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Panorama del nuevo arte español

Vicente Aguilera Cerni

Editorial Guadarrama

Colección Panoramas

1966

Tapa dura, con sobrecubierta original

328 páginas

Profusamente ilustrado a color y b/n

Impreso en Madrid (España)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Sobrecubierta con detalles y pequeñas roturas.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ SINOPSIS:

Este “panorama” intenta hacer la crónica —y, en cierto sentido, el balance— del último cuarto de siglo del arte español. Para ello, hemos partido de dos presupuestos que han condicionado el método general y el tratamiento de cada aspecto particular. En virtud del primero, hemos considerado las diversas facetas de nuestra actividad artística como manifestaciones sectoriales pertenecientes al más vasto ámbito de la cultura. Según el segundo, se inserta lo cultural en el doble contexto, que, por una parte, se conecta con las peculiaridades de la sociedad española, y, por otra, aparece ligado a las corrientes que en el nivel supranacional impulsan a las sociedades, a los hombres y a sus obras. De ahí proviene la necesidad de hacer frecuentes referencias que exceden los límites estrictos del “panorama” propuesto para indicar —siquiera sea sumariamente— los datos situacionales y las fuentes de cada actitud.

Aunque tales elementos irán apareciendo de modo más o menos fragmentario a lo largo del libro y según vaya siendo necesaria su inclusión, supongo que la claridad sistemática tal vez hubiera hecho aconsejable una descripción pormenorizada de las bases estructurales sobre las que se ha desarrollado el nuevo arte español, el característico y definidor de este cuarto de siglo. Lo único que desde mi punto de vista puede justificar carencia tan fundamental, es la considerable extensión que ello hubiera requerido y la confianza que nos inspira la capacidad del lector para establecer por sí mismo las oportunas relaciones.

Sin embargo —ya que procuramos estar en la línea progresiva de la actual historiografía artística—, es preciso insistir afirmando que la “peculiaridad” del arte español no puede justificar en ningún momento su consideración como si se produjera con absoluta independencia del conjunto social hispano y separado del resto del mundo. Quiérase o no, la crónica de un quehacer, en un ámbito y en un período, pertenece siempre a las realidades de una totalidad en movimiento.

Muchas veces hemos repetido que lo distintivo de nuestra cultura artística proviene de la tensión entre aislacionismo y apertura. Lo cual no significa que lo indígena deba ser subyugado por lo cosmopolita, sino que ese planteamiento es un instrumento idóneo para intentar comprender globalmente el significado histórico de sus resultados. Es evidente que la parte más creadora y positiva del nuevo arte español pertenece a las corrientes de apertura, pero ello no significa ninguna exclusividad ni tampoco una patente de corso para las negatividades con sello cosmopolita. Si malo es el complejo de inferioridad del “ultra” casticista, no lo es menos el que aqueja a los que sólo viven pendientes de la última oleada internacional. Pero esto no puede resolverse mediante simplificaciones, pues depende de una consideración dialéctica que siempre ofrecerá dificultades y exigirá tener en cuenta muchos matices.

Obvio es decir que la tensión entre aislacionismo y apertura proviene de causas históricas, económicas y sociales. Muchas veces, las soluciones artísticas “universalistas” han sido materialmente impuestas por la falta nacional de ambiente, mercado y público. Lo cual sólo explica un aspecto del fenómeno. En un sentido limitado, estamos ante la prolongación de esfuerzos ya existentes antes de 1936; en sentido amplio, se trata del reflejo de una vasta herencia histórica que se perfiló como antagonismo entre cierta España inmovilista y el curso general de la Historia. De ese modo, cercados por barreras de aislamiento, periódicamente han rebrotado los españoles empeñados en tomarle el pulso al mundo contemporáneo, dando lugar a la existencia de un arte español hecho fuera de las fronteras españolas o directamente destinado a la exportación. Por consiguiente, el nuevo arte no es ajeno al enfoque actual de la antañona polémica entre “casticismo” y “europeísmo”, una pugna que excede el marco de las posiciones culturales e inunda también los campos de la economía, la técnica y la política. Sin embargo, ni las actitudes se repiten mecánicamente, ni es posible ignorar la constante movilidad de los factores. Las cosas pueden hasta cambiar de contenido al variar las circunstancias.

