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Escombros: crónica de lo que hicimos

Horacio D´Alessandro (compilador)

Editorial Postypographika

2025

Tapa blanda, rústica sin solapas

235 páginas

Profusamente ilustrado: fotografías y reproducciones a color

Tamaño: 28x21

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 10/10. Nuevo.

Nuevo.

 

Sutura, 1989. Cicatriz en la tierra, de 1,50 m. de profundidad “cosida” con una soga de barco de 30 m de largo.

 

✶ PRÓLOGOS:

En el año 2002 yo había creado en Arcimboldo el Gabinete de Arte y Política, único en su género en un espacio privado. Lo iniciamos con una exposición de Juan Carlos Romero.

Yo había seguido las acciones del Grupo Escombros y ellos sabían de mí. A comienzos del 2003 los cité para invitarlos a exponer en el citado Gabinete. Fue un encuentro realmente hermoso. Después de conversar durante un par de horas y conocernos personalmente, fijamos para finales de ese año, su primera muestra en una galería de arte. La hicimos ocupando todo el espacio de Arcimboldo. Resultó muy exitosa en recepción del público, valoración de la crítica y venta de sus “objetos de conciencia”.

Hoy, al cabo de los años, seguimos trabajando juntos.

Solamente enunciaré parte de lo que van a leer en este libro. Recordemos que ellos venían elaborando y comunicando su propia expresión artística, en especial Luis Pazos y Héctor Puppo. En 1988 nació Escombros y, debajo de las autopistas de San Telmo, mostró sus pancartas en blanco y negro, con fotos compuestas y marcharon con ellas, iniciando entonces el camino del emblemático grupo.

Estos activistas trabajaron intensamente con convocatorias abiertas y masivas, realizadas al aire libre en La Plata, acompañadas por sus Manifiestos, ahora considerados piezas clave como programas de pensamiento y proyectos de trabajo de Arte y Política en el circuito artístico de Argentina. Mencionaremos a manera de ejemplos: El Centro Cultural Escombros, La Ciudad del Arte y El Sembrador de Soles.

Progresivamente, su estética siempre reflexiva y del hacer político-poético, comenzó a ser más esperanzadora e invitadora a la militancia artística con el fin de lograr igualdad e inclusividad en la sociedad.

Recordemos que algunos de esos artistas fueron co-fundadores del Movimiento Diagonal Cero creado por Edgardo Antonio Vigo en 1968, participaron de los happenings del Instituto Di Tella en 1969, representaron a la Argentina en la 7ª Bienal de Paris en 1971, integraron el Grupo de los 13 en 1972, grupo con el que ganaron la XIV Bienal de San Pablo, etc. etc. Conformaron una importante unidad de trabajo en el campo artístico-cultural apoyados por la gestión administrativa de Claudia Castro.

Traigamos a la memoria el hecho de que ellos regalaban sus producciones seriadas en las convocatorias abiertas. Destaco el interés del público alemán cuando, desde la producción general a mi cargo de la exposición argentina en la Feria del Libro de Frankfurt 2010, oportunidad en que fuimos el país invitado de honor, incluimos el múltiple El gran sueño argentino (escombro del Albergue Warnes) que había conservado en mi colección.

Planificando este libro, comentábamos con Horacio D’Alessandro que entre otras razones, los fallecimientos del inglés David Edward, de Teresa Volco, de José Altuna y de Juan Carlos Romero, afectaron profundamente al Grupo.

Bien sabemos que la producción de los artistas son botellas arrojadas al mar del mundo. Varias han llegado a mis manos y dejo constancia de que una de las más enriquecedoras ha sido la del Grupo Escombros.

Quiero cerrar este texto compartiendo con ustedes una anécdota y una propuesta de trabajo. La primera se refiere a la mucha gente que me pide la creación de la Asociación Amigos del Grupo Escombros y la segunda es la invitación a hacerlo. SI a la memoria activa del Arte Argentino. NO a la nostalgia paralizadora.

