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Neruda la biografía literaria: I La formación de un poeta (1904-1932)

Hernán Loyola

Editorial Seix Barral

Colección Biblioteca Breve

2006

Tapa blanda, rústica con solapas

562 páginas

Ilustrado con fotografías en el texto

Impreso en Santiago (Chile)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes mínimos por paso del tiempo.

 

✶ CONTRATAPA:

Este libro es la biografía de uno de los mayores poetas de lengua española. Una biografía doble: La del ciudadano chileno Pablo Neruda, que vivió entre 1904 y 1973, publicó cerca de 45 libros, fue senador, embajador, candidato a la presidencia de Chile y Premio Nobel de Literatura. Y la del personaje Pablo Neruda, que sigue viviendo en los textos producidos por su poesía.

El tema del presente primer volumen es la formación del poeta. Fase que no se cumple sólo en Chile (según comúnmente se cree) sino también, de modo no menos decisivo, en Oriente. La estructura del volumen corresponde a este propósito. De las ocho grandes secciones en que se organiza, las cuatro primeras se refieren al espacio Chile; las otras cuatro al espacio Oriente.

Su mayor novedad, como biografía, es el minucioso relato y análisis de los aspectos decisivos del desarrollo psicológico, político y poético de Pablo Neruda que arrancan su origen y explicación en esos años de formación (1927-1932).

 

✶ PREMISA:

En junio 1924 un provinciano de 19 años publica en Santiago de Chile un magro volumen de insólito formato bajo el título Veinte poemas de amor y una canción desesperada, destinado a ser el best seller absoluto del siglo XX —a nivel mundial— en el género lírico. Un decenio más tarde, en Madrid 1935, el mismo autor sacude al mundo literario hispánico con una obra maestra, Residencia en la tierra, y quince años más adelante con otra en México: Canto general. A los 67 años, y siendo embajador de Chile en París, el provinciano de 1924 obtiene el Premio Nobel de Literatura 1971. Muere durante el funesto septiembre chileno de 1973, doce días después de su amigo el presidente Salvador Allende. Dejó unos 45 libros y los 5 volúmenes de sus obras completas suman alrededor de 6.000 páginas.

Para afrontar esa doble trayectoria —vida y producción— el presente libro quiere ser no una sino dos biografías entrelazadas: por un lado la del ciudadano chileno Pablo Neruda (1904-1973), por otro la de su obra, vale decir, la de su personaje protagonista llamado también Pablo Neruda. Ambas biografías se apoyan recíprocamente, lo que no es tan normal como podría creerse: en este caso adquiere un perfil extremo y caracterizador. Ello justifica el subtítulo de mi trabajo, La biografía literaria, fórmula que bien leída no significa nada, pero que me sirve precisamente para sugerir esta dualidad.

2

No deja de ser sorprendente que un muchacho de 20 años se niegue a cabalgar la ola del triunfo precoz y que no lo roce siquiera la idea de escribir otros veinte o cuarenta poemas de amor. Ya entonces, en 1924, le interesa más ser fiel a su «crecimiento natural» que a programas o a manifiestos poéticos preconcebidos. Lo será toda su vida. No quiere ser maestro ni fundar escuela, ni limitarse a exteriorizar sus sentimientos o puntos de vista. Lo que quiere es construir una obra, como un artesano que se obstina en producir un objeto bien hecho y de alta significación.

Pero el riesgo es muy grande para quien no concibe otro material de construcción que su propia vida. El infierno artístico está saturado de tentativas narcisistas sin talento. ¿Cómo logra Neruda superar ese riesgo y construir una obra que hasta hoy sigue viva y admirada en todo el mundo?

El secreto reside en que lo personal para Neruda no es sólo su subjetividad, su Yo íntimo, sino también, de modo constante e inextricable, su Circunstancia, el mundo. En otras palabras: la poesía de Neruda es el ‘relato’ dialéctico, y más o menos cifrado, de cómo el Ser Naturaleza y el Ser Cultura de un individuo trataron tenazmente de encontrarse, y de superar eventuales conflictos entre sí, para realizar y conferir sentido válido a una tarea conjunta (una misión profética) en el espacio-tiempo que les tocó.

