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Vida de San Martín

Eugenio Orrego Vicuña

Editorial Emecé

Colección Buen Aire

1945 - 2 ed

Tapa dura

133 páginas

Apéndice con imágenes y reproducciones

Prólogo de Armando Braun Menéndez

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Desgastes mínimos por paso del tiempo.

 

✶ PRÓLOGO:

La veneración que profesan los argentinos hacia su prócer máximo, el general don José de San Martín, no puede tener los caracteres de un amor egoísta y exclusivo, que así parecen ser todos los amores. Aquella reverencia debe ser necesariamente compartida. Chilenos y peruanos reclaman también para sí una parte en la posesión del héroe para que sea un patrimonio común; y su exigencia se apoya en los más justos títulos.

San Martín, prototipo genial de la raza a que pertenecen aquellos tres pueblos americanos, dio todo de sí para libertarlos; y ellos le guardan gratitud eterna y ninguno quiere sufrir menoscabo.

Descontada la igualdad de participaciones en el reconocimiento de argentinos, chilenos y peruanos hacia su glorioso libertador, y en el caudal de admiración que producen su vida y su obra ejemplares, podemos referirnos a la forma en que aquel reconocimiento y esta admiración se manifiestan. Porque entre los pueblos, lo mismo que en las personas, los hay más o menos expresivos. Y en este orden de ideas es preciso reconocer que en la república de Chile la devoción por San Martín se halla exteriorizada y documentada mediante hechos bien significativos.

Por lo pronto, la primera estatua y la primera historia dedicadas al libertador José de San Martín son de hechura chilena. La estatua, cuyo valor fue costeado mediante una suscripción popular iniciada en 1856 y que abarcó todo el territorio de la República de uno a otro confín, se erigió en la Alameda de las Delicias, vale decir, en el corazón de Santiago; y la historia, titulada Vida del Libertador, fue escrita por el genial publicista don Benjamín Vicuña Mackenna y editada en 1863. Aquellas iniciativas significaron para las autoridades y el pueblo de este país un estímulo y, además, un llamado imperativo para sus conciencias.

Para apoyar esta aseveración, sin que sea tachada de parcial, traemos a colación la palabra prestigiosa del ilustre argentino el general don Bartolomé Mitre: “El brillante historiador don Benjamín Vicuña Mackenna puede decirse que es el primer revelador de la gloria de San Martín, aclamándolo ante la América como el gran criollo, desenterrando los documentos que comprobaban sus títulos a la inmortalidad e iniciando el pensamiento de levantar su estatua en territorio chileno...”. La fama de San Martín, ya no es aventurado expresarlo, germinó en el país que lo vio nacer, bajo el acicate de aquel reconocimiento y esa admiración chilenos, que se habían expresado con tan ferviente elocuencia.

La generación actual de allende los Andes no ha quedado rezagada en cuanto al culto sanmartiniano. Por curiosa y significativa coincidencia, es ahora un nieto de Vicuña Mackenna quien mantiene viva, con su prédica y su obra, la llama fervorosa de esa devoción hacia la memoria del prócer que reclamábamos para Chile; nos referimos a Eugenio Orrego Vicuña.

Este celebrado escritor chileno, cuya edad corre con la del siglo que vivimos, ha desarrollado una obra tan amplia, variada y meritoria, que lo consagra como una de las primeras figuras del pensamiento del país trasandino. Ensayista, cronista viajero, historiador y dramaturgo, Eugenio Orrego Vicuña acomete todos los temas y lo hace con acierto singular.

En diversos cargos que sirvió en el Archivo Nacional y en la Biblioteca de la Universidad, en Santiago de Chile, Orrego Vicuña se inició desde muchacho en las disciplinas austeras de la investigación histórica. Sin embargo, su espíritu no padeció la anquilosis que frecuentemente imprime esa placentera prisión de los anaqueles, tupidos de libros y legajos. Concurrieron, a fin de libertarlo del contagio, su fuerte intuición poética y los años que llenó con el cargo de secretario de la Legación de Chile en el Japón y en la China. Los dilatados viajes que es menester realizar a fin de alcanzar esas lejanísimas representaciones diplomáticas y una prolongada estada en aquellos países fueron para Eugenio Orrego un período de maduración necesaria. De aquellos años son fruto: Mujeres, paisajes y templos, Tierra de águilas y El país de Lenín, escritos estos dos últimos luego de un recorrido a través de la Rusia Soviética, libros en los cuales vierte sus impresiones de viajero curioso y perspicaz.