Todos nosotros juntos hacemos la Historia del Arte Argentino. Les ofrezco mi coordinación y mis salas de la calle Reconquista como sede de la Asociación.

Quedo a vuestra entera disposición.

Pelusa Borthwick

CABA, Primavera 2020

 

Este libro comenzó a gestarse en charlas que tuvimos con Luis Pazos en los meses de encierro del 2020, a partir de la muestra sobre Escombros que se montó en el Centro de Arte de la Universidad Nacional de La Plata. La decisión de hacerlo, la tomé ante la inexistencia de material bibliográfico sobre lo realizado por el Grupo Escombros y la posibilidad cierta de que, como escribió Alfredo Le Pera, el poeta de Gardel, “el olvido que todo destruye”, terminara con Escombros.

Posteriormente Luis Pazos, Raúl García Luna, Angélica Converti y Pelusa Bortwick estuvieron de acuerdo en intentar la tarea. Angélica y Raúl realizaron, a mi pedido, la cronología de los hechos más relevantes en la Argentina y en el mundo durante los años de Escombros, pues creí que era importante conocer el contexto histórico en que se desarrolló el Grupo.

Pelusa por su parte escribió uno de los prólogos y colaboró con imágenes de obras, con fechas de eventos y muestras. Luis Pazos me entregó algunos catálogos y me ayudó a recordar títulos y obras. Del resto, la búsqueda en mis archivos, la selección, la organización, la edición, el diseño gráfico, la digitalización de obras, las correcciones de textos rescatados mediante el reconocimiento óptico de caracteres, el mejoramiento de fotos y la paginación, me ocupé yo, durante parte del 2020 y 2021, siempre encerrado.

Mi mujer, Mónica López Ruf hizo la primera corrección y me ayudó en la verificación. Elena Sedán del Departamento de Estudios Históricos y Sociales. Facultad de Artes (UNLP) hizo la revisión final. Hasta aquí lo técnico. Apelo a la benevolencia de los lectores por los errores que pueda haber cometido en el intento.

Lo realizado y escrito por el Grupo al cabo de los años es, en forma demoledora, tiempo presente. Casi nada cambió en nuestra Argentina desde 1988, cuando se fundó Escombros, hasta hoy. El hambre, el desempleo, el ataque a la naturaleza, la corrupción, la violencia, la des-educación, siguen ahí. El poder parece estar más fuerte que nunca.

Los textos que la gente de La Plata escribió en “El bosque de los sueños perdidos” parecen de hoy. Las esperanzas no se realizaron. Desgraciadamente una gran parte de nuestra sociedad no ha logrado sacudirse el flagelo del no compromiso, de la aceptación sumisa del facilismo que esclaviza y continuamos recorriendo la infinita pendiente de la decadencia.

El prólogo del Quinto Manifiesto de Escombros de 2005, en su comienzo, describía un futuro que es nuestro presente:

En la Argentina de hoy el poder recorre dos caminos simultáneamente. Caminos que, aunque son paralelos, son al mismo tiempo absolutamente opuestos: el de las palabras y el de los hechos... Lamentablemente.

Horacio D’Alessandro

La Plata, octubre de 2022

 

"Grafiti" (1988) fue el primer envío postal del Grupo Escombros. La pintada, realizada en un terreno baldío del barrio de San Telmo se reconoce como el acto fundacional de uno de los colectivos artísticos más relevantes para la historia del arte argentino.

 

✶ INDICE:

- Prólogos

1- Cronología

2- Manifiestos

3- Performances

4- Convocatorias

5- Murales

6- Libros de artistas

7- Instalaciones. Señalamientos

8- Poesía concreta. Objetos. Gráfica

 

La Ciudad del Arte (1989)

 

✶ ESCOMBROS - PRIMER MANIFIESTO

 

LA ESTÉTICA DE LO ROTO (1989)

La tortura rompe el cuerpo; la explotación irracional de la naturaleza rompe el equilibrio ecológico; la desocupación, el hambre y la imposibilidad de progresar rompen la voluntad de vivir; el miedo a la libertad rompe la posibilidad de cambio; el escepticismo rompe la fe en el futuro; la indiferencia de los poderosos rompe la dignidad de los que no lo son; el individualismo salvaje rompe todo proyecto de unidad. En esta sociedad despedazada nace la estética de lo roto: Escombros.

