Mano de Obra (Antología)
AA.VV.
Editorial Sunda
1968
Tapa blanda, rústica con solapas
74 páginas
Tapa: Roberto Broullon
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes mínimos por paso del tiempo.
✶ CONTRATAPA:
Este libro ofrece puntos de contacto de una determinada inclinación sobre el acto de escribir. Sus autores hacen un deliberado uso del lenguaje conversacional y del proveniente de la invención, permanecen atentos a la escritura espontánea que genera el acto mismo de escribir, comparten la preocupación común de mutar la experiencia de la vida al lenguaje de la vida. Si bien esto aparece en MANO DE OBRA como una fuerza compartida, nítida y tendenciosa tanto en Germán García, Gregorio Kohon, Martín Micharvegas, Daniel Ortiz o José Peroni queda, a través de cada una de estas tentativas, suficiente campo personal y libre, que cada uno de ellos asume como su propia proposición. En MANO DE OBRA la materia de la escritura es reconocida como sustancia móvil fluyente, imprevista: naturaleza que la opone por pura presencia contra la pretendida validez y eficacia de la historia lineal. Esta, sin embargo, no queda excluida en MANO DE OBRA sino que, depurada, acechándosela en su proceso de sedimentación, es retransmitida como sensación decantada. Actitud que no responde al capricho de un grupo sino a la necesidad de dar estado a una conciencia contemporánea del lenguaje que, incapaz de encontrar los medios que resuelvan sus contradicciones en el planteo horizontal de una historia, es utilizado aquí como rampa de lanzamiento hacia nuevas síntesis.

✶ INDICE:
Germán García:
- Complicancia Uno
- Complicancia Dos
Gregorio Kohon:
- Odetta en Babilonia y el rápido a Canadá
Martín Micharvegas:
- A/no/ta/de/to/na/cio/nes
Daniel Ortíz:
- Otro
- Bibi
José Peroni:
- CueritoViejoVerde

✶ G. GARCÍA: COMPLICANCIA UNO
Probablemente ni una pizca así en la realidad. Clase de cosas que uno lee: en la senda del sol. Explosión de sol en la portada. (James Joyce)
(en la noche) Veremos en qué termina este lirismo fragmentario,
luces que cruzan las estaciones en la última carrera de la noche, el tiempo en la salida del subte, en cada esquina vista y esta memoria se irá formando tiempo: se congelará en los andenes o en el cemento de calles sin salida contingencia la mía junto a ella que cría un crío como si tratase de morir en ello, de caminar de nuevo ese camino inverso hacia la tumba o hacia una panza donde la cobijaron, la engendraron y largaron en fecha previsible.
Le expliqué, como en las novelas, que no se trataba de nada parecido al sueño y eso era lo fundamental de este por-venir. no estaba segura de que no estuviera una vez más haciendo una maraña de palabras y que, en definitiva, fuera lo que fuese, siempre hay tiempo lo de siempre hay tiempo me pareció co-herente por no decir herente de punta a punta como los herentes pulmones o el herente corazón y dije que la vida no es ese puro lucro y esa pura joda, más bien es cosa seria.
Veremos si es verdad que los monos saben crear el día a manotazos, entre los bananeros, con los cocos y el rumor dignificante de esta flaca selva,
tu ciudad una vieja forma de llamarle selva de cemento, selva de fierro o selva de mierda aludiendo a esa gente con cara de viva que se contonea durante siempre con sus documentos tatuados en la jeta no veremos ya nada en la ceguera igual que da la noche mirada desde el 5.º piso y frente al espectáculo del mundo, entre los edificios, nos saludarán los monos del cielo prometiendo solemnemente cambiar todo vida al cambiar la de ellos
veremos si es verdad que hay que contar con tanta historia para sobrevivir en lo que sobrevive y sobresocapa en lo que sobreescapa de todos esos monos-gritos de placer erguidos en el corazón de la feminidad, bajan de las plantas y atrapan la ciudad, arrojan maníes a través del ojo del culo de cualquier vieja y los recogen después por la garganta y veremos de una vez para siempre a los torturadores torturados, los que creyeron que un amador era un hombre con amo y confundieron.
se salta sobre la cama se nace de un grito se pelea se muere se ríe uno sin saber porqué se mira en el espejo sin perfil se conversa solo de la importancia del diálogo se subraya el carácter inalienable de la libertad se vive se quiere se pasa uno la vida sin querer a nadie se cree lindo se cree feo se cree en la virgen se cree en dios se está haciendo se hace lo que se puede se trata de salir del paso se quiere paz se desea el vino se quiere justa justicia se quiere ser famoso eso se quiere.