De regreso a la patria, Orrego se desligó de las ataduras burocráticas para dedicarse exclusivamente a lo suyo: las letras. Su vocación no halló entonces límites de preferencia, pues ella se expresa, curiosa universalidad, en trabajos tan pronto de tipo histórico como en obras de pura imaginación. Para lo primero, los años de labor tesonera en los archivos no habrán transcurrido en vano; entre los estudios de índole histórica deben citarse, sobre todo: El espíritu constitucional de la administración O’Higgins, Vicuña Mackenna, vida y trabajos, Carrera, Don Andrés Bello e Iconografía de O’Higgins, trabajos que le valieron, en plena juventud, la fama de contarse entre los conocedores profundos del pasado chileno y sudamericano. Paralelamente a estas obras que evidencian erudición, disciplina y concentración notabilísimas, Orrego da riendas al poeta que lleva dentro cuando produce aquella serie de dramas o comedias de corte sociológico: La rechazada, Tragedia interior, estrenado por Enrique Borrás, Vírgenes modernas, El lobo, y otras obras de teatro que revelaron a un público primeramente escéptico una faceta inesperada de su personalidad: sus facultades de comediógrafo.

Y es en este punto, que creemos culminante en su carrera de escritor, cuando Orrego Vicuña ha de encontrar la manera de conciliar estas inclinaciones aparentemente inconexas: la investigación, que es ciencia y paciencia, al par con la comedia, que es arte y fruto de la inspiración poética; y ello le será posible mediante el drama histórico. En este género literario, Orrego Vicuña no tiene símil en América. En sus dramas: Carrera, San Martín, O’Higgins, el autor nos presenta, recortadas sobre un fondo de rígida realidad histórica, a estas grandes figuras de la emancipación americana con un realismo y una propiedad impresionantes. Los héroes no desmerecen con tal humanización teatral; por lo contrario: su personificación en la escena, la revelación de sus amores, alegrías, pasiones y dolores tienen la virtud de interesar y conmover a un auditorio que en los momentos culminantes no puede reprimir su entusiasmo y en los trances amargos su congoja.

Y ahora: San Martín.

La inclinación hacia el Libertador, que le viene a Orrego Vicuña junto con la ilustre sangre que ha heredado, no halla punto de reposo. Pocos han estudiado tanto y tan bien la vida del prócer; y pocos lo han comprendido mejor. Son variados y valiosos sus trabajos sanmartinianos: Vida de San Martín, Medallones, Paralelos, Anecdotario e Iconografía, estos últimos trabajos completísimos y únicos en su género, y finalmente: San Martín, drama histórico estrenado con éxito clamoroso en el Teatro Municipal de Santiago, equivalente al Colón de Buenos Aires, por la compañía de la eminente artista Margarita Xirgu.

Por eso, y porque es un historiador de fama continental, y porque es nieto de Benjamín Vicuña Mackenna, quien fue el primer sanmartiniano en la América del Sur, y porque es chileno, cuando llegó el momento de publicar la vida de San Martín para la serie de Biografías Americanas de la colección Buen Aire, Emecé Editores recurrió a la colaboración de Eugenio Orrego Vicuña, quien le brindó esta inigualable Vida de San Martín, que hoy ofrece a sus lectores con la tranquila seguridad de los que exhiben una joya de probado valor. Armando Braun Menéndez

 

 

✶ INDICE:

Prólogo, por Armando Braun Menéndez

Vida de San Martín

- Cap. I. En tierra del Cid. Años de juventud

- Cap. II. En Argentina. Años de preparación

- Cap. III. San Martín en Chile

- Cap. IV. El libertador San Martín. Retrato de los tiempos de su hazaña

- Cap. V. La expedición libertadora

- Cap. VI. San Martín en el Perú

- Cap. VII. La entrevista de Guayaquil

- Cap. VIII. Camino del exilio

- Cap. IX. Crepúsculo en el ostracismo

- Cap. X. Boulogne-sur-Mer

Medallón del Libertador San Martín

Anecdotario

San Martín y Napoleón

San Martín y el granadero Cabral

Cómo trataba a los realistas

Justicia sanmartiniana

Contribución de zapallos

Cómo reaccionaban los hombres de la patria nueva

La guerra de zapa

Los locos de San Martín

El bautizo de la pólvora

El General San Martín y el Padre Pata

Disciplina

San Martín y Doña Paula Jaraquemada

Laconismo

El “orden oblicuo” en Maipo

Una frase

Brindis en la mesa de Bolívar

La última visita en Argentina

Las nietas de San Martín

San Martín y el mar

San Martín, educador

San Martín, filósofo

Iconografía de San Martín

 

Reproducida en esta edición