Somos la estética de la violencia expresiva. Una estética que se basa en la forma rota, el cuerpo crispado; la forma inerme, el cuerpo desnudo; la forma oculta, el rostro velado; el no-color, uso excluyente del blanco y negro.

Somos la ética de la desobediencia. Una ética que se opone a la indiferencia y a la resignación. No aceptamos orden establecido, porque ese orden es injusto.

Somos un grupo abierto y horizontal. La cantidad de nuestros integrantes no es fija ni tiene límites. Todos, sin excepción, tenemos derecho a opinar y decidir.

Escombros nace, muere y renace constantemente.

El lugar donde se concretan nuestras obras es la calle: allí está la realidad sin disfraces ni condicionamientos.

En el desamparo absoluto que vive el hombre de hoy, en sus necesidades sin solución, en sus preguntas sin respuestas, está el origen de nuestras obras.

El material de nuestras obras somos nosotros mismos. Material inestable y de comportamiento imprevisible porque, a diferencia del óleo y el mármol, piensa y siente.

Sostenemos a la solidaridad como el máximo valor. La mejor prueba de esto es nuestra existencia. Estamos en la calle porque nuestros amigos lo hacen posible.

En Pancartas I (debajo de una autopista de Buenos Aires) y en Pancartas II (en una cantera del Gran La Plata) elegimos a la pancarta como soporte de nuestras obras, porque en ellas, como en las paredes, el hombre de hoy expresa su conflicto con el poder.

Una plaza, una fábrica abandonada, una playa de estacionamiento, una esquina cualquiera, es nuestra galería de arte. Ocupamos todo espacio que la desidia, el capricho o el simple afán de destrucción, quitó a la ciudad para entregarlo a la nada. La ciudad es nuestra galería de arte.

El 27 de mayo de 1989 fundamos en las ruinas de una calera nuestro Centro Cultural. Una institución donde ningún artista necesitó presentar el curriculum para ser parte de ella. Donde la única tarjeta de presentación fue la voluntad de crear, la capacidad de imaginar y la decisión de ejercer la libertad. Una institución que nació y murió ese mismo día.

Como los ecologistas resucitan mares y ríos, reconstruimos lo roto, reparamos lo violado, devolvemos lo saqueado. Construimos entre los deshechos, con los deshechos. Somos artistas de lo que queda. A la economía dineraria le oponemos la economía solidaria.

Nuestra tabla de valores: la solidaridad, la libertad, la verdad, el trabajo, la imaginación, el futuro, la voluntad, el coraje, la dignidad y la justicia.

Como la sociedad a la que pertenecemos, avanzamos sin saber qué nos espera mañana. En medio de todas las dudas posibles tenemos una sola certeza: Escombros existe para exorcizar el miedo. En el mundo de hoy, ese es el sentido del arte.

El arte no es una teoría: es un acto de libertad.

El arte no se compra ni se vende. Admitir que la obra de arte es una mercancía, es admitir que el hombre es un objeto de compra-venta. El arte se hace y se comparte. Toda actitud mercantilista es una forma de corrupción. El arte no es un negocio: es una forma de vida.

Hay un nexo que une un partido de fútbol, un baile popular, una exposición de arte, un acto político y un festival de rock: ese nexo es la gente. Toda obra de arte que no involucra el concepto de participación es un mero objeto. Su valor cultural, sea cual fuere su valor comercial, es nulo.

Movilizar es crear.

La obra de arte, como el café instantáneo y las jeringas descartables, se hace, se usa y se tira. No es un objeto, sino una actitud: el arte es una manera apasionada de vivir.

En arte, el cambio es lo permanente; la fugacidad lo absoluto.

