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Crítica: Revista Multicolor de los Sábados (1933-1934)

Nicolás Helft / Sylvia Saitta

Editorial Fondo Nacional de las Artes

1999

Tapa semi rígida

83 páginas

Prólogo de Horacio Salas. Profusamente ilustrado. Tamaño 31x24

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Importante: No incluye el CD.

 

 

✶ PRÓLOGO:

Las relaciones entre el periodismo y la literatura argentina provienen de muy larga data. Sarmiento, José Hernández, Mansilla trajinaron redacciones múltiples. Y ya en el siglo veinte el inventario es más que nutrido: Leopoldo Lugones, además de los diarios militantes en los que escribió en sus comienzos, fue director del suplemento cultural del diario La Nación durante largos años, donde tuvo como compañeros a Roberto Payró y Alberto Gerchunoff, entre varios otros. En la década del veinte Natalio Botana acuñó la buena idea de llamar a colaborar en Crítica a los nuevos escritores: los hermanos Enrique y Raúl González Tuñón, Roberto Arlt, Nicolás Olivari, Conrado Nalé Roxlo, Horacio Rega Molina, Sixto Pondal Ríos, entre una larga lista. En los años siguientes también ejercieron el periodismo en distintos medios: Manuel Mujica Láinez, Eduardo Mallea, Bernardo Verbitzky, Pedro Orgambide, Juan Gelman, Tomás Eloy Martínez, y la lista siquiera aproximada sería interminable.

Como no podía ser de otra manera, Jorge Luis Borges también incursionó en actividades periodísticas. Como colaborador de numerosas publicaciones, en especial de la revista El Hogar, entre 1936 y 1939, según lo ha recogido el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal en su recopilación Textos cautivos, Tusquets, Buenos Aires, 1986, y como codirector, con Ulyses Petit de Murat, de La revista multicolor de los sábados, suplemento del diario Crítica, que apareció entre el 12 de agosto de 1933 y el 6 de octubre de 1934.

Con su costumbre de borrar pistas que tanto le gustó ejercitar durante años, Borges reiteró más de una vez que sus tareas en el diario de Botana se habían reducido a las de un modesto colaborador. No es difícil que la fama de amarillista que cargaba el periódico lo inclinase a manifestar una posición menos destacada de la que le cupo en realidad. O acaso sea que el final del suplemento, que según narra Petit de Murat en su libro Borges Buenos Aires, Ed. Municipalidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1980, pág. 149, le haya producido tanta tristeza, le haya dejado tan mal sabor de boca, que lo llevase a preferir evitar esos recuerdos. Lo cierto es que las evocaciones de ese período fueron escasas, aunque alguna vez llegó a reconocer: “El verdadero comienzo de mi carrera se sitúa en la serie de bosquejos titulados Historia universal de la infamia, pensados como colaboraciones en Crítica en 1933 y 1934.” Y la afirmación no suena exagerada: al menos, ese año y medio de trabajo continuo con la prosa significó una bisagra en la obra borgeana y el inicio de un camino que habría de afirmarse con la escritura de Pierre Menard, autor del Quijote, primer cuento integral dictado por Borges a su madre mientras convalecía de una septicemia provocada por su accidente con una banderola abierta mientras subía a oscuras las escaleras de su casa, un día de 1938.

A partir de su fugaz paso por Crítica Borges comienza a despojar a su estilo de excesos barrocos y se atreve a incursionar en la prosa ficcional, aunque todavía casi exclusivamente sobre modificaciones de textos ajenos y bajo una fuerte influencia de Marcel Schwob en su Vidas imaginarias. Pero como a tantos escritores, la obligación de cualquier redacción de escribir para un público medio, es seguro que ayudó, o por lo menos aceleró, el perfeccionamiento de su singular narrativa.

Petit de Murat, que por entonces se desempeñaba como crítico cinematográfico, comenta que cuando Botana le propuso dirigir un suplemento cultural pensó en Borges como su posible copiloto. Pero aclara que cuando le propuso a su amigo trabajar en el diario lo hizo con algunos prejuicios: “¿Borges aceptaría, no digo ya a Botana, sino a un tipo de trabajo nervioso, en el que los minutos cuentan, hay que hacer muchas diligencias y acciones que pertenecen más al oficio que al intelecto? ¡Ese Borges que pedía diez días para concretar una respuesta de quince líneas a una encuesta cualquiera, que ponía un adjetivo y sacaba otro, insaciablemente, todas las santas tardes de Dios!”

Y continúa más adelante: “Botana propugnaba un tipo especial de redactor: el que iba al taller y conocía de memoria el catálogo de tipos, la posibilidad de titulación, los que suministraba la máquina Ludlow. Borges había estado en imprentas de libros; pero prontamente se asimiló a las que daban tarea a las gigantescas rotativas Hoe. Hizo rápida amistad con linotipistas, matriceros y diagramadores.”

