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Transcomunalidad: intervenciones y colaboraciones con

comunidades de zanqueros

(Interventions and Collaborations in Stilt Dancing Communities)

Laura Anderson Barbata

Editorial Turner

2012

Traducción de Virginia Ruano

Tapa dura

229 páginas

Numerosas fotografías a color: página completa y a doble página

Tamaño: Folio Mayor (35x25)

Impreso en Verona (Italia)

 

✶ ESTADO: 10/10. Excelente estado.

Sin detalles.

 

Reproducida en esta edición

 

DEL ESTUDIO A LA CALLE: LAURA ANDERSON BARBATA

Al principio del ensayo evocador y penetrante que escribió Melissa Potter para este libro sobre la obra que ha desarrollado Laura Anderson Barbata durante los últimos diez años, la autora insiste en que “pocos artistas combinan la acción comunitaria y la práctica artística de una manera tan eficaz como ella”. Esta frase define la esencia del proyecto global de Anderson Barbata y pone de relieve la participación de una amplia variedad de participantes en las acciones e intervenciones que se documentan a fondo en el presente volumen. Sin embargo, me gustaría matizar ligeramente esta valoración de la obra de Anderson Barbata y afirmar que la “acción comunitaria” y la “práctica artística” son lo mismo, en realidad. Los proyectos de arte participativo y las creaciones individuales de la imaginación estética se funden indisociablemente en su arte. Como conozco a la artista desde 1988 o 1989, me he tomado la libertad de utilizar su nombre de pila en este ensayo. Somos buenos amigos y compañeros de profesión, y me parece raro llamarla por su apellido. Es muy difícil, si no imposible, definir la obra reciente de Laura según los criterios convencionales de la práctica artística.

Si empleamos la etiqueta “arte performativo”, su labor queda relegada, en mi opinión, a un ámbito que en la actualidad se caracteriza por la vanidad autorreferencial. Es indudable que el “activismo comunitario” forma parte de su práctica artística, pero utilizar esa etiqueta equivale a simplificar el impulso fundamental de la expresión estética. Sus acciones son ejemplos singulares de mestizaje cultural o bien combinaciones y apropiaciones respetuosas de formas de actividad, de arte y de vida de muy diversos orígenes. Un ejemplo perfecto de este tipo de práctica es el de los encuentros de artistas procedentes de distintas esferas culturales que promueve la artista para que interactúen y creen nuevas formas de expresión. Este aspecto de la obra de Laura recuerda a los estudios del semiólogo y crítico literario francés Roland Barthes. Barthes desarrolló un nuevo concepto de “convivencia” (vivre ensemble) e investigó la naturaleza de las comunidades y de sus acuerdos y desacuerdos mutuos. La culminación de sus estudios en este ámbito es la magistral serie de seminarios titulada Comment vivre ensemble (Cómo vivir juntos), que impartió en el Collège de France en 1977, cuando ocupaba la cátedra de semiología literaria. En esos seminarios, Barthes analizaba una serie de textos clásicos de la literatura, desde Robinson Crusoe de Daniel Defoe hasta La montaña mágica de Thomas Mann, para estudiar el modo en que la gente puede reinventar su propia personalidad, adaptarla a las exigencias del grupo o, en algunos casos, rechazar por completo la experiencia de la comunidad.

A mi juicio, este tipo de enfoque es precisamente el que utiliza Laura en estos encuentros. En la intervención que organizó en 2011 en Nueva York coincidiendo con la protesta del movimiento Ocupa Wall Street, la artista cuestionó esta noción de vivre ensemble y la amplió hasta llevarla prácticamente al límite de su viabilidad. Éste ha sido uno de los proyectos más atrevidos de su carrera. La intervención tuvo lugar en un momento de extraordinarias tensiones sociales en Nueva York y en Estados Unidos (en el otoño y el invierno de 2011-2012), y coincidió con una serie de acciones que suscitaron la indignación social en muchos países. Esa reacción formaba parte de un nuevo movimiento mundial en favor de la tolerancia, derivado del mismo Zeitgeist que había desencadenado los levantamientos de la Primavera Árabe en Medio Oriente, las protestas contra la oligarquía dirigente en Rusia y otras manifestaciones similares de angustia colectiva que tuvieron lugar entre 2011 y 2012. El proyecto Wall Street de Laura era atrevido, arriesgado y provocador, y sirvió como vehículo para la interacción de varios estratos sociales que se dieron cita para plantearse preguntas mutuamente y a título individual. Lo mismo puede decirse de casi todas sus obras interactivas.

Los proyectos de larga duración con grupos indígenas yanomamis que ha llevado a cabo en Venezuela no pueden ser más necesarios ni provocadores. Elaborar papel, recuperar historias de la creación y ofrecerle a una sociedad una plataforma para ejercitar su patrimonio cultural es un proyecto atrevido que posee, al mismo tiempo, una dimensión ética desde el punto de vista artístico y moral. Su tarea ha consistido y consiste en poner la creatividad al servicio del progreso social. Me gustaría dejar claro, sin embargo, que las intervenciones artísticas de Laura Anderson Barbata no están ni mucho menos desprovistas de elegancia, sutileza y sentido del humor. Lejos de la monotonía y el ensimismamiento de los performances de algunos de los artistas interactivos más famosos de nuestra época, las obras de Laura se caracterizan por su capacidad de cautivar los sentidos en cada aspecto de la creación.