Al pasado pertenece la obra de arte hecha “para siempre” y calificada como mercadería. Al presente pertenece la obra de arte efímera y que por su misma naturaleza está fuera del mercado. El pasado está muerto y su destino es convertirse en polvo. El presente está vivo y su destino, como el de la vida, es crecer, reproducirse e imponerse.

Toda obra de arte es un relato de guerra: la que libra, sin cuartel, la libertad frente a la represión.

El artista es el amplificador de la conciencia colectiva. La obra de arte revela lo que el poder oculta y dice lo que la sociedad calla.

El poder es siempre una estructura represiva, sea cual fuere su signo ideológico.

El sueño del poder es congelar la historia. El artista alerta a la conciencia colectiva cada vez que cae prisionera de ese sueño. El artista no cambia al mundo: lo mantiene despierto. Se inserta en él como la espina en la carne, le produce dolor para señalarle la existencia de la enfermedad. Esa enfermedad es el silencio.

El poder quiere un mundo de ciegos, sordos y mudos. Quien ve, oye y habla, puede llegar a pronunciar la palabra que más teme: BASTA.

El arte es el espejo de la sociedad que lo genera. Ese espejo ha sido, es y será roto y velado. El poder no soporta la imagen de la verdad. La verdad es creadora de conciencia y la conciencia es la antesala de la libertad.

El artista está en el mundo para romper el orden establecido. De esa ruptura surgirá un nuevo orden que volverá a romper. Así hasta el infinito.

El artista es el guardián de la vida, fuente de todos los valores. Animar lo deprimido; unir lo separado; eliminar toda frontera; reemplazar el “yo” por el “nosotros”; recuperar lo perdido; resucitar lo muerto; hacer real lo abstracto; volver lógico lo irracional; liberar lo sometido; hacer posible lo imposible. Ese es el rol del artista.

La única riqueza del artista es la posesión del instante.

El artista de hoy es un sobreviviente. Lo que sobrevivió de una cultura que fue reducida a escombros trabaja y en medio de ellos construye el futuro. ¿Qué forma tendrá el nuevo orden? No lo sabe. El arte experimental es, precisamente, eso: un experimento. Imposible prever el resultado, sin importar nuestra edad ni el lugar donde hayamos nacido. No importa si nuestra obra es insignificante y se desconoce, sabiéndolo o no, estamos tocando una sinfonía de una sola nota: la culminación del mundo que conocemos.

Ser artista hoy es emprender la tarea demoledora de reescribir el Apocalipsis.

El artista es un exorcista. Expulsa del cuerpo social a la muerte y sus cómplices: la depresión; la indiferencia; el desprecio por el otro; el sentimiento de inutilidad; la fascinación de la nada.

No basta con demoler el edificio. Hay que arrancar sus cimientos. En ese abismo el artista comienza a construir su obra. Ayer se construía sobre piedra. Hoy debemos ser capaces de hacerlo sobre el vacío.

La contradicción es la condición del artista.

El mundo es un abismo y el artista crea mientras cae. El vértigo es la condición humana.

Todo ser humano es, en potencia, un artista. Alguien capaz de expresar lo que piensa y siente. Alguien capaz de utilizar como herramientas la imaginación y la sensibilidad. Alguien capaz de pelear por esos ideales: la búsqueda de la verdad y la defensa de la libertad.

Sólo los soñadores son capaces de modificar la realidad. Los otros, los que creen que dos más dos es solamente cuatro, la reducen y simplifican hasta convertirla en una ruina.

No hay reglas, no hay señales, no hay límites, no hay certezas. Esta es la realidad y es lo que expresamos: la forma de un mundo que carece de forma.

Hay un solo proyecto cultural posible: la supervivencia.

No hay que tener miedo.

Horacio D´Alessandro

David Edward

Luis Pazos

Héctor Puppo

Juan Carlos Romero

Noviembre de 1989

La Plata - Argentina

 

Pan torturado de la serie "Objeto inaccesible" (2003)