por la Secretaria de la Institución Hispanocubana de Cultura, doctora Camila Henríquez Ureña, quién lo será también de dicha Junta.

3.- La Institución Hispanocubana de Cultura delega plenamente todas sus facultades en la Junta del Certamen, siendo las resoluciones que ésta adopte en sus funciones absolutamente inapelables y ejecutivas.

4.- La Institución Hispanocubana de Cultura hará una edición no menor de mil ejemplares del florilegio La Poesía Cubana en 1936, con un prólogo del poeta, actual huésped de La Habana, Juan Ramón Jiménez, y formado por las mejores poesías presentadas a ese fin por los poetas cubanos a quienes la Institución Hispanocubana de Cultura invita por este medio a que se sirvan honrarla con su personal cooperación.

5.- Los poetas cubanos o de habla española arraigados en Cuba desde hace años, que deseen honrar a la Institución Hispanocubana de Cultura cooperando al festival susodicho, son invitados desde ahora para que se sirvan de la Institución, Manzana de Gómez 329, personalmente o por correo certificado, bajo sobre especial, varias de sus obras poéticas compuestas durante el año 1936, inéditas o publicadas precisamente ese año, en cuyo caso llevarán al pie indicación de cuándo y dónde vieron la luz, además de la firma expresa del autor y expresión de su residencia y nacionalidad. Todo sobre conteniendo alguna composición que no sea inédita o de 1936 será rechazado y su autor podrá ser descalificado para el concurso. Las composiciones deberán ser presentadas en grafía mecánica con original y dos copias, antes del 31 de presente mes de Enero.

6.- La Junta del Certamen seleccionará libremente de entre todas las composiciones presentadas, aquellas que estime preferibles por su mérito y sus diversos géneros y estilos para formar el florilegio La Poesía Cubana en 1936. De éstas, seleccionará a su vez las que juzgue más representativas de los actuales valores poéticos de Cuba para que sean leídas públicamente en un acto destinado al efecto, que tendrá lugar el día 14 de Febrero en un teatro habanero. La lectura de los versos se hará por sus respectivos autores, si así lo desean, o por otra persona delegada en ellos. En este acto, además, se hará pública la relación de las poesías escogidas para formar el florilegio, con sus títulos y nombres de sus autores.

7.- La Institución Hispanocubana de Cultura procederá, terminado el certamen, a estampar la edición del florilegio y entregará gratuitamente a cada poeta seleccionado, cinco ejemplares de la obra. La extensión total de la tirada, así como la forma de su distribución entre los socios de la Institución Hispanocubana de Cultura y el precio que se fije para cubrir los gastos de la edición, serán acordados en su día por la Junta de la Institución.

Habana, enero 20 de 1937.

Por la Junta Ejecutiva

Fernando Ortiz

Presidente

La revista Ultra, portavoz de la Institución Hispanocubana de Cultura, publicaba semanas después el acta de reunión de la Junta. Por esta vía, la Institución informaba de que el día 9 de febrero, a las 9 de la noche, se había reunido con la intención de escoger las composiciones que debían ser leídas días después, el 14 del mismo mes, según reza el punto 6 de la convocatoria, en un acto que no debía exceder de las dos horas y que trataría de sintetizar las distintas tendencias de la poesía cubana de aquella época.

La mañana del 14 de febrero, en el antiguo Teatro Campoamor de La Habana, tuvo lugar la lectura de los poemas elegidos, en un acto que un jóven y soñador poético como era entonces Cintio Vitier ha recordado con estas palabras:

«Los que en plena adolescencia o juventud, asistimos a aquel recital, podemos dar testimonio del fervoroso público, [...] espectáculo insólito de ilusión y maravilla en la desangrada isla, y del ávido silencio, la contenida pasión, el delicado tacto con que aquel público siguió, sílaba a sílaba, aliento a aliento, en una atmósfera como de confianza, el desfile de poetas y poemas que ante él parecía componer otro poema secreto, fascinante, mayor: el de la oscura esperanza de todos en la belleza como profecía y umbral de la justicia».

En el mismo acto público, Juan Ramón tomó la palabra para decir básicamente dos cosas. Una: las posibilidades poéticas que encontró nada más llegar a Cuba. Un sinfín de corrientes y estilos diferentes que necesitaban un mar poético donde reunirse y contrastarse. Dos: la conveniencia de la oralidad lírica, de escuchar poetas recitar sus propias composiciones, de hacer pública la voz callada, silenciada, de muchos jóvenes escritores que no habían tenido aún su oportunidad.

