✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴ ✴ envíos gratis a Argentina a partir de $80.000 ✴ envíos a toda Argentina y el mundo ✴
$15.000,00
Envío gratis superando los $80.000,00
No acumulable con otras promociones
1 en stock
¡Agregá este producto y tenés envío gratis!
Entregas para el CP:
Medios de envío
Calcular
No sé mi código postal

Los que se van

Enrique Wernicke

Editorial Lautaro

1957 - 1 edición

Tapa blanda, rústica con solapas

142 páginas

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Muy buen estado.

Tapa levemente deslucida y contratapa con algunas manchas (ver fotos)

 

✶ TEXTO EN SOLAPAS:

Un escritor no es un libro. Un escritor es su obra. Podemos hablar ya de la obra de Enrique Wernicke, integrada por varios libros de buenos cuentos y novelas. Estos nuevos cuentos no son un buen libro más de la serie. Este libro marca una culminación y un encuentro. Sabemos que no hay literatura sin filosofía. El escritor no sólo debe presentarnos una realidad, sino también su juicio sobre la misma, su actitud general frente a la vida, frente al mundo. Para el hombre, el sentido es parte de la realidad misma. Si renuncia a buscarlo, cae en lo episódico, fuera del arte. Pero el problema no queda aquí. Para el escritor sólo comienza. Se trata de unir en una sola expresión, hechos e ideas... Cuando un escritor, al mostrarnos la realidad, necesita agregar su pensamiento acerca de ella, decimos con desdén que hace propaganda. Pero lo cierto es que toda literatura, la buena al menos es de alegato. El quid está en que su mérito artístico dependerá de la medida en que el artista logre la simultaneidad entre aquellos dos elementos, hecho e idea, es decir, en la medida en que su relato se acerque a una filosofía viviente.

Cuando nuestra crítica literaria, que no es la gacetilla, se ocupe de Wernicke —como lo viene haciendo estos últimos tiempos con unos pocos autores argentinos—, encontrará en su labor un documento valioso, el testimonio de una trayectoria. Esa trayectoria les mostrará el proceso, la ingente lucha, de un escritor que, partiendo de lo puramente lírico, va en busca de una expresión plena, de la voz única que sea a un tiempo substantiva y adjetiva. Esa fusión ha sido lograda por Wernicke en estos cuentos tras etapas de real mérito. A lo arduo de la tarea cumplida se unía en su caso el vacío que se abre a todo escritor no conformista, beligerante. Debía revisar todo, valores y fórmulas ya elaboradas, combatir lo caduco y sólo dar paso a lo que se halla en la línea del porvenir. El autor evidencia aquí como nunca sus notorias dotes para el género; imaginación, síntesis, color, lenguaje rico en figuras y giros, pero sin retórica. En este volumen el lector encontrará dos clases de relatos. En unos, Wernicke logra dar la realidad en una atmósfera de, podríamos decir, misteriosa sugestión. En otros, en cambio, la realidad consiste en una escena, una instantánea, objetiva e implacable, de cuya propia crudeza surge la sátira. Aquí y allá, brotando de golpe, irreprimible, también encontraremos la sonrisa del autor, que no ha resistido a la tentación de jugar, que es también el arte, y se ha asomado para guiñarnos el ojo. ARTURO SÁNCHEZ RIVA