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Vida y circunstancia de Enrique Julio: fundador de la Nueva Provincia

Juan Luis Gallardo

Editorial La Nueva Provincia

1998

Tapa dura

244 páginas

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes mínimos por paso del tiempo.

 

✶ NOTICIA PRELIMINAR:

Durante el invierno de 1979 me llamó Vicente Massot para invitarme a almorzar. Con Vicente nos conocíamos poco, aunque cada uno sabía bien quién era el otro. Aquel almuerzo resultó punto de partida para una larga y cordial relación con él y su familia, tanto personal como periodística.

Fue entonces, en efecto, cuando me propuso escribir en “La Nueva Provincia”, transmitiéndome un ofrecimiento al que no eran ajenos sus hermanos Federico y Alejandro ni, naturalmente, su madre, directora de la publicación. Así, a partir del martes 7 de agosto de ese año, empezaron a aparecer, semanalmente, mis colaboraciones en “El Diario del Sur Argentino”, a veces firmadas y a veces no.

Al aproximarse la fecha en que se cumpliría el primer centenario de la fundación del matutino, las circunstancias apuntadas tornaron bastante natural que los descendientes de don Enrique Julio, continuadores de su obra, pensaran en mí para escribir una biografía del fundador.

La empresa, no obstante, presentaba algunos inconvenientes, a saber: no ser yo historiador, aunque enseño Historia en la universidad, ni conocer las intimidades domésticas del pasado bahiense, por no haberme criado en Bahía Blanca.

Ambos obstáculos pudieron ser superados sin embargo, espero que felizmente. Por un lado, fueron puestos a mi disposición los abundantes datos recogidos por José Guardiola Plubins, hoy fallecido, a quien el diario encomendó la tarea de obtenerlos y copiarlos, realizando en consecuencia un trabajo notable, a raíz de lo cual se debe tener a Guardiola como coautor del presente libro, edificado en buena medida con los materiales por él reunidos. Por otro lado, algunos viajes a Bahía Blanca, conversaciones mantenidas con gente arraigada allí y abundantes lecturas, contribuyeron a rellenar los baches más pronunciados de mi información referida al ayer de la ciudad. Me resultaron finalmente de suma utilidad las constancias cosechadas en Paraná por mi hija Milagros y, en Mendoza, por Horacio Altieri (h), historiadores una y otro.

Cuando acepté acometer esta labor, debo reconocer que actué movido, principalmente, por razones de afecto y reconocimiento hacia quienes me permitieron expresarme, por mucho tiempo y sin condicionamiento alguno, a través de las páginas de su diario. Pues poco o nada sabía del personaje cuya vida debería reseñar. Pero ocurrió que, conforme me iba familiarizando con el mismo, la trayectoria de su existencia, la existencia de un realizador, idealista y práctico a la vez, fue suscitando mi simpatía solidaria, a la vez que una curiosidad creciente por conocer sus detalles menudos, insertos en el marco de una época llena de atractivos, ya que durante su transcurso tuvo lugar una etapa fundamental en el crecimiento de la República. Por lo tanto, aquello que pudo haber sido un emprendimiento cumplido por compromiso, vino a resultar un cometido grato y satisfactorio.

No es ésta, por cierto, una biografía exhaustiva ni mayormente orgánica, presentando seguramente hiatos y omisiones en su desarrollo. Cosa que obedece, en parte, a falta de datos; en parte, a que algunos de ellos son contradictorios; y, en parte, a mis inclinaciones periodísticas, que me impulsaron a escribir una obra ágil y amena, aunque ello conspirara contra la pretensión de poner en manos del lector un trabajo que pueda tenerse por definitivo. Otros, en todo caso, podrán completar este esbozo y suplir sus silencios, para satisfacer a cuantos deseen profundizar en el tema.

Y espero se me disculpe si las páginas que siguen incluyen numerosas referencias personales. Ello obedece a una inclinación invencible que padezco y a que, alguna vez, la vida de Enrique Julio se cruzó con la de personas vinculadas conmigo o se desenvolvió entre avatares que no me resultan extraños. Por ejemplo, al visitar el general Roca Bahía Blanca en 1899, responde las preguntas que le formula Julio como periodista y, en tal oportunidad, menciona a mi bisabuelo, el ingeniero Juan Pirovano, con motivo de haber trazado éste el límite que separa las provincias de Buenos Aires y La Pampa, gobernación por entonces. Además, el fundador de “La Nueva Provincia” participó de la revolución radical de 1905, que dio lugar a la llamada “tragedia de Pirovano”, habiendo hallado amparo alguno de los sobrevivientes en el monte de la estancia que era propiedad de mi familia materna. A raíz de su gestión como Director de Escuelas en Mendoza, Julio concluyó felizmente una negociación con el Consejo Nacional de Educación, presidido a la sazón por mi abuelo paterno, Angel Gallardo, quien, en las memorias que escribió, relata su accidentada llegada a Bahía Blanca, mientras desempeñaba el cargo. Y es mi tío abuelo José Luis Cantilo quien rige los destinos provinciales al cumplir 40 años de vida el diario de Julio, enviándole con ese motivo un conceptuoso saludo autógrafo; más tarde, dedicará un artículo necrológico a su memoria. Coincidencias todas que cedí a la tentación de señalar, pensando que agregarían calidez a mi trabajo.

Parece ocioso reconocer la inspiración orteguiana que delata el título del libro. Y, ya que aludí a la “circunstancia” del biografiado, creo oportuno destacar dos aspectos de ella que no pueden dejarse de lado. Se refiere el primero al tono de optimismo patriótico, imperante en la Argentina que presta fondo a la vida de Julio. Un tono general que era producto de las realizaciones que se sucedían en el país y que, al mismo tiempo, fue causa eficiente de las mismas, pues alentaba la concepción de grandes proyectos que se confiaba tendrían feliz desenlace. En cuanto al segundo aspecto, atañe específicamente al gran proyecto de Enrique Julio, al sueño que persiguió tenazmente desde la juventud hasta el fin de sus días y que dejó estampado en el nombre de su hoja.

La Argentina de aquellos años permitía soñar y avanzó al compás de los sueños concebidos por sus constructores. Julio alentó el suyo. Y, si bien no pudo llevarlo a la práctica, mientras lo perseguía, como quien no quiere la cosa, forjó un emporio que perpetúa su nombre. Hago votos para que, en la Argentina, finalmente los argentinos podamos volver a soñar.

J. L. G.

 

✶ INDICE:

Noticia preliminar

Capítulo I

Nacimiento y niñez en Catamarca

Capítulo II

Educación en Mendoza

Capítulo III

Profesor por Paraná

Capítulo IV

Retorno a Cuyo

Capítulo V

Desembarco en Bahía Blanca

Capítulo VI

El aroma de la tinta

Capítulo VII

La nueva provincia y “La Nueva Provincia”

Capítulo VIII

Revolución del cinco

Capítulo IX

El diario del sur argentino

Capítulo X

Director general de escuelas

 

Juan Luis Gallardo