Sabemos que la revolución industrial sorprendió a España trabada en la múltiple red de sus propios problemas; que el siglo XIX fue el de las luchas por el constitucionalismo, el de la Guerra de la Independencia, el de las contiendas civiles, el de la pérdida de las colonias en América y Filipinas, y, en general, un período de aislamiento. Sabemos que la entrada en el siglo XX registra el tránsito de la Monarquía constitucional a la Dictadura, la sangría bélica de Marruecos, la Segunda República, la guerra de 1936-39, el trasfondo de la segunda guerra mundial y la iniciación de un período cuyas evoluciones prosiguen. Sabemos, en fin, que desde que España se quedó encerrada entre las ruinas de su desmoronamiento como potencia mundial, hemos contemplado el desarrollo industrial de otros países donde los inventos mecánicos y los modernos medios de producción se extendían rápidamente, despegándonos del ritmo europeo y dando lugar a desventajas que no han podido ser compensadas. La cuestión agraria, el atraso económico, la falta de instrucción, son temas fundamentales para comprender la “peculiaridad” de nuestra existencia cultural e interpretar correctamente lo que se quiere decir al hablar de “apertura”.

Consiguientemente, el presupuesto de que el arte es una manifestación sectorial de la cultura, obliga a considerar los datos esenciales de su desenvolvimiento y las tensiones que registra. Por lo que se refiere a su desarrollo y extensión, es indispensable recurrir al nivel estructural de la vida y la economía españolas. El estudiar las tendencias y los productos de la actividad artística, implica tener en cuenta su función y su difusión en la sociedad, ya que se trata de un potencial enriquecimiento, de algo que puede expresar la conciencia colectiva, contribuyendo, en el mejor de los casos, a transformarla y elevarla iluminando valores positivos.

Desde este punto de vista —que estimamos esencial—, la situación no es precisamente brillante. Los criterios optimistas o hipócritas exclusivamente basados en la notoriedad y en la excelencia de personalidades “fuera de serie”, además de anacrónicos, resultan estrechos y negativos. Si se produce un arte de primera magnitud, nadie podrá negar que es un triste destino el hacerlo casi únicamente para la exportación o para exposiciones que siempre visita la misma exigua minoría. Esta separación entre la cultura artística y la sociedad abarca desde las necesidades pragmáticas de los propios artistas hasta los intereses comerciales de las galerías, desde la incumplida misión de los museos hasta las realidades culturales de las clases dirigentes, desde los planes didácticos del sector público hasta el estado de instrucción del pueblo, desde el empleo de los medios de difusión multitudinaria hasta la alfabetización y la satisfacción de las necesidades primarias.

Por lo tanto, cuando se habla de “apertura” no se trata tan sólo de comunicarse con lo exterior, sino de ir hacia dentro, hacia el solar español, hacia los españoles corrientes y molientes. Llegamos al nivel —sistemática y culpablemente olvidado— en el que la “cultura artística” abdica de su orgullo y termina modestamente llamándose “instrucción”. Surgen, pues, el armazón estructural de la vida española y los factores condicionantes. En la agricultura, la polarización hacia el minifundio y el latifundio, causa de niveles irrisorios en todos los órdenes. En la industria, la hipertrofia de prácticas monopolistas que, entre otros aspectos, se manifiesta en la producción del papel, con influencia directa sobre la divulgación cultural mediante publicaciones. En los hábitos culturales, las estadísticas dicen que el español —incluido el censo del analfabetismo— compra un libro cada dos años y medio aproximadamente, y cada dos años los españoles que saben leer y escribir. En la enseñanza, conviene repasar comparativamente las cantidades presupuestadas para educación, las dotaciones específicas de los museos y escuelas de Bellas Artes, la antigüedad y eficacia de los planes didácticos...

La tensión entre aislacionismo y apertura aparece con demasiada frecuencia identificada con la existente entre inmovilización estructural y corrientes dinámicas e innovadoras. Siendo esto así, no es de extrañar que su tensión complementaria se halle situada en la información —con todas sus consecuencias— y en el logro de un contenido “misional” para nuestra cultura. Abrir e informar hacia fuera y hacia dentro, misionalizando todos los escalones del arte y, por supuesto, de la actividad crítica e historiográfica, son necesidades absolutas.

