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Estado natural

Arturo Álvarez Sosa

Editorial Sudamericana

Colección Poesía

1974 - 1 edición

Tapa blanda, rústica sin solapas

54 páginas

Impreso en Buenos Aires (Argentina)

 

✶ ESTADO: 9/10. Excelente estado.

Etiqueta de catalogación en lomo y desgastes mínimos. Por dentro, en excelente estado.

 

✶ CONTRATAPA:

Valiéndose de una forma métrica clásica, Arturo Alvarez Sosa ha creado una suerte de espacio ritual que le permite ordenar sus intuiciones de poeta. En virtud de una pulcra y diamantina artesanía del idioma alcanza, por momentos, la mayor libertad expresiva: las octavas reales obran como un freno sobre la deslumbrante sensualidad del autor, y de esa tensión proviene la inquietante, la rica ambigüedad de sus metáforas y símbolos. Pero el ambicioso propósito que recorre sus versos trasciende los hallazgos y halagos sonoros para proponer al lector una interpretación casi religiosa del universo y de la fuerza primordial que lo sustenta: el amor, conciliando audazmente el terreno del mito con los últimos descubrimientos de la ciencia. “Estado natural” fue finalista del premio de poesía Ocnos, 1973, Barcelona, en el que actuaron como jurados, entre otros escritores, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil Vicente, Luis Izquierdo, Pedro Ginferrer.

 

 

ARTURO ÁLVAREZ SOSA:

Arturo Álvarez Sosa nació en Tucumán el 12 de agosto de 1935. Antes de incorporarse al periodismo estudió en la Escuela de Artes y Oficios de los Talleres Ferroviarios de Tafí Viejo, donde trabajó como aprendiz y obrero hasta 1957. La formación técnica, el contacto con las máquinas y la experiencia del trabajo industrial precedieron, por lo tanto, a una poesía que con el paso de los años incorporaría la física, la química, la astronomía y la informática. Murió el 14 de enero de 2025, a los 89 años.

En 1957 comenzó a trabajar como periodista en medios tucumanos. Buena parte de su trayectoria transcurrió en La Gaceta, donde ejerció el periodismo policial, realizó entrevistas y producciones especiales, colaboró durante décadas con el suplemento literario y llegó a ocupar los cargos de jefe de Redacción y secretario general de Redacción. Entre sus trabajos periodísticos se recuerda una serie sobre el bandolero tucumano Andrés Bazán Frías, escrita con Carlos Páez de la Torre, y la cobertura del caso de objetos voladores no identificados ocurrido en Trancas en 1963. Esta curiosidad por los fenómenos que escapaban a una explicación inmediata convivió con la disciplina del cronista, para quien investigar significaba buscar datos, reconstruir acontecimientos y corregir el error antes de publicar.

Su intervención en la vida cultural tucumana no quedó limitada al diario. Entre 1963 y 1966 fue director de Cultura de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, presidió la filial local de la Sociedad Argentina de Escritores y ocupó la presidencia del Círculo de la Prensa. Durante su gestión municipal participó en la recepción de Jorge Luis Borges, que visitó Tucumán en junio de 1964 para ofrecer una conferencia sobre Leopoldo Lugones.

Álvarez Sosa también fundó y colaboró en las revistas Última Línea, Nueva Línea y Entre Líneas. La primera, codirigida con Tiburcio López Guzmán, publicó quince números entre noviembre de 1966 y enero de 1968, mientras Tucumán atravesaba el cierre de ingenios dispuesto por la dictadura de Juan Carlos Onganía. No era una revista exclusivamente literaria: combinaba información política, entrevistas y crónicas con una discusión acerca de la crisis económica y la ausencia de una conducción provincial capaz de enfrentarla. López Guzmán escribía los editoriales y Álvarez Sosa se ocupaba principalmente de las crónicas y las entrevistas. Su actividad como poeta, periodista y gestor correspondió de ese modo a una misma participación sostenida en el espacio público de la provincia.

Su primer libro fue Los frutos del tiempo, publicado en Tucumán en 1960 por el Consejo Provincial de Difusión Cultural. En las recopilaciones posteriores, una parte central de ese volumen aparece identificada como El errante, circunstancia que explica que las bibliografías alternen ambos títulos y mencionen con frecuencia El errante (Los frutos del tiempo) como comienzo de su obra. Los poemas todavía conservaban una relación reconocible con el paisaje, las frutas, los animales y el clima tucumanos, aunque esos elementos ya aparecían sometidos a transformaciones que impedían reducirlos a una poesía regional descriptiva.