nuevotiempo/tiempodatiempo/tiempoatrás/
tiempodespués/aquellostiempos/
lamentablestiempos/viejostiemposdelos
peoresymejorestiempos no tengo ninguna complicancia especial con el tiempo y por eso hablaré de ella, de su relación postnatal con este mediomundo que dibujamos más de una vez en los bordes de mesas y diarios, recalentados por los mitos viejos, cuando ella aún no sabía que no llegaríamos a volar con nuestras carasdeángeles y todo por-venir era un futuro.
debo dar el amor -me digo- debo el amor -él- siempre maravilloso amor, amor de ella por mí -de mí por ella- de los dos por el mundo y como en las películas (amoramor) seré el muchacho en la montaña pegoteada de sangre y largaré plomo por el caño de mi rifle recalentado de muerte (amor amor) y comeré (comí) caramelos solo en una bu- taca anónima de ella, que alguna vez no estuvo conmigo, lo cual es natural, no somos de la misma leche: eso se entiende si antes hablé de amor.
se trataría de explicar que no son las palabras las que cambien el mundo: que son los golpes crueles, los puñales berretas, las fuertes carabinas, ¿qué tipo de barullo estoy vendiendo a quién? El recuerdo es una cola que se arrastra por el miedo.
siempre viene un momento en que todo es la calle, el desconche de gestos, el déjeme pasar voy a mi cueva, el no andés sola nena con sátiros de fuego donde el ruido desvirga sin tocarte una uña, de a la soga este pueblo colgante de una rama, de tu vida es mi vida más las dos no son nuestras, de no empuje a la anciana que es la madre de todos, de adónde irá ese ómnibus con semejante trompa, de ojo por ojo a cada lente un ojo, ella mira hacia mí desde un costado, me digo entre zumbidos: no morirá en París con aguacero, ni en un día de sol, es argentina.
yo también puedo decir encorvando la voz sobre la tumba que a mí nadie me agarra si me dan una pierna de ventaja, puedo simular que jamás supe
nada de otra cosa, que nunca pedí prestado nada a nadie, que me dejé hacer por el placer inerte de mis huesos, que fui tal cual hubiera sido si no fuera, que nunca jamás lo juro temí a la muerte, ¿entonces para qué siempre este decir en el tiempo sobre el espacio de una hoja en blanco? hágase su voluntad, dejaré de molestar con signos de preguntas, viviré el circo sobre las cuerdas, trataré de enamorarme de la más desolada e indefensa de las mujeres, la amaré bajo la carpa e invitaré al payaso más tristongo a compartir conmigo sus placeres.
desparramaré el aserrín por la pista, subiré por las gradas, me largaré por las hojas de los árboles después de manosearle la garganta al león, me colgaré de las cuerdas del trapecio y andaré en bicicleta alrededor del ojo de una aguja, mis proezas serán asombrosas, demostraré al mundo indemostrado que aquí en la pieza también la vida está haciendo de lo suyo, diré lo que se me antoje, respetaré la opinión de los demás, ejercitaré el sentido ético-competitivo y haré de los andamios de madera
terciada el símbolo de mi estabilidad; aquí en el cielo como en la tierra demostraré la dureza y virtud de esta especie que somos, pondré los hombres sobre los elefantes, elevaré la astucia humana sobre el pelambre bobo de los monos, enmarcaré las fotos de personas ilustres y aprenderé a competir con la cerveza, el mejor tomador de cerveza de la zona, todo hecho de lindas intenciones, gordo y bueno como la esperanza de un colchonero.
Germán García
✶ J. PERONI: CUERITOVIEJOVERDE
(fragmento)
Quien habla de la belleza ahora? Quién tiene huevos y paciencia para no extralimitar una forma? Quién frotará ahora las palabras. El rococó liso; dos litros de ácido nítrico, de soda cáustica para la bella de las piernas torneadas. Si no hay palabras es necesario inventarlas dentro del segmento fabuloso, el segmento pigmentado del cerebro. El segmento que guarda los colores, las imágenes como una viuda roja. Una viuda que se ensimisma con sus dulces, sus verduras olorosas; su piel diluida hasta la miel. Quién estará pensando ahora que no hay lugar para tanta mierda. Que los degolladores siempre están dispuestos a usar su infantil servidumbre de ser útiles. En cuanto nos descuidamos nos devoran, nos transforman en una ínfima parte.