Tan ambiciosa convergencia se configura como una pertinaz tentativa de autorretrato (tantas veces recomenzado) y al mismo tiempo como imagen o metáfora de la correspondiente circunstancia. Neruda no hace otra cosa que escribir su propia existencia, por lo cual su Texto resulta desfachatadamente egocéntrico, pero al hacerlo en profundidad y con arte logra que ese Texto sea al mismo tiempo una válida imagen del Hombre que él encarna, una representación del Otro contemporáneo, o del Nosotros, y que por ello sea decididamente alocéntrico. De ahí su universalidad.

3

Los muchos Nerudas que jalonan su trayectoria poética son de veras el resultado de su crecimiento natural y por lo mismo, como en la mayoría de los seres humanos, el despliegue paradójico de las metamorfosis de una tenaz identidad de fondo.

Me complace asimilar esa trayectoria a la de don Quijote, según el esquema cervantino de las ‘salidas’ del Ingenioso Hidalgo y después Caballero—. Hasta 1920 se extienden los años de incubación de la locura, o manía poética. Período preliminar de experiencias de formación (incluyendo iniciaciones estéticas, sensuales, intelectuales y políticas). El provinciano Caballero parte en 1921 de lecturas que los Cuadernos de Neftalí Reyes registran y las primeras tentativas poéticas. Primera salida al mundo (1921-1923): una partida falsa o equivocada —como la de don Quijote (sin Sancho) en los capítulos iniciales de la novela—, una tentativa muy breve, cuya objetivación la constituyen Crepusculario y cuyo desastroso repliegue (equivalente al apaleo y al retorno del Hidalgo) será el doloroso ciclo de Pablo a la respuesta de Sabat Ercasty y el frustrante abandono de la publicación de El hondero entusiasta.

Período de convalecencia en el sistema Nochernic (1924-1926), intervalo de reinstalación en un acogedor espacio de refugio y de recuperación de fuerzas, en un ámbito protector y familiar de donde emergerán los Veinte poemas de amor en 1924, Tentativa del hombre infinito y Anillos en 1926, pero también El habitante y su esperanza que narra el renacer y la satisfacción del deseo de aventura. Este período incluye a los capítulos (I, 5-7) relativos al retorno y convalecencia de don Quijote, a las conversaciones entre el cura y el barbero, al correspondiente escrutinio de la biblioteca. Estos personajes (el cura, el barbero, el ama, la sobrina, y después el bachiller Sansón Carrasco) ingresan a las novelescas ilusiones que hacen una quema inquisitorial de su biblioteca con el pretexto de curar a Alonso Quijano de su locura: recurren a la Ficción: urden y protagonizan representaciones para desviar al Caballero de la Triste Figura a la cordura y al mundo real. Pero, en verdad, consiguen lo contrario: que la ficción comience a penetrar la realidad. (Vargas Llosa 2004, xvi). Un incidente en que juega don José del Carmen Reyes respecto a la ‘locura’ poética de su hijo, escenificando esfuerzos disuasivos —llevar a Neftalí al bosque en su tren lastrero y al océano, y enviarlo a la universidad después— que también consiguen el efecto contrario al perseguido. En este período adquieren su primera configuración los personajes equivalentes a Dulcinea (la Amada de los Veinte poemas) y a Sancho (en particular Rubén Azócar, Tomás Lago y Romeo Murga, aunque éste tenía más estampa quijotesca que Pablo, pero también Rojas Giménez, el ‘Ratón Agudo’ y otros compañeros de bohemia).

