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Victoria Ocampo

Fryda Schultz de Mantovani

Editorial Ediciones Culturales Argentinas

1979

Tapa blanda, rústica sin solapas

112 páginas

Fotografías en b/n

Tamaño: 25x18

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Muy buen estado.

Desgastes generales mínimos por paso del tiempo. Detalles en lomo.

 

✶ CONTRATAPA:

Vastamente conocida y admirada es esta poeta y ensayista que está desarrollando una tarea bella, generosa y trascendente.

Sus obras de creación y esclarecimiento; sus colaboraciones frecuentes en La Nación, y Sur, de Buenos Aires, Cuadernos Americanos, de México, Asomante, de Puerto Rico, El Nacional, de Caracas y otras revistas del continente, sus conferencias y cursos sobre temas de su dedicación, como la literatura hispanoamericana, figuras y problemas de la Argentina e historia universal de la literatura infantil, desarrollados en círculos literarios argentinos y en las universidades de Chile, La Habana y Caracas, su participación en importantes jurados nacionales sobre novela, cuento y poesía, y su actuación en la crítica literaria, han llevado el prestigio de su nombre y la difusión de su obra más allá de nuestras fronteras. En diversas oportunidades, su labor ha sido avalada por el juicio de notorias personalidades americanas como las de Gabriela Mistral, Amado Alonso, Roberto F. Giusti, Ezequiel Martínez Estrada, Enrique Anderson Imbert, Luis Emilio Soto, Manuel Pedro González, Eugenio Florit y José María Chacón y Calvo.

Su poesía, de auténtico lirismo, está reunida, hasta el momento, en Navegante, (1940); Sáficos y otros poemas, (1942) y Canto Ciego, (1949).

Renovadores ensayos sobre la creación literaria y las figuras representativas de las letras argentinas e hispanoamericanas contienen sus libros: Apasionados del Nuevo Mundo, (1952), Samuel Haigh, uno de los viajeros ingleses, (1957) y La mujer en la vida nacional, (1960).

Su obra alcanza trascendencia especial en la literatura que se expresa al poético servicio del niño. El mundo poético infantil, (1944), es un valioso ensayo sobre la sensibilidad creadora y expresiva de la infancia, así como Fábula del niño en el hombre, (1951), conjunto de profundas y originales indagaciones en torno a la supervivencia de la infancia en el alma de los grandes hombres; y el más reciente, Sobre las hadas, (1959), es un estudio teórico de la literatura infantil a través de sus principales arquetipos y creadores. También ha cultivado el género, con singular encanto y excelencia, en Para la noche de Noél, (1938), El brujo de paja, (1941) y El árbol guardavoces, (1957).

Fryda Schultz de Mantovani aborda en el presente trabajo, una vez más, el ensayo, género en el que ha proporcionado excepcionales expresiones. Lo hace ahora para ocuparse de Victoria Ocampo, una de las personalidades de mayor significación en las letras argentinas de nuestro tiempo. Con el fervor de quien ha asumido una obra admirada para hablar de ella, Fryda Schultz de Mantovani analiza los agudos escritos de la autora de Testimonios, refiriéndose a las características de su estilo y a los aspectos más ricos de su pensamiento. Al mismo tiempo, y mediante una selección de páginas diversas, proporciona al lector un panorama antológico de una labor intelectual que ha alcanzado vastas proyecciones.

 

✶ INDICE:

- Preliminar 

- Noticias biográficas 

- Encuentros 

- Persona y testimonio 

- Sonidos y luces en las barrancas de San Isidro 

1- Antología

El Infierno (De Francesca a Beatrice)

Güiraldes (Supremacía del alma y de la sangre)

Un cuarto propio (Virginia Woolf, Orlando y Cía.)

Quiromancia de la Pampa (Testimonios, I)

Palabras francesas (Testimonios, I)

La tarde de Munich (Testimonios, II)

Fani (Testimonios, V)

Anna de Noailles (Testimonios, I)

Mi deuda con Ortega (Testimonios, V)

Adiós al tren del Bajo 

- Bibliografía

Victoria Ocampo: libros, traducciones, artículos, cartas, conferencias, discursos, folletos

Artículos y noticias sobre V. O., según ficheros de La Prensa y de La Nación

 

✶ UN CUARTO PROPIO Y VIRGINIA WOOLF (fragmento)