Trabó una genuina amistad con Francisco Loiácono, cronista policial del diario, al que Carlos de la Púa había apodado Barquinazo o Barquina por caminar, según decía, contoneándose: “a los barquinazos”. Escuchaba sus historias criminales con fruición o intercambiaban leyendas de guapos, a veces míticos, que Borges había recogido en sus charlas con algunos guardaespaldas jubilados a los que entrevistó para escribir su biografía de Evaristo Carriego. Por otra parte, varios de sus amigos martinfierristas también ocupaban escritorios en la redacción de Crítica y el ambiente, como lo han narrado varios de sus protagonistas: Raúl González Tuñón, Córdova Iturburu, Florencio Escardó, Roberto Tálice, era de una enorme cordialidad.

Borges no dejaba ningún elemento al azar, y a pesar de la profesionalidad de los correctores del periódico, él solía dar una última leída a los textos para suprimir las últimas erratas, que eran una de sus obsesiones. También pudo invitar a varios de sus amigos a colaborar en las páginas de la Revista: Enrique Amorim, Xul Solar, su primo Guillermo Juan Borges, Néstor Ibarra, Norah Lange, Eduardo González Lanuza, Pablo Rojas Paz; así como Petit de Murat convidó a los uruguayos Paco Espíndola, a Juan José Morosoli y a un jovencísimo Juan Carlos Onetti.

Borges aprovechó la enorme difusión de Crítica para permitir que el lector medio accediera a un tipo de literatura que le estaba negada. Alguna vez, y supongo que se hará pronto, habrá que valorar su papel de divulgador cultural. Y esta fue su primera experiencia de tipo masivo. Publicó autores casi secretos, como Santiago Dabove, tradujo autores desconocidos o poco difundidos en esta región del planeta y se encargó de levantar la puntería literaria de lo que hasta entonces se consideraba material apto para el gran público, para ese lector de Crítica preocupado fundamentalmente por las noticias policiales, de fútbol o de turf.

La exigencia de Botana de que los directores del periódico también publicasen sus propios textos al menos uno cada quince días, obligó a Borges a inventar ficciones todavía demasiado apegadas a sus lecturas, como si de alguna forma desconfiara de su imaginación para crear argumentos originales. Así Revista Multicolor de los sábados recogió buena parte de los textos que habrían de convertirse, a mediados de 1935, gracias al sello Tor, una editorial de signo absolutamente popular, en su Historia Universal de la Infamia. Textos, los que en el prólogo correspondiente a 1954, juzgó con cierto desdén como “el irresponsable juego de un tímido que no se atrevió a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar, sin justificación estética alguna vez, ajenas historias.” Como tantas veces, Borges se equivocó al juzgar su propia obra. Ese libro señala un camino, descubre temas y dibuja máscaras que serán obsesiones de toda su tarea narrativa. Es decir: como en tantos otros escritores argentinos, su paso por el periodismo resultó decisivo.

El Fondo Nacional de las Artes ha creído imprescindible el rescate de esta faceta borgeana, que en gran parte estaba vedada incluso a los especialistas por carencia de ejemplares en las bibliotecas argentinas abiertas al público. Una vez más, como ya se hizo con la edición facsimilar de la revista Martín Fierro, hemos optado por la protección del patrimonio cultural al encarar una tarea que abarca la totalidad de la colección, una obra cuyos destinatarios serán no sólo los investigadores, sino un cúmulo de lectores de todo el mundo, cada vez más interesados en el conocimiento de Jorge Luis Borges, un creador cuyos fulgores exceden en mucho los homenajes efectuados en este año con motivo del centenario de su nacimiento. Para disfrutar de sus páginas, para sentir felicidad al atravesar sus libros, no son imprescindibles las coincidencias cronológicas. Borges es, y será, un grande más allá de la siempre mezquina necesidad de los números redondos.

HORACIO SALAS

Buenos Aires, junio de 1999

 

 

✶ INDICE:

Revista Multicolor de los Sábados [1933-1934]

- Prólogo por Horacio Salas

- Acerca de esta edición por Nicolás Helft

- Recorrido textos de Sylvia Saítta

- Antología:

Alejandro Schulz (Xul Solar): Cuentos del Amazonas, de los mosetenes y guarayús. Primeras historias que se oyeron en este continente.

Néstor Ibarra: Josef Von Sternberg

Anónimo: Auténtico relato de una aparición

Guillermo E. Hudson: Lugar de muerte de los guanacos.

Julio César Dujovne: La sala de las disecciones.