Los fomentos dulces, las malvas, no sirven al niño que desde hace siglos devuelve su desayuno todas las mañanas. Esconde al cameraman que intenta fotografiar la vida su gusto ácido; la presente intemperie, que sin saber, le provoca una mañana sobre otra mañana. El sol aplacándonos, disuadiéndonos de que el verde; la NITROGLICERINA de las plantas nos da su orgullo su piel suave. SU BENDITA CARNE SAGRADA. Pienso en el acto de tocar esa sangre. Pienso en esa carne enframbuesada, la lucha del hueso salitroso por incorporar el consanguíneo no delictivo de la vida; aceptándose y matándose a la vez. Como si no hubiese otra posibilidad ósea que aceptar la carne-vida hasta frotar con ella las arrogancias, la púrpura exacta del intra-saca, aceptar el borbotón y utilizar el salto clarividente, su fuerza de soda desfondándose yéndose hacia un vacío de sepia y claroscuro de mercado a pleno día, a plena luz. Mercachifles de mercado; qué otra cosa que vender o no vender. Limitarse en esa inútil fragmentación que no tiene que ver con el dolor pero que se siente como un dolor tubo. Un tubo siniestro y pulido. Quilos de ansiedad rebalsando encima y debajo de las calles. Las calles más seguras, las casas más resueltas.
Y sé que me fui
Y sé que reencontrarme ahora o nunca en un salto que no acepta su capricho, un salto de banderín; espadachín golpeando con el puño con la armadura, con el café con leche de su mañana escaramista. Salto donde unos caen y son devorados ante su profunda ceguera complacencia. Un salto bien realizado con botas pantanera para la mierda, con telas impermeables y desodorantes. El baño salvador y otra vez prepararse o NO para el salto desvastador. El salto que no hemos utilizado es quizá no saltar más, detenernos y recién desfondar la inercia. Deshacernos de la muerte como de una mariposa. Clavarle el puñal por la espalda de frente y de perfil. Agacharnos frente a la muerte, adorarla, decirle que no podemos más que sea buena y juiciosa: benefactora ilustre de la vida, en una biblioteca, con lomos dorados, en una edición Super-Luxe. Bañarnos si es posible solos. Sin cohetes, sin falsas madrastras que nos acunaban, nos llevaban hasta el balcón, el balcón violeta. Enredados en la lana, toda la pieza llena de lana que tejían para nosotros. El sweater que nos enmaraña, que nos ata que no nos deja llorar por toda la sabiduría toda la tristeza del mundo. Sin poder ver con otros ojos que no sean ojos de sweater. El manto sagrado que nos envuelve con cadenas y que no hace frío y que las cadenas son dulces nos llenan de angustia, nos impermeabilizan, nos ponen sentimentales. Vueltas con el forro dorado el forro de la primera vez que tuvimos frío, y SUPIMOS como el diestro frente al toro manejando su muerte como sabiendo que va a hacer frío, que siempre hará frío y que es imposible cantar a la rama rama del verde limón sin saber que hace frío, que cantar no es otra cosa que evocar todo el silencio y el frío, que otra canción sería hueso corrido, vértebra de dos, vértebra en cada cuerpo, vértebra tomándome de las astas y yo dejándome maniobrar, dejar imbuirme en toda la tensión que significa dejarse tirar, dejarse entrar, hasta no ser más que una abertura, una abertura donde te cansarás, beberás todo con salmuera cristiana. Sal sobre los ojos para abrirlos, dejar de no ver, dejar de no ver todo para ser sagrados y relucientes, ser calientes, CALIENTES, en verdad como el azufre, como el blanco agujero que nos ha dejado el azufre líquido en nuestros intestinos.

José Peroni, Rodolfo Privitera y Miguel Grinberg
✶ EDICIONES SUNDA
1. Las horas libres – Martín Micharvegas
2. Cuatro poetas norteamericanos – AA.VV.
3. Cueritoviejoverde – José Peroni
4. Travesía – Gianni Siccardi
5. El búho en el vitral – Ruy Rodríguez
6. Terrazajaula – Diana Machiavello
7. Mano de Obra – AA.VV.
8. Monzón Napalm – Enrique Molina

Hugo Tabachnik y Poni Micharvegas (Nueva York)