Los presupuestos básicos adoptados han puesto en evidencia lo que acaso sobre o falte en este “panorama”. Igualmente, creemos que justifican el método seguido. No obstante, es probable que las deficiencias sean excesivas. Los puntos más dificultosos han radicado en la valoración intrínseca de las tendencias desde el plano de su significado histórico —procurando al propio tiempo evitar un análisis sectario de cada labor particular— y en el encuadre, con una sistemática lo más clara posible, de muchos artistas que han cambiado frecuentemente de orientación. Esperamos que este estudio del último cuarto de siglo del arte español, tenga al menos la utilidad suministrada por la experiencia de los yerros cometidos al escribirlo. V. A. C.

 

Reproducida en esta edición

 

✶ INDICE:

PRIMERA PARTE

Noticias de un proceso histórico

Hasta 1936

Desde 1940

SEGUNDA PARTE

Pórtico

- Aviso

- Paisaje

La gran apertura

- Pablo Picasso

- Juan Gris

- Daniel Vázquez Díaz

- Joan Miró

- Salvador Dalí

La llamada de la tierra

- La redención del suelo

- José Gutiérrez Solana

- El viento de Levante

- Joaquín Vaquero Palacios

- Benjamín Palencia

- Godofredo Ortega Muñoz

- Rafael Zabaleta

Predominio de la expresión y realismo

- Las vertientes de lo expresivo

- Francisco Mateos

- José María de Sucre

- Pedro Gastó

- Manuel Capdevila

- José Guinovart

- Varios nombres

- El problema del realismo español

- Francisco Carreño Prieto

- Xavier Bueno

- José Ortega

- Marc Aleu

- Agustín Ibarrola

- Otras aportaciones

La realidad transfigurada

- Espíritu y mundo

- Francisco Gutiérrez Cossío

- Españoles en la Escuela de París

- Ramón Rogent

- Jaime Muxart

- José Hurtuna

- Juan Fluviá Mas

- Francisco Nieva

- Alberto Ráfols Casamada

- José Roca

- Alvaro Delgado

- Roberta González

- Alvar Suñol

- Pausa

- Antonio Quirós

- José Vento

- Fernando Mignoni

- Angel Medina

- José (Paredes) Jardiel

- Manuel Hernández Mompó

- Final de capítulo con varios nombres

Entre la rebelión y la inocencia

- Agresión a la lógica

- Testimonios

- Una encrucijada

- Los inocentes

La nueva no figuración

- Proclamación de un hecho

- La marea de la situación

- Corrientes

La corriente de acción

- Antonio Saura

- Manuel Mampaso

- Salvador Victoria

- Juan Hernández Pijuán

- Fernando Zóbel

Indeterminación

- Antonio Tapiès

- Modesto Cuixart

- Luis Feito

- Lucio Muñoz

- Gerardo Rueda

- Antonio Suárez

- Manuel Viola

- Juan José Tharrats

- Rafael Canogar

- Eduardo Alcoy

- Francisco Farreras

- “Monielés” (José Soler Vidal)

- Antonio Lago Rivera

- Varios nombres

Entre el grito y el silencio

- Manolo Millares

- Manuel Rivera

- Salvador Soria

- Juan Vilacasas

- Juana Francés

- César Manrique

- Varios nombres

- Nota al margen sobre algunos extranjeros

El predominio de la forma

- Normatividad y formalismo

- Pablo Palazuelo

- José María de Labra

- Varios nombres

- Equipo 57

- Equipo Córdoba

- Manuel Calvo

- Eusebio Sempere

- Francisco Sobrino

- Néstor Basterrechea

Últimas corrientes

- Alternativas

- La llamada “nueva figuración”

- La insurrección de los objetos y el “pop art”

- La invasión de las imágenes y la “crónica de la realidad”

TERCERA PARTE

De la escultura al objeto significativo

- Rudimentos de una problemática

- El caso español

- Tradición y renovación

- Figuración innovada

- Espiritualización y síntesis

- Otro comienzo

- Julio González

- Angel Ferrant

- Jorge de Oteiza

- Pablo Serrano

- Eduardo Chillida

- Martín Chirino

- Marcel Martí

- José María Subirachs

- Moisés Villelia

- Andrés Alfaro

- Miguel Ortiz Berrocal

- Xavier Corberó

- Nota adicional

Indicaciones sobre la arquitectura de la postguerra

- Algunos temas y problemas

- Las corrientes de fondo

- Las corrientes arquitectónicas

- La base estructural

- Las labores particulares

- Consideración final

- Anexo: Algunas obras relevantes de la arquitectura española de la postguerra

 

Reproducida en esta edición