 

Reproducida en esta edición

 

Cuando la artista prepara un encuentro entre los Zancudos de Zaachila, los Moko Jumbies de Trinidad y los zanqueros de Brooklyn, no se limita a crear una forma artística de globalización, sino que proporciona una plataforma de enriquecimiento mutuo que permite el intercambio físico, estético y cultural. En estos proyectos Laura actúa a la vez como empresaria, agente catalizador, promotora artística y participante. Este libro se centra en el análisis de esas superobras o proezas del performance, y es justo que sea así, puesto que este aspecto de su obra es vital, espectacular y está cargado de inspiración. Pero mi formación de historiador del arte me obliga a subrayar que Laura Anderson Barbata alcanzó la madurez creativa mucho antes de dedicarse al performance. Sus inquietudes actuales son el resultado de un largo periodo de evolución artística en una carrera que se caracteriza por el estudio riguroso, el trabajo duro, la versatilidad y la experimentación. Todos los proyectos de Laura, sean bidimensionales, tridimensionales o interactivos, son la consecuencia de largos periodos de investigación y reflexión. Laura, de hecho, dedica el mismo tiempo a la filosofía y al estudio de la historia del arte y de la cultura que al ejercicio de la creatividad visual. La lectura voraz, el trabajo de campo exhaustivo y la incursión en la historia cultural, social y política de los lugares y su gente han impulsado la formación de su carrera.

Como ya he señalado, conocí a Laura a finales de los ochenta, una época muy distinta de la década que ha alumbrado las obras fotografiadas y comentadas en el grueso de esta publicación. Fui el curador de una exposición que llevaba por título La mujer en México, que se inauguró en el National Academy of Design Museum de Nueva York y que luego viajó a la ciudad de México, a Monterrey y a Lieja. Para mí, que había trabajado durante mucho tiempo en el campo del arte mexicano y estaba profundamente interesado en la influencia de la mujer en las artes y las letras de ese país, fue una exposición muy importante. En la muestra aparecían los nombres de muchas artistas famosas de los años cuarenta y cincuenta: algunas nacidas en México y otras que habían emigrado allí en los años de la Segunda Guerra Mundial (Frida Kahlo, María Izquierdo, Lola Álvarez Bravo, Leonora Carrington, Remedios Varo, entre otras). Mi intención era compensar la presencia de esas figuras relevantes con obras de artistas jóvenes, exponentes de las corrientes más interesantes del arte contemporáneo.

Laura participó en la exposición con las obras que estaba creando en aquel entonces, piezas de dos y tres dimensiones, abstractas en apariencia, pero cargadas de reminiscencias de símbolos totémicos y emblemas chamánicos. Sus esculturas eran largas estacas de madera con piedras incrustadas, similares a los símbolos que se utilizan en las sociedades sin escritura para señalar un cruce de caminos. También presentó algunos dibujos monocromos con gis, imágenes amplias y gestuales que reflejaban un interés latente por la expresión formal no objetiva y un conocimiento profundo de las técnicas del arte abstracto de principios del siglo XX. En los proyectos que desarrolló en los años noventa se puede percibir una evolución gradual en el ámbito de las obras tridimensionales y un giro progresivo hacia la solidaridad con los problemas y los dilemas sociales. Una de las obras de esa época que más me impresionó fue un proyecto que presentó en la VI Bienal de La Habana (1997), una ambiciosa instalación que versaba sobre las lenguas indígenas en peligro de extinción en México y otros lugares.

En todas sus obras, Laura Anderson Barbata analiza la sensibilidad y la conciencia del individuo y de la comunidad. Quizá sea éste el motivo que la ha llevado a compartir sus experiencias y sus conocimientos a través de la práctica docente. Desde 2010, imparte clases de arte en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda, en la ciudad de México. Alterna la docencia con viajes, proyectos, talleres e intervenciones por todo el mundo. Sus alumnos tienen la suerte de poder compartir su sensibilidad, su sabiduría y su pericia. Y nosotros, los lectores de este libro, debemos agradecer la oportunidad que se nos brinda de adentrarnos de un modo más directo e íntimo en la conciencia estética compleja y en perpetuo estado de evolución de una fuerza del mundo del arte y de la acción social. Edward J. Sullivan

 

✶ INDICE:

- DEL ESTUDIO A LA CALLE, por Edward J. Sullivan

- COMUNIDAD, COLABORACIÓN Y ESCULTURA SOCIAL, por Melissa Potter

- NUEVA YORK: WALL STREET

- TRINIDAD Y TOBAGO: SIN CAER

- OAXACA: ZANCUDOS

- EL GRANERO Y LA OTREDAD: UNA CONVERSACIÓN CON TIM ROLLINS

- CONVERSACIÓN CON LAURA ANDERSON BARBATA, por Juan García de Oteyza

- CRONOLOGÍA ILUSTRADA

AGRADECIMIENTOS

 

Reproducida en esta edición