Nacimiento del día, fechado según las distintas bibliografías en 1962 o 1963, estableció varias de las características que continuarían en los libros siguientes. Los poemas numerados adoptaron el endecasílabo y trasladaron su campo de referencias hacia el cosmos, sin abandonar el agua, el cuerpo ni el deseo. Sangre, lluvias, planetas y lenguaje comenzaron a formar parte de una misma materia en transformación. El cuerpo de la mujer no fue presentado como una figura exterior contemplada por el poeta, sino como el lugar donde podían percibirse los ritmos, las fuerzas y las metamorfosis del universo.

Durante once años trabajó en Estado natural, publicado en 1974. El libro reúne poemas escritos desde 1963 y organiza mediante formas regulares una visión en la que la humanidad ocupa un espacio mínimo dentro del cosmos. Las referencias al hidrógeno, la gravedad, las nebulosas o las reacciones químicas no aparecen como información agregada al poema: modifican la percepción del amor, de la muerte y del origen de la vida. En 1972 el manuscrito obtuvo el segundo lugar en el Premio Internacional de Poesía Ocnos, convocado en Barcelona. Varias notas posteriores simplificaron ese resultado y lo presentaron directamente como ganador del premio.

Cuerpo del mundo, publicado en 1979 por Sudamericana, profundizó esa relación entre forma poética y organización de la materia. El libro distribuye sus textos en bloques titulados “Tiempo”, “Espacio” y “Vida”, cuya repetición permite recorridos diferentes. La disposición de los versos sobre la página, la escasez de signos de puntuación y el uso de estructuras simétricas producen una tensión entre el orden de la composición y un universo sometido a la multiplicación y el cambio. El cuerpo puede ser leído como texto o código, mientras que el espacio y el tiempo dejan de funcionar como escenarios estables para convertirse en fuerzas que atraviesan a los amantes.

La publicación por Sudamericana hizo circular su obra fuera del campo estrictamente provincial. Rafael Felipe Oteriño recordó que conoció Cuerpo del mundo por recomendación de Alfredo Veiravé y que le llamó la atención la manera en que los versos ocupaban la página, como si su disposición también participara del significado. Oteriño vinculó posteriormente esta búsqueda con Un coup de dés, de Mallarmé: en ambos casos, el poema procura representar mediante su forma la inestabilidad del universo.

Campo de creación, de 1982, consolidó el empleo del lenguaje científico, que desde entonces dejó de ser una zona particular de algunos poemas y pasó a organizar el conjunto de la obra. Átomos, partículas, genes y galaxias intervienen en una poesía que busca establecer relaciones entre distintos niveles de la materia. La ciencia no proporciona una certeza definitiva. Sus teorías abren nuevas imágenes y, al mismo tiempo, muestran que el conocimiento se modifica junto con aquello que intenta describir.

En 1987 apareció Aguaviva, libro reconocido por el Fondo Nacional de las Artes. Está compuesto por once secciones dispuestas como una cuenta regresiva, del diez al cero. Cada una combina epígrafes tomados principalmente de textos científicos, poemas en endecasílabos fragmentados y haikus que condensan o desplazan el sentido de los textos extensos. Las citas de científicos como Fred Hoyle o Henri Laborit ingresan en un sistema donde la vida procedente de los cometas, la energía solar y el origen del universo se relacionan con una habitación, una respiración o un abrazo.

La escritura de Álvarez Sosa se apoyó en una operación constante: asignar a los cuerpos humanos las propiedades de los cuerpos celestes y describir el universo mediante el deseo, la reproducción y el erotismo. Una mujer puede ser un agujero negro, el encuentro sexual puede contraer el espacio-tiempo y una caricia puede adquirir la fuerza expansiva del Big Bang. Estas asociaciones no intentan explicar científicamente el amor. Utilizan los cambios en la imagen científica del mundo para ampliar el vocabulario disponible y construir una poesía en la que materia viva, conciencia y lenguaje proceden de una misma energía.