A mitad, pues, del mes de febrero de 1937, la Junta del Certamen había decidido y cumplido con las bases del concurso. Quedaba entonces para su publicación la ordenación de los poemas, el prólogo de Juan Ramón y un comentario final que redactaría Chacón y Calvo.

A partir de marzo Juan Ramón dedica parte de su tiempo a la redacción del prólogo para el «granero», así lo denominaba el poeta, de poesía cubana. De nuevo, Juan Ramón impulsa y aglutina a poetas de diferentes generaciones y tendencias, promueve la poesía, en definitiva, e inicia lo que podríamos definir como su segundo magisterio lírico. El primero, en Madrid, había reunido en los años veinte a los poetas que posteriormente formarían la Generación del 27; ahora en La Habana, a partir de su llegada en el año 36, volvería a interesarse por los escritores más celebrados y a atender pacientemente la poesía de los autores más jóvenes.

A finales de marzo, Juan Ramón tenía ya ultimado el prólogo que encabezaría la antología. «Por la noche visitamos a Camila para leer el prólogo de La poesía cubana en 1936», anota Zenobia el 31 de marzo en su Diario. Con todo, continuó corrigiendo el texto con insistencia las semanas siguientes, pues hay referencias al mismo en el Diario durante varias semanas más. El trece de mayo anota: «Terminada la fiesta me estoy entregando de nuevo totalmente y esta vez con todo mi entusiasmo a ayudar a J. R. en la corrección de La poesía cubana en 1936». Aún más de dos meses después de estos comentarios en los que parecía haber terminado con los trabajos de revisión del texto, de nuevo anota Zenobia el veintiséis de julio: «Regresé a las 10.45 para ayudarle a J. R. con las pruebas de La poesía cubana del 1936». El 30 de julio, cuatro meses después de presentar el prólogo a Camila Henríquez Ureña, el trabajo parece haber terminado: «Trabajamos un día completo sin interrupciones, y mi única alegría en la aburrida labor de corregir pruebas es que al paso que vamos, terminaremos La poesía cubana en 1936, en lo que nos toca, hoy o mañana».

Finalmente, La poesía cubana en 1936, con prólogo y apéndice de Juan Ramón Jiménez y un comentario final de José María Chacón y Calvo, se publicó en agosto de 1937 por la Institución Hispanocubana de Cultura de La Habana. El Festival y la publicación del tomo reunió, en definitiva, en un mismo ímpetu poético muchos esfuerzos soterrados e individuales, muchos participantes no habían publicado ningún libro, e incluso, como Vitier apunta, «esa importancia solo es medible referida a la dispersión, el desaliento y la soledad en que vivían los poetas cubanos, mayores o menores, en los años que iniciaban el período de frustración de la esperanza revolucionaria».

En esta antología se presentan al público poetas que apenas habían publicado y que posteriormente serán reconocidos y que formarán parte del «canon» de la literatura hispanoamericana. Mirta Aguirre, Justo Rodríguez Santos, Ángel Gaztelu o José Lezama Lima. De poetas ya conocidos en el ámbito literario, se publicaron en este volumen versos de Agustín Acosta, Emilio Ballagas, Mariano Brull, Eugenio Florit o Nicolás Guillén. Este «cálido archivo», denominado así también por Juan Ramón en su prólogo, tiene el interés de reunir en un mismo impulso poético las diferentes tendencias y sensaciones poéticas dispersas por la cartografía literaria de Cuba y con un único criterio: «He elegido, afirma Juan Ramón en su prólogo, lo que a mi juicio significaba pensamiento y sentimientos íntimos espresados con la palabra necesaria y suficiente».

A mí, en particular, lo que más me impresiona de este libro es el momento en que está ideado, impulsado, hecho: cuando Hitler preparaba a su ejército para sembrar Europa de sangre, miedo y lágrimas inútiles, mientras el nazismo construía la locura de los barracones con sus correspondientes cámaras de gas para cientos de miles de civiles inocentes, y cuando en España... ¿qué vamos a decir ya de aquellos meses y años de guerra fratricida en nuestra tierra española?

En medio de toda esta barbarie, el poeta mantiene incólume su fe en el hombre, en la poesía y en la creación. Era evidente que los gerifaltes y los dictadores de la Europa de entreguerras no habían leído el canto de partida que el propio Juan Ramón escribió en plenos Pirineos catalanes, en septiembre de 1936, cuando tuvo que dejar atrás y sin remedio su patria caínita:

Cuando todos los siglos vuelven,

anocheciendo, a su belleza,

sube al ámbito universal

la unidad honda de la tierra.

Entonces nuestra vida alcanza

la alta razón de su existencia:

todos somos hijos iguales

en la tierra, madre completa.

Almería, diciembre de 2006.