El Gaucho Martín Fierro
Miguel de Unamuno
Ediciones El Galeón
Colección Literaria
1986
Tapa blanda, rústica sin solapas
66 páginas
Arte de tapa: “Retrato de Don Miguel de Unamuno” (1941) por Joaquín Torres García. Prólogo de Carlos Paz
Impreso en Montevideo (Uruguay)
✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.
Desgastes mínimos por paso del tiempo.
✶ PRÓLOGO
El destino ha querido reunir en este 1986 al criollísimo José Hernández y al españolísimo Miguel de Unamuno en la evocación de sus muertes, ocurridas el 21 de octubre de 1886 la del primero y el 31 de diciembre de 1936 la del segundo. Y por aquello de que centenarios y cincuentenarios merecen una consideración especial de la memoria, nada mejor para honrarlos que ofrecer las páginas que don Miguel le dedicó al Martín Fierro. Porque aquella lectura crítica, realizada en las postrimerías del siglo XIX, resultó al fin y al cabo el primer encuentro entre nuestro poeta militante y el insigne vasco. Y esta aproximación inicial y definitiva no pasó desapercibida para la cultura hispanoamericana.
Una noticia superficial y equivocada de Juan Valera sobre la obra hernandiana le sirvió de pretexto al bilbaíno para dar una acabada muestra del entusiasmo con que había acogido al libro de Hernández. Pero no todo era pasión en Unamuno. Tenía por entonces —y la conservaría a lo largo de toda su existencia— una asombrosa intuición para comprender y amar la realidad latinoamericana. Y lo demostraría en su respuesta al ilustrado don Juan Valera, publicada en el primer número de La Revista Española, en febrero de 1894.
Por aquellos días Unamuno todavía no había cumplido los treinta años y en una prueba de su genio se le plantó al prestigioso y erudito don Juan Valera, para exaltar y descubrir el sentido profundo de un poema que la crítica culta de ambos países se obstinaba en desconocer. Porque debe tenerse en cuenta que el Martín Fierro, a pesar de su popularidad entre los iletrados, languidecía en los círculos ilustrados y parecía destinado a ser excluido del sistema literario, en tanto que casi nadie se ocupaba de él y los pocos que lo hacían se empeñaban en confinarlo dentro de los estrechos límites de la poesía vulgar. Esta certidumbre debió incitar a los editores de la 14ª edición, en 1897, a colocar un prólogo en el cual se afirmaba rotundamente: “...porque no es como las obras de Ascasubi o Del Campo simples obras de entretenimiento, sino el estudio social más completo, más exacto y más bien intencionado que se ha llevado a cabo entre nosotros...; porque apartándose completamente de la tradición literaria que dejaron Ascasubi y Del Campo, siguió nociones propias, vías más rectas e inspiraciones que tenían su base en el sentimiento popular”. Quizás quienes escribieron este párrafo no sólo tuvieron presente las repetidas manifestaciones de José Hernández, sino las observaciones críticas que don Miguel había estampado en La Revista Española un par de años atrás.
Porque —y éste es el gran mérito de Unamuno— entrevió las diferencias que existían entre Hernández y sus predecesores, no se dejó seducir por aquellos americanos que cultivaban una poesía culta; al contrario, los juzgó con buenas razones “victorhuguescos, coloristas, rimistas y casi siempre lateros”, y reivindicó el carácter popular de la obra de Hernández, su épico reclamo de justicia social para los desamparados habitantes de la campaña, sus rasgos eminentemente nacionales por hispanoamericanos y no por bonaerenses, y vislumbró que en Hernández se daba ese “consorcio íntimo entre lo popular y lo artístico, entre el fondo y la forma”, esa facultad extraordinaria “donde las ideas más sociales hallan expresión más individual, por ser el genio quien tiene más individualidad social”.
Y acertó el vasco con sus anticipaciones, porque algunos años más tarde Ernesto Quesada y, sobre todo Lugones, comenzaron la tarea de recuperar la obra de Hernández como una expresión de la conciencia nacional, tomando algunos de los rumbos que él señalara. Incluso adelantó el penetrante bilbaíno las diferencias que observaba entre la primera y la segunda parte del poema. Aunque no lo dijera explícitamente, veía que en la Vuelta faltaba la espontánea rebeldía de la primera y que el poeta militante, recién venido de los entrecejos jordanistas, había dejado su lugar al poeta letrado, más didáctico y menos brioso, frecuentador de los círculos autonomistas.
Hoy día el trabajo de Unamuno sobre el Martín Fierro es prácticamente inhallable y poco conocido entre nosotros. Por ello, quizás el mejor homenaje que pueda tributársele a ambos en su centenario y su cincuentenario, sea reunirlos nuevamente en estas páginas y en su común amor por el pueblo y la patria hispanoamericana que alumbrara sus existencias y fuera motivo permanente de sus pasiones y sus inteligencias.
CARLOS PAZ
✶ INDICE:
- Prólogo de Carlos Paz
1- El Gaucho Martín Fierro
2- Sobre el Criollismo
3- Juan Valera. Cartas Americanas
Miguel de Unamuno