La singularidad desnuda, publicada en 1987 por la Universidad Nacional de Tucumán, reunió los primeros cinco libros y permitió observar esa continuidad desde Los frutos del tiempo hasta Campo de creación. El título procede de la física y designa, dentro de ciertas hipótesis, una singularidad no cubierta por un horizonte de sucesos. Álvarez Sosa trasladó esa expresión a una escritura donde lo oculto y lo visible, el conocimiento y la incertidumbre, se intercambian de manera permanente. El volumen recibió en 1989 una reseña de Lelia Madrid en la Revista Iberoamericana, una de las intervenciones críticas que situaron su obra fuera del ámbito tucumano.

Durante los años siguientes publicó Fulguraciones en 1989, RAM en 1991, En el ojo del huracán en Madrid en 1994 y Multiverso en 1999. El desplazamiento de la astronomía hacia la informática se hizo cada vez más visible. La memoria podía ser simultáneamente humana y electrónica; el código genético se relacionaba con los lenguajes de programación; las partículas, las redes y las máquinas intervenían en la construcción de la conciencia. Términos como quark, gluón, fractal, silicio, bit o hardware entraron en versos que mantuvieron el endecasílabo y el haiku, de modo que las novedades científicas convivieron con formas procedentes de tradiciones poéticas muy anteriores.

En 2006 el Fondo Nacional de las Artes publicó su Antología poética dentro de la colección Poetas Argentinos Contemporáneos. El volumen incorporó poemas de 137 y Virtual, dos conjuntos que hasta entonces permanecían inéditos o habían circulado parcialmente. En ellos, la física cuántica, la inteligencia artificial y la autonomía posible de las máquinas ya no pertenecen a un porvenir remoto. Virtual llega a plantear que las computadoras, todavía más simples que el cerebro, podrían independizarse de los seres humanos, mientras la poesía intenta determinar qué queda del cuerpo y del deseo dentro de un mundo convertido en información.

Tu cuerpo es el mundo, publicado por Quinqué en Buenos Aires en 2010, reorganizó materiales de Virtual, 137 y RAM. El proyecto había llevado durante su elaboración el subtítulo Fábula del Ciborg y Galatea, aunque algunos registros bibliográficos lo deformaron como Fábula de Polifemo y Galatea. El cíborg, definido por la combinación de materia viva y dispositivos electrónicos, le permitió reunir el mito de Galatea con la modificación tecnológica del cuerpo. Los poemas conservan el endecasílabo sin rima y se cierran con haikus que funcionan como concentración, contrapunto o traducción interna del texto precedente.

La Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán preparó El cuerpo cósmico. Poesía reunida dentro de su colección Metáforas, dirigida a reconstruir una biblioteca de la literatura tucumana. Arantxa Laise realizó la compilación a partir de libros, manuscritos y conversaciones con el autor. El volumen lleva fecha editorial de 2019, fue presentado inicialmente de manera virtual en 2020 y tuvo una nueva presentación pública a fines de 2021, razón por la cual esos tres años aparecen alternativamente asociados con su publicación.

La compilación abarca desde El errante (Los frutos del tiempo) hasta Virtual y permite seguir una escritura desarrollada durante más de cuatro décadas. El criterio no fue reunir todos los aspectos de su actividad pública, sino concentrarse en el poeta y en su arte poética. Quedaron fuera las crónicas periodísticas, las entrevistas, la correspondencia y otros materiales conservados en su archivo personal.

Álvarez Sosa mantuvo vínculos con escritores de distintas generaciones, entre ellos Juan José Hernández, Alejandra Pizarnik, Alfredo Veiravé, Edgar Bayley y Hugo Foguet. Este último lo convirtió en “Arturito”, uno de los personajes de Pretérito perfecto, novela que incorpora la vida intelectual tucumana dentro de su trama. Su relación con Foguet también continuó a través del periodismo y de textos críticos dedicados a su obra.

Aunque permaneció ligado a Tucumán durante toda su vida, su poesía no se organizó alrededor de una identidad regional cerrada. Formó parte de la renovación literaria que siguió al grupo La Carpa, pero desarrolló una dirección difícil de asimilar a otros poetas argentinos de su generación. El paisaje del primer libro se expandió hacia un sistema en el que convivían el cuerpo, la materia, las máquinas y las galaxias. Su obra no empleó la ciencia como un repertorio de palabras extrañas ni como sustituto de la imaginación: encontró en cada modificación del conocimiento científico una posibilidad de transformar la forma del poema y de volver a preguntar por el origen de la vida, la conciencia y el deseo.