Segunda salida al mundo (1926-1956): abandono del espacio protegido de los Sueños (Cantalao) y retorno al espacio del Riesgo y de la Acción, vale decir a la Realidad del Mundo (como en Crepusculario, pero con ánimo y conciencia diversos, y desde una nueva perspectiva). La fase inicial de esta segunda salida —con Santiago y el Oriente del exilio como escenarios, y con Álvaro Hinojosa en el rol de Sancho— se proyecta a la escritura de la primera Residencia en la tierra (1925-1932), publicada en 1933. El desarrollo de esta fase formativa ocupa buena parte del presente volumen. En el próximo me propongo examinar la fase militante de esta segunda salida al mundo (1934-1956: en España, en América, en la Europa del nuevo exilio, en Chile otra vez) y sucesivamente la tercera y última salida (1956-1973).

En una reciente biografía de Shakespeare leo esta advertencia: «... aquel artista fue extraordinariamente abierto al mundo, y logró encontrar el modo de hacer entrar ese mundo en sus obras. Para comprender cómo logró hacerlo con tanta eficacia es fundamental prestar mucha atención a su destreza verbal, a su control de la retórica, a su insólito ventrilocuismo, a su poderosa obsesión por la lengua. Para comprender quién fue Shakespeare es fundamental seguir sus rastros verbales en la vida que vivió y en el mundo al que era tan abierto. Y para comprender cómo Shakespeare usó imaginación para transformar en arte su propia vida, es indispensable que también nosotros usemos imaginación, la nuestra» (Greenblatt 2005, xiv). La recomendación vale igualmente, casi a la letra, respecto a Neruda.

4

La biografía que propongo no será una hagiografía. Declaración superflua en cualquier lugar del mundo, salvo en Chile donde denunciar o ventilar presuntos delitos morales de Neruda (interesan menos sus delitos literarios, quizás por qué) sigue siendo un curioso deporte nacional que no se practica con igual entusiasmo respecto a ningún otro escritor chileno. Nadie piensa en montar prontuarios éticos ni políticos a Vicente Huidobro, a Pablo de Rokha, a Gonzalo Rojas o a Nicanor Parra. A Neruda sí (y también a Gabriela Mistral, aunque en modo menos ruidoso o más sibilino).

Tuve el privilegio de conocer y frecuentar a Neruda desde 1952 y de haber sostenido con él una leal amistad hasta su muerte. Y más allá, pues fui una de las ocho personas que con Matilde velamos al poeta durante la noche del 24 al 25 de septiembre 1973 en La Chascona saqueada y ultrajada. Marché por la Avenida La Paz con el cortejo fúnebre flanqueado por las metralletas hostiles del régimen y fui testigo de la ceremonia popular, espontánea y maravillosa, con que sepultamos al poeta en el Cementerio General de Santiago.

A Neruda le conocí sus debilidades y defectos reales, que por cierto los tenía como cualquier mortal (y no se esforzaba mucho en ocultarlos, menos que pareciendo harto más interesante reclamar atención hacia aspectos que admiré en su conducta y que de modo decisivo están presentes en el desarrollo y elaboración de su obra literaria (según espero mostrar al lector del presente libro). En particular su dignidad personal, su honestidad, vale decir una forma de respeto a sí mismo que siempre le impidió hacer trampas al proponer su propia imagen (las argucias y las astucias, que sabía manejar muy bien cuando quería, eran armas que utilizaba sólo para responder al ataque de sus enemigos). Neruda no fue un santo, ni mucho menos, pero fue un hombre íntegro. Neruda no mentía (ni se mentía) en cosas importantes.

En la base de esta ‘biografía literaria’ hay entonces una larga y muy sincera admiración hacia su doble protagonista (el ciudadano y el personaje). Pero mi adhesión no fue ni es ciega. Simplemente tuve la oportunidad de verificar, como amigo y como lector, que Tomás Lago no se engañaba cuando escribió de su compadre Pablo: «Nunca ha hecho distinciones en la manera de comportarse; es íntegro siempre, actúa como piensa, siente como escribe...» (Lago 1945). Confío en que de alguna manera las páginas que siguen lo confirmarán.