| 1 cuota de $28.000,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $28.000,00 |
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Historia de los grandes burdeles del mundo
(Great bordellos of the world)
Emmett Murphy
Editorial Temas de Hoy
Colección Biblioteca Erótica
1989
Traducción de María Corniero
Tapa blanda, rústica con solapas
350 páginas
Fotografías y reproducciones b/n
Impreso en Bogotá (Colombia)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Sin detalles.
Reproducida en esta edición
✶ INTRODUCCIÓN:
A mediados de los años setenta, en la mayor de las ciudades americanas, capital mundial del espectáculo, se gestaba un plan para abrir el burdel más grande y más lujoso de los EE.UU.
Se proyectaba situarlo a tiro de piedra de Times Square, zona visitada anualmente por unos dieciséis millones de personas entre turistas y asistentes a convenciones, cuya presencia genera un volumen de negocios anual de cinco billones de dólares. Su localización sería la de los Baños Luxor, conocido centro de reunión de homosexuales situado en el número 121 de West 46th Street, que se reformaría de arriba abajo para convertirlo en el «salón de masajes» mayor, más suntuoso y más caro de la nación.
El edificio, al filtrarse las noticias sobre el proyecto, se convirtió en objeto de disputa entre el ayuntamiento y los promotores: los políticos y el clero se alineaban en un frente, mientras en el opuesto se unían los intereses inmobiliarios con los sindicatos del crimen organizado. El alcalde de la ciudad estaba apoyado por hombres de negocios y líderes religiosos preocupados por el Midtown Coordinating Committee (Comité Coordinador para el Cumplimiento de la Ley de Midtown de Nueva York), que se habían comprometido a capitanear una guerra santa contra el crimen y a atacar implacablemente la pornografía y la prostitución.
Pero he aquí que el dueño del edificio destinado a convertirse en un burdel notorio resultó ser, según demostraron averiguaciones hechas más tarde, un importante miembro del Comité de Acción del propio alcalde, cuyo cometido era hacer desaparecer de la zona, y a ser posible de toda la ciudad, las casas como la suya propia que, torpemente encubiertas, se dedicaban a la prostitución.
Después de mucho tira y afloja y de muchos tejemanejes legales con demandas y contrademandas que venían a cargar aún más la ya enrarecida atmósfera, el miembro del Comité dimitió de su cargo, se apaciguó al clero, los Baños Luxor retomaron su condición original, y el crimen organizado se dedicó a abrir «balnearios para la salud», en los que se podía pagar con tarjeta de crédito, en otras zonas de Manhattan. Pasada la agitación, la gran ciudad de Nueva York obtenía, como siempre, beneficios.
Citamos este caso porque constituye un ejemplo claro y prototípico. En él están presentes la mayoría de los elementos característicos de la historia de los burdeles desde sus comienzos: intereses inmobiliarios y religiosos, política y crimen y, a partir de ellos, guerra, conspiraciones y traiciones; imponiéndose finalmente el mantenimiento de la continuidad y la tradición.
El caso de los Baños Luxor resulta aún más interesante por haber ocurrido poco antes de que se estrenara en Broadway la comedia musical The Best Little Whorehouse in Texas (La mejor casita de putas de Tejas), que alcanzaría un gran éxito.
Incluso al New York Times, siempre preocupado por cuidar al máximo los detalles, le pareció adecuado rebajar sus estándares habituales para incluir un anuncio del espectáculo que ocupaba toda una página y mostraba unas piernas extraordinariamente largas enfundadas en medias negras. Se aseguraba a los espectadores en potencia que «aquí no ocurre nada malo». El cine no sólo se llenaba con neoyorkinos bienpensantes y tejanos nostálgicos, sino que, habitualmente, la mayor parte del público estaba compuesta por ciudadanos de los otros cuarenta y ocho Estados de la Unión.
Aunque la administración local y sus puritanos partidarios no estuvieron dispuestos a aceptar públicamente la presencia de la proyectada «Mejor gran casa de putas de Nueva York», el pueblo estadounidense estaba bien dispuesto a reconocer la existencia de establecimientos de ese tipo y, en consecuencia, a hacer hueco para encajar la idea, bajo la forma de una película, en la conciencia nacional.
La expresión «casa de putas» proviene de la Edad Media. Anteriormente existían los términos dicterion y lupanarium, y más tarde surgieron los de «burdel», «baño» y «salón de masajes». Sea cual sea el término con el que se designa a este tipo de lugar, lo que confiere al burdel un enorme interés es la forma en que refleja la sociedad en la que existe.
Los elementos constitutivos de los burdeles: su arquitectura y decoración, el personal que los asiste, la comida y bebida que en ellos se sirve, reflejan la cultura de la época tanto como lo pueden hacer la música, la pintura o la literatura. Y, por encima de todo, son un reflejo de la sociedad.
En los burdeles encontramos casos como el de la prostituta que se convierte en emperatriz y el de la emperatriz que se convierte en prostituta, así como el de reinas del espectáculo que aspiran a tener su propio burdel, cortesanas que han sido inmortalizadas en obras de arte y otras en cuyas manos está la suerte de las naciones. Hay cocottes, ninfómanas y filles de joie lesbianas. Entre las meretrices de las que nos ocuparemos se encuentran multitud de grandes ladronas, asesinas de masas y suicidas. Se trata de un conjunto variopinto, tan perverso y maligno, tan justo y noble como el resto de la humanidad.
Por lo que se refiere a sus patrones, patrocinadores y amos, representan un muestrario humano significativo: emperadores y empresarios, capitalistas enloquecidos y asesinos amables, estrellas de cine y monjes, criminales y reyes, arriesgados caballeros y bastardos bellacos, saltimbanquis y banqueros, lacayos y petimetres, chulos y príncipes, traficantes de drogas y duques arruinados, santos y espías, sádicos y sodomitas, papas y cobardes, filósofos y alcahuetes, generales y degenerados, sacerdotes impíos y descarriados, pintores locos, políticos prostituidos y hombres de genio.
Dado que la historia de los burdeles viene configurada por un conjunto de personas de tales características, no es de extrañar que esta institución no existiera en las sociedades más primitivas: es un producto de la civilización.
✶ INDICE:
Introducción
CAPÍTULO UNO
Dioses, tumbas y rameras
CAPÍTULO DOS
Caballeros en ruta
CAPÍTULO TRES
Las ninfas van a los baños
CAPÍTULO CUATRO
Una hermosa banda italiana
CAPÍTULO CINCO
Harenes y huríes
CAPÍTULO SEIS
Casas azules, farolillos rojos
CAPÍTULO SIETE
Historias de reyes y burdeles
CAPÍTULO OCHO
Nuevas tierras, prostitutas de siempre
CAPÍTULO NUEVE
Reinas del puterío
CAPÍTULO DIEZ
El negocio se hace público
Reproducida en esta edición
