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Pinturas

Hugo Irureta

Museo de Bellas Artes de La Boca

2004

Tapa blanda, rústica con solapas

Sin numerar

Reproducciones a color

Tamaño: 19x22

Ejemplar con dedicatoria a la artística plástica argentina Mabel Rubli

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

Carnaval (1988) - Reproducida en esta edición

 

✶ ESTADO: 9/10. Impecable estado.

Sin detalles.

 

✶ HUGO IRURETA POR RAFAEL SQUIRRU:

Si bien desde hace más de medio siglo Hugo Irureta se viene manifestando como pintor de fuste, con sus inolvidables cafetines de una de sus etapas figurativas, es a partir de la década del 80 que esa energía creadora se vuelca de lleno en las abstracciones que se nutren de su captación de la sensibilidad estética, que entendemos como precolombina. Una sensibilidad que lo llevó a fundar en 1988 el Museo de Tilcara, en la Quebrada de Humahuaca.

Es probable que al tener yo dos abuelas de ancestro indígena estas últimas abstracciones que nos deslumbran desde mediados de la década de los 90 me resulten tanto o más familiares que las que hacen a mi condición de porteño, que comparto con Irureta.

Uno de mis poemarios está dedicado a los Incas, partiendo de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, un clásico de nuestras letras que San Martín intentó editar cuando estaba en Córdoba, ambición que se concretó en el siglo XX. Por algo aquella logia de patriotas se llamó Lautaro.

El arte de Irureta está muy cerca de los ponchos y tapices que hemos visto tejer en nuestro noroeste. Tan solo que esas voces telúricas están enriquecidas por una vasta cultura que no desprecia los hallazgos de un Mondrian o de otros grandes maestros europeos del abstraccionismo geometrizante. Toda esta cultura visual es asimilada por el ojo despierto de Irureta que ha penetrado hondo en el espíritu de América.

Quizá por ello no sea inapropiado celebrar estas pinturas con mi poesía dedicada al Inca Viracocha: "Por indomable / Desde chico / Rigor de fieras y montañas. // En aquella soledad / Revelada la amenaza invasora / De los chancas. // Cuando mayores huyeron del peligro / Tomé, muchacho / La defensa del Cuzco / Y de sus vírgenes. // Cada piedra mi soldado / En pampas de sangre / Ahogué al enemigo. / Mi imperio no conoció holgazanes ni mendigos. / Hoy / Cóndor de ala abierta / Anuncio / La Victoria.

 

Andino (2002) - Reproducida en esta edición

 

✶ PINTURAS DE HUGO IRURETA EN EL MUSEO DE LA COLINA

Al observar una fotografía aérea de Costaca, lugar arqueológico cercano a Humahuaca, se percibe la organización tipológica que surge de la necesidad de conducir el agua aprovechando las terrazas que no alteraban fundamentalmente al paisaje.

Eso sí, predomina el fuerte diseño del alto picado que balanceaba la temperatura. Esta gigantesca construcción excedía las necesidades del grupo humano circundante, lógicamente, este centro cubría necesidades de una gran región que rebasaba los ridículos límites actuales.

La imagen obtenida por practicidad e intuición es de una gran belleza estética. Esto viene a colación de esta imperdible exposición del maestro Hugo Irureta. Seguramente, en el acezante tren que dejaba las nubes atrás quedó deslumbrado por la luz, diablos y osos del Carnaval.

Antes, en su Buenos Aires natal, concurría a certámenes de "manchas", especialidad en la que era imbatible y más si el motivo propuesto conducía a Vuelta de Rocha o Isla Maciel. Sus naturalezas muertas ya estaban imbuidas en un clima irreal, no sólo por su colorido, sino por búsquedas técnicas tales como sopleteado.

Es interesante comprobar cómo una necesidad expresiva corresponde a un recurso técnico apropiado. En la muestra que se ofrece en el Museo de Bellas Artes "Octavio de la Colina", campea la ductilidad del acrílico, transparencia, relieve, y la fina textura de la tela de lino que en ciertos casos apenas es modificada.

Volviendo a la visión aérea, recordamos al gran artista Zyslo, quien se inspiró seguramente en Sacsahuaman y los jeroglíficos de Nazca para realizar una obra gestual y nocturna.

Como indicadores, estableceremos cuatro tendencias que creemos vislumbrar en la reciente producción de nuestro artista.

Destacándose los acrílicos de contundente presencia matérica y simbólica que semejan "uncus", es decir, una especie de camisa precolombina. Al parecer sus signos tejidos, tocapos, tenían sentido idiográfico, los mismos denotaban etnias, jerarquías o ayus, células productivas comunitarias, existen dibujos de aquel famoso cronista indígena Huaman Poma de Ayala, al respecto.

Pero también la insigne estudiosa boliviana Teresa Gisbert nos dice que estos signos abstractizantes, repetidos, invertidos, transformados, constituían todo un sistema comunicativo.

Irureta intuye desde su sensibilidad ese mensaje que viene del fondo de los tiempos. Por ejemplo, "Norte Argentino" y "Diagrama del Noroeste".

Jeroglíficos parecen esas grandes telas donde imaginamos una pirca, allá una canana, pecanas, senderos que convergen a un centro ceremonial o apacheta. Señalamos "Norte Andentro I" y "Norte Andino X".

Obras en formato menor nos producen impresión de sonidos. Son partículas de color que vuelan o se encuentran sobre campos de vívidos colores. Creemos percibir los sonidos de ágata, rodocrocita, o cristal de roca pendientes al viento: "Tótem" y "Noroeste III".

Por último están esos espacios apenas rozados por el pincel y rascados por la espátula. La imagen se gesta en signos flotantes, transparentes y en colores degradados. Son espejismos y alucinaciones que produce la sequedad del clima o la altura del "Soroche": "Noroeste Andino VI" y "Noroeste II".

"Símbolos Andinos" no sólo alude a nuestra región, sino también a aquella influencia que llegaba desde la Patagonia hasta Colombia.

Grande, digna exposición de integración indoamericana; pero también de búsquedas en un lenguaje actual, que nos identifique sin falsas fronteras ni esclavizantes globalizaciones.

Pedro Alberto Molina, "El Independiente" de Junio de 2002, La Rioja.

 

Calidoscopio (1998). Reproducida en esta edición