A room of one’s own es un ensayo basado en dos conferencias y cuyo tema es las mujeres y la literatura de imaginación. El problema de la mujer en cuanto escritora está tratado en esas páginas con una fuerza y una sutileza extraordinarias. Virginia se siente aquí en su elemento. Su humorismo, compañero inseparable de su lirismo, se asoma y sonríe, burlón, casi en cada línea. Entra en ese tema candente para ella con un completo dominio de su pasión. Entra como Pavlova en escena en la muerte del cisne, de puntillas, sin consentir en perder un milímetro de su estatura. Y nótese bien que no es por afectación. Pero en cuanto Virginia Woolf toma la pluma ya no puede apoyar los talones en tierra, ya no puede caminar, parece flotar a unos centímetros del suelo, alada en su prosa, como Pavlova en sus danzas.

Virginia Woolf no se interesa sólo por los problemas de la mujer en cuanto escritora, apresurémonos a decirlo. Se interesa igualmente por los problemas de la mujer en cuanto mujer y cualquiera que sea su clase social. Un crítico de izquierda (¿y no es desdicha que los críticos dejen transparentar sus pasiones políticas cuando hablan de literatura?) reprochaba hace poco a Virginia Woolf el que sólo describiera, como Proust, los sufrimientos de la flor y nata de la burguesía parasitaria. Uno de los pasajes más poderosamente líricos de su obra describe, por ejemplo, dice el crítico, los sentimientos de una mujer de mundo que acompaña a su marido a un lunch al que ella no ha sido invitada. ¡Cuánta inconsecuencia en esta censura! Porque si las mujeres de mundo, así como los lunches y las invitaciones a que dan lugar, están destinadas a desaparecer en un futuro cercano, la obra de Virginia Woolf tendrá pronto la importancia de un monumento megalítico.

Les decía, pues, que Virginia se interesa por los problemas de la mujer cualquiera sea su clase social. The Hogarth Press ha publicado bajo el título de La vida tal como la hemos conocido, una serie de artículos escritos por obreras. Estas mujeres cuentan sus experiencias personales durante los últimos cincuenta años. Son elocuentes documentos que Virginia ha hecho preceder de una carta-prólogo en que expresa la amistad y la admiración que le inspiran estas trabajadoras. En esta carta, la autora de Orlando toca las cosas más prosaicas de la vida diaria, pero a su modo, es decir, sin apoyar los talones en tierra.

El lado feminista de Virginia, en el mejor sentido de la palabra, es uno de sus lados más generosos y más humanos. La actitud de una reina Victoria frente a este problema prueba hasta qué punto se creía excepcional y hasta qué punto era limitado su entendimiento. La de una Anna de Noailles, que también se creía excepcional, con perfecto derecho, y también se jactaba de antifeminismo, es más difícil de explicar y justificar. Acaso una excesiva admiración hacia Bonaparte oscurecía en este respecto la inteligencia de Anna de Noailles. Pues resulta difícil adorar devotamente a Napoleón, no encontrarle defectos, y creer al mismo tiempo en la emancipación de la mujer. Quisiera agregar que esto vale también para Mussolini y para Hitler.

Recuérdense las opiniones de Bonaparte sobre las mujeres. Hasta llegó a decir: “La mujer es propiedad nuestra, nosotros no somos propiedad suya, pues ella nos da hijos y el hombre no se los da. Es por lo tanto propiedad suya como el árbol frutal lo es del jardinero”. Según este admirable razonamiento, la mujer por el hecho de dar al hombre algo precioso, que éste no puede darle a ella, se coloca en condición de inferioridad. Como se ve, el que gana más batallas no siempre es el que mejor razona y se puede ser a la vez un gran conquistador y un peligroso insensato. Cómo puede calificarse de otro modo al hombre que declara: “De esto no entendemos nada nosotros, los pueblos de Occidente. . . Lo hemos echado todo a perder tratando a las mujeres demasiado bien. Las hemos llevado a igualarse con nosotros. Los pueblos de Oriente eran mucho más ingeniosos y acertados, las habían declarado verdadera propiedad del hombre y, en efecto, la naturaleza las ha hecho esclavas nuestra. . .”, etc.

Pero dejemos a Napoleón y sus émulos para otra ocasión.

 

De Virginia Woolf, Orlando y Cía., Edic. Sur, Buenos Aires, 1938. De una conferencia pronunciada en Amigos del Arte, de Buenos Aires, el 7 de julio de 1937.

 

 

Victoria Ocampo (1890-1979)