Luis Gastini: Telegrafía de Ultratumba

Santiago Dabove: La muerte y su traje

Enrique Amorim: 1 en Villa Desocupación

Amparo Mom: Lo guarango y lo cursi

Néstor Ibarra: Honor de canallas

Ildefonso Pereda Valdés: El funesto 13

David A. Siqueiros: El derrumbe del coraje

Carlos de la Púa: Café Nacional

Vicente Rossi: La milonga en las dos bandas

Alberto J. Lanús: Los artistas de cine olvidados

Ulyses Petit de Murat: La muerte de Proust

Juan L. Ortiz: El loquito

Norah Lange: Vacilante juego mortal

J. C. Onetti: La total liberación

Pablo Rojas Paz: El dolor físico y el genio

Heinrich Mann: Escenas reales de la crueldad nazi

Pullen Jackson: Los “spirituals” negros

Idel Mara: Un suicidio

William Buckley: Genghiz Khan, Emperador del Mundo

Herbert Ashe: La maldición de la lepra

Jorge Luis Borges: “Tierra mía”, de A. Capdevilla

Horacio Nani: Una venganza

Venancio Marborena: “Midget” el bandido ultra moderno

 

 

✶ AHIRA (Archivo Histórico de Revistas Argentinas)

 

Link de Ahira a la colección digital de Revista Multicolor de los Sábados

 

La Revista Multicolor de los Sábados fue el suplemento cultural del diario Crítica a comienzos de la década del treinta. Dirigida por Jorge Luis Borges y Ulyses Petit de Murat, es un capítulo imprescindible de la historia de la literatura y el periodismo argentinos porque sus páginas combinan literatura de vanguardia, reseñas bibliográficas de excelente nivel crítico y notas de divulgación general, con la extrema popularidad otorgada por el diario de Natalio Botana. Si la masividad y la militancia moderna caracterizaron a Crítica, su suplemento cultural fue el ámbito de cruce entre cultura alta y cultura popular, géneros literarios y discursos periodísticos, la ficción y la información.

Las sesenta y un entregas de la Revista Multicolor de los Sábados salieron entre el 12 de agosto de 1933 y el 6 de octubre de 1934. Tuvieron como antecedente un suplemento con el mismo nombre —probablemente dirigido por Raúl González Tuñón— que se había publicado entre marzo de 1931 y febrero de 1932, en el que predominaron textos de Álvaro Yunque, Roberto Mariani, Enrique y Raúl González Tuñón, Alfonsina Storni, César Tiempo, Lorenzo Stanchina, Cayetano Córdova Iturburu. En cambio, en 1933-1934, Borges y Petit Murat imprimieron a la revista sus preferencias literarias tanto en la selección de los cuentos de escritores argentinos y en las traducciones de escritores y ensayistas extranjeros, como en la elección de los libros reseñados y los géneros predominantes: el fantástico, el policial, las leyendas orientales, los ensayos ficcionales. La revista publicó cuentos y relatos de Santiago Dabove, Enrique González Lanuza, Raúl González Tuñón, Juan Carlos Onetti, Enrique Amorim, Néstor Ibarra, entre otros, y traducciones de O. Henry, Rudyard Kipling, G. K. Chesterton, H. G. Wells, Marcel Schwob, Oscar Wilde, Jonathan Swift, Bernard Shaw, Heinrich Mann, Gustav Meyrink, Novalis, Carl Sandburg.

Además de los cuentos fantásticos y orientales que luego integrarían los volúmenes Antología de la literatura fantástica y Cuentos breves y extraordinarios, Borges publicó en la Revista Multicolor de los Sábados los relatos que, en 1935 compila bajo el título de Historia universal de la infamia. De este modo, Borges publica sus primeras ficciones, estos “ejercicios de prosa narrativa”, en el suplemento de un diario leído por más de trescientos mil lectores, definiendo una poética y un modo de narrar que reafirmará en sus libros posteriores. Como señala Beatriz Sarlo en Borges, un escritor en las orillas, se trata de los relatos más vanguardistas de Borges porque trabaja con materiales de segunda mano, traducciones europeas de relatos orientales, falsificaciones, artículos de enciclopedias, vidas de bandidos, episodios insignificantes de historias mayores, que marcan la propiedad de estos territorios marginales a las grandes tradiciones y ponen en cuestión la idea de originalidad al trabajar con la cita ajena, las versiones y repeticiones de historias que no le pertenecen.

La Revista Multicolor de los Sábados dedicó numerosas páginas a relatos policiales, artículos de divulgación científica, crónicas sobre cine y música y, como su nombre lo indica, a historietas y gran cantidad de ilustraciones en las que predominan los colores fuertes y las imágenes llamativas. Colaboraron en la revista grandes dibujantes de la época como Arístides Rechain, Juan Sorazábal, Premiani, Parpagnoli, Pascual Güida, Lorenzo Molas, Pedro Rojas, Andrés Guevara.