El Pucará de Tilcara
Eduardo Casanova
Editorial Universidad de Buenos Aires - FFyL
Instituto Interdisciplinario Tilcara
1975
Tapa blanda, rústica sin solapas
52 páginas
Fotografías y reproducciones en b/n
Impreso en Buenos Aires (Argentina)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes mínimos por paso del tiempo.
✶ LA QUEBRADA DE HUMAHUACA Y SUS POBLADORES PREHISPANICOS
La Quebrada de Humahuaca es el camino obligado de todos los tiempos que pone en comunicación las altas mesetas del macizo andino meridional con los valles y llanuras del sur. Ocupa la parte central de la provincia de Jujuy y serpentea de norte a sur bajando desde los casi 4.000 metros en que se inicia, el lugar denominado Ojo de Agua, hasta los 1.200 que tiene frente a la ciudad de San Salvador de Jujuy.
El río Grande la recorre en casi toda su extensión de unos 170 kilómetros y sus aguas fertilizan el fondo de la quebrada que en ciertos lugares, los llamados “angostos”, sólo tiene pocas decenas de metros de ancho, en tanto que en otros las montañas que la enmarcan se hallan separadas por dos o tres kilómetros y es allí donde se presentan las condiciones más favorables para poder cultivar la tierra.
El clima va cambiando con la altura. El ambiente subtropical de los alrededores de San Salvador, con lluvias copiosas y vegetación abundante, es sucedido, después de Volcán, por un clima seco y de temperaturas medias no muy elevadas que lo convierten en un agradable lugar de veraneo, sin que en pleno invierno el frío, atenuado por la sequedad, llegue a ser molesto. En la parte superior de la quebrada la vegetación se torna muy pobre y las características generales son las de la Puna, es decir las de un clima continental excesivo.
Toda la quebrada, así como las más pequeñas que en ella desembocan, ofrecen paisajes de ensueño, en los que el colorido variado de los cerros y los raros aspectos que la erosión les ha dado se combinan con las caprichosas formas de los cardones para atraer la atención del viajero.
El nombre de Humahuaca u Omaguaca ha sido interpretado de diversas maneras e incluso se discute si es realmente quichua. En un documento de fines del siglo XVI se consigna que “en su lengua quiere decir cabeça de thesoro”. Lo indudable es que al momento de la conquista el término, como genérico, fue aplicado a los indígenas que habitaban esta extensa zona y que se subdividían en tribus, cada una de las cuales tenía su propia denominación. Es de señalar también que no fueron éstos los primeros pobladores del lugar, ya que las investigaciones, de los últimos tiempos, han demostrado que varios miles de años antes cazadores muy primitivos ocuparon parte de la comarca y tierras de la Puna.
Los Humahuacas pertenecían a la raza ándida, caracterizada por una estatura más bien baja y que en su caso oscila alrededor de 1,58 metros. Los cráneos encontrados no son uniformes y se afirma la existencia por lo menos de dos tipos. La deformación artificial que predominaba era la tabular oblicua, aunque no faltan los tabulares erectos; esta costumbre daba a sus cabezas aspectos muy particulares.
El conocimiento de su cultura nos lo proporcionan dos tipos de fuentes que contribuyen con aportes muy dispares. El primero lo constituyen los documentos de la época de la conquista, que son escasos e incompletos en cuanto a noticias de carácter etnográfico. A pesar de ello tienen gran importancia para comparar sus datos con los que surgen de las investigaciones arqueológicas a las cuales se debe, principalmente, la reconstrucción del patrimonio de estos indígenas, así como el conocimiento de las diversas fases cronológicas por que atravesaron y las vinculaciones que tuvieron con otros pueblos prehispánicos.
Como característica general debe señalarse que los Humahuacas fueron uno de los eslabones meridionales de la gran cultura andina que cubrió el oeste montañoso de América del Sur. Por su posición marginal en el extremo de la zona, no alcanzaron el alto grado de desarrollo que tuvieron los pueblos del Antiguo Perú cuyas influencias, más o menos marcadas, pueden observarse en las distintas épocas.
La base material de su existencia fue la agricultura con irrigación y andenes de cultivo, sembraron maíz, patatas, quinoa, etc. Las llamas, hoy prácticamente desaparecidas de la región, eran muy abundantes y servían como animales de carga, así como contribuían con carne y leche al sustento y con su lana y huesos a las típicas manufacturas. Aunque en pequeña escala obtuvieron cobre, estaño, plata y oro que utilizaron para hacer armas, instrumentos y adornos.
Las casas eran de piedra con techos de barro y paja, agrupadas en dos clases de poblados: los pucará, lugares fortificados, y los pueblos viejos en las cercanías de los campos de cultivo. En la actualidad se conocen más de cincuenta de estos yacimientos arqueológicos. Construyeron, también en piedra, murallas para sus fortificaciones, muros de contención para los andenes y paredes para sepulcros y corrales.
A través de escasos restos materiales, de algunas descripciones de los cronistas y de las representaciones que nos dejaron en sus pictografías y petroglifos es posible reconstruir el vestido que usaron los Humahuacas. Llevaron una especie de túnica, la llamada “camiseta” por los conquistadores y cuyo nombre en el norte era “uncu”, que llegaba hasta debajo de las rodillas en los hombres y cerca de los tobillos en las mujeres. Ponchos y mantas los protegían del frío y tenían cinturones tejidos de los que colgaban pequeñas bolsas. Las prendas se confeccionaban en lana de vicuña o llama, teñida en colores fuertes y se ornamentaban con motivos generalmente geométricos. El cabello les bajaba hasta los hombros y se ceñía a la frente con una vincha en los hombres, en tanto que las mujeres lo recogían en una o dos largas trenzas. Su calzado era la “ojota”, aún en uso, hecha con cuero crudo de llama y sostenida con tientos del mismo material.
El hallazgo en las tumbas de numerosos brazaletes, anillos, pendientes, cuentas de collares, pectorales, discos, topos, etc., en bronce, piedra, hueso y en menor cantidad en plata y oro, prueban su afición a los adornos, algunos de los cuales debieron tener valor representativo de mando o jerarquía social.
Los Humahuacas fueron muy laboriosos y sus manufacturas alcanzaron gran desarrollo, especialmente la cerámica, la siguen el trabajo de la piedra, el hueso, la madera y en menor grado la metalurgia. Los objetos de barro cocido constituyen un alto porcentaje del material encontrado en los yacimientos, en algunos casos hasta el 80 %; muchas piezas son toscas, pero las hay también de mejor calidad con decoración pintada, en menor proporción modelada y rara vez incisa. El color predominante en los motivos es el negro, pero aparecen, con menor frecuencia, el rojo y el blanco. La ornamentación es de carácter geométrico, zoo y antropomorfo. Los modelados representan figuras de animales y de hombres, entre las primeras deben citarse, por su abundancia, las llamas. Las otras manufacturas ocupan un lugar secundario por la menor cantidad de ejemplares, pero hay piezas de extraordinario valor artístico, algunas de las cuales debieron ser traídas de otras zonas y sirven para establecer las relaciones con distintos pueblos, cosa que también ocurre con ciertos vasos de cerámica.
Merece mención aparte, tanto por su perfección como por su significado, el arte rupestre: pictografías y petroglifos. Las pinturas en grutas y abrigos han sufrido el peso de los siglos y, sobre todo, las depredaciones de los visitantes, pero un lugar como Chulín, también conocido por Inca Cueva, en el que aparecen animales pintados con criterio realista, hombres con sus vestidos, adornos y armas en diversas actitudes y aun verdaderas escenas religiosas o guerreras, es un repositorio de valor incalculable. Más numerosos aunque más sencillos son los grabados en las rocas que se encuentran en muchos sitios y cuya conservación es mejor; se destacan: llamas, hombres y figuras geométricas. El conjunto de este arte rupestre nos da una idea de las creencias y anhelos de aquellos lejanos pobladores de la quebrada.
Los Humahuaca se agrupaban en una serie de tribus, tales como los Humahuacas propiamente dichos en la zona del pueblo actual de ese nombre, los Fiscaras en la región de Tilcara, los Purumamarcas en la quebrada epónima, los Jujuy en los altos cercanos de lo que es hoy la capital de la Provincia, etc. Cada parcialidad estaba al mando de un cacique y las tribus solían confederarse cuando un peligro común las amenazaba, nombrando un Jefe Supremo, el último de ellos fue Viltipico que intentó, sin éxito, destruir a los blancos que, después de la fundación de San Salvador, estaban dominando todo el territorio.
Estos indígenas fueron valientes guerreros que defendieron sus posesiones contra las invasiones de los pueblos más organizados del norte, contra los belicosos chaqueños y lucharon también entre sí. Su resistencia a la conquista española duró más de cincuenta años y sólo a principios del siglo XVII quedaron definitivamente vencidos y sometidos al sistema de encomiendas.
La guerra, nos dice el cronista Lozano refiriéndose a una campaña de los Jujuys, era cuidadosamente preparada, se convocaba a toda la gente de la comarca, se hacían solemnes sacrificios a los ídolos, se aderezaban las armas y se reunían frecuentes consejos de guerra. Preferían las emboscadas y los ataques por sorpresa y cuando a su vez eran invadidos se refugiaban en sus pucará que les brindaban las defensas de lo abrupto del terreno y de las murallas por ellos construidas. Práctica muy interesante fue el uso de cráneos-trofeo; cortada la cabeza del adversario, con escoplos y hachuelas se agrandaba el foramen magno y se perforaba un agujero en la bóveda craneana, así preparada la cabeza se alzaba en un palo o se llevaba colgada de una cuerda. Cuando la carne se caía se seguía usando el trofeo reducido a cráneo y era considerado de tanta importancia que se guardaba en lugares especiales, semejantes a sepulcros pero que se diferenciaban de éstos por sobresalir del nivel del suelo.
Los datos concretos sobre su religión son escasos, los cronistas se limitan a consignar que tenían ídolos a los que rendían fervoroso culto y la arqueología confirma la existencia de construcciones en los pueblos que debieron ser templos, a la vez que en las cimas de altos cerros se han descubierto lugares para prácticas religiosas. En la época más antigua hay indicios del culto a las fuerzas de la Naturaleza y a los animales; hacia el final de su vida independiente, bajo la influencia incaica, fue introducido el culto al Sol y la Luna.
Las prácticas funerarias muestran un profundo respeto a los muertos y la creencia en otra vida en la que se necesitaban los mismos elementos que en ésta. Los cadáveres, con sus vestidos y cuidadosamente envueltos en mantas, eran depositados en sepulcros de piedra o en simples sepulturas cavadas en la tierra. Los entierros se efectuaron dentro de las viviendas y también en cementerios en los faldeos de los pucará o en las cercanías de los pueblos viejos. En cuanto a los párvulos debe señalarse que unos fueron inhumados directamente, mientras otros lo eran en urnas más bien toscas. Al lado de los restos humanos aparecen ajuares más o menos ricos de acuerdo a la condición del muerto, pero nunca faltan vasijas que tuvieron alimentos, agua y chicha.
Los Humahuacas estaban establecidos en la quebrada y zonas vecinas desde remotos tiempos que pueden referirse al final del primer milenio, sin descartar un período temprano anterior en varios siglos y subsistieron hasta el tiempo de la conquista. Llegaron probablemente desde el norte, con una cultura formada que en el transcurso del tiempo tuvo modificaciones debido a la influencia de otros pueblos, pero sin que ellas pudieran alterar su homogeneidad y características capitales. Los contactos más significativos fueron con Tiahuanaco, especialmente con el período llamado Decadente, con los pueblos chaqueños, con el Incanato y con los españoles. A su vez hicieron sentir su influencia en la Puna y en los valles orientales. A través de su arquitectura, de sus tipos de entierro y del material arqueológico recogido pueden establecerse varios períodos cronológicos que son: el Humahuaca propiamente dicho, que es el más largo y admite varias subdivisiones, el Humahuaca-Inca y el Humahuaca-Hispano.
✶ INDICE:
- LA QUEBRADA DE HUMAUACA Y SUS POBLADORES PREHISPÁNICOS
- EL PUCARÁ DE TILCARA
CAMINOS
SEPULCROS
CORRALES
VIVIENDAS
REPRESENTACIONES INDÍGENAS
TRABAJS COMPLEMENTARIOS
INSTITUTO INTERDISCIPLINARIO DE TILCARA
- VISITA AL PUCARÁ
BARRIO DE LA ENTRADA
BARRIO DE LA IGLESIA
BARRIO DEL MONUMENTO
LOS CORRALES